Un insólito y frustrante robo ocurrió durante la madrugada de este martes en la localidad bonaerense de Lanús.
Un delincuente entró a robar a una reconocida fábrica de pastas de la zona, fue cercado por la Policía tras la activación de las alarmas, pero, tras un insólito cruce de palabras con los efectivos desde las alturas, logró escaparse caminando por los techos sin poder ser detenido.
El escenario del hecho fue la casa de pastas y comercio gastronómico “Mr. Aurora”, situado en la intersección de las calles Magallanes y San Martín.
Alrededor de las dos de la mañana, tres delincuentes comenzaron a merodear el frente del establecimiento. Tras evaluar los accesos, uno de ellos logró trepar y meterse en el interior de la propiedad a través del sector de los techos.
A pesar de que el ladrón cortó el suministro eléctrico de la fábrica de pastas con el objetivo de anular los sistemas de seguridad, los dispositivos sonaron de inmediato.

El sistema de alarma se disparó ruidosamente y un dispositivo de contramedida comenzó a inundar de un espeso humo el salón de ventas y producción, atrapando momentáneamente al delincuente.
Al percatarse de que la situación se había salido de control, los dos cómplices que esperaban afuera en rol de “campana” escaparon corriendo del lugar.
Sin embargo, el delincuente que se encontraba adentro quedó acorralado por la densa humareda y se vio forzado a salir hacia la parte superior del inmueble.
Una demora insólita y discusión desde el techo
Los propietarios de “Mr. Aurora” expresaron su profunda indignación por el accionar de las fuerzas de seguridad.
Según denunciaron, el patrullero tardó casi una hora en arribar al lugar, a pesar de que la alarma estuvo sonando de manera ininterrumpida.
Los damnificados expresaron con crudeza que la policía tardó mucho en llegar y que viven con un miedo constante, remarcando que todos los comerciantes de la zona están luchando día a día porque las ventas están muy bajas y no están en condiciones de perder absolutamente nada.

Cuando finalmente llegaron los policías —testigos afirmaron que se hicieron presentes entre cuatro y seis patrulleros en total—, la cuadra quedó completamente iluminada por las balizas.
En ese instante, los playeros de una estación de servicio lindera y varios vecinos que se habían asomado comenzaron a gritarles y señalarles el lugar exacto donde se escondía el sospechoso, quien estaba agazapado arriba del techo de la fábrica de pastas.
Lo que siguió rozó el absurdo y quedó registrado tanto por los domos municipales como por cámaras privadas.
Lejos de entregarse, el delincuente comenzó a insultarse con los efectivos que se encontraban apostados en la vereda y el asfalto.
Los efectivos le ordenaban a los gritos que depusiera su actitud y bajara, pero la conversación se dilató sin que se tomaran medidas operativas concretas de captura o de bloqueo perimetral.
Aprovechando la falta de coordinación y la llamativa inacción de los uniformados para trepar de inmediato o cubrir los posibles puntos de fuga, el delincuente se desplazó con agilidad por las cubiertas de las propiedades linderas y se perdió de vista en la oscuridad de la manzana, burlando el megaoperativo que miraba desde abajo.
Los dueños señalaron que, bajo la modalidad de “entraderas nocturnas”, los delincuentes ya les han sustraído en lo que va del año sumas de dinero en efectivo, monitores, balanzas comerciales y herramientas esenciales de producción.
