Caminar parece automático, pero pequeños desajustes en la postura o en la pisada pueden generar molestias que el cuerpo empieza a marcar con señales bastante claras. El problema es que muchas veces se normalizan y se dejan pasar.
El dolor frecuente en pies, tobillos o rodillas es una de las primeras alertas. Si aparece incluso después de caminatas cortas, puede estar indicando una pisada inadecuada o calzado poco apropiado.

Otra señal común es el cansancio desproporcionado: sentirse agotado luego de trayectos simples puede estar relacionado con una mala distribución del peso corporal al caminar.
Las molestias en la zona lumbar o en la espalda alta también suelen estar asociadas a una postura incorrecta. Hombros encorvados, cuello adelantado o rigidez al moverse afectan la forma de caminar más de lo que parece.

El desgaste irregular del calzado es otra pista clave; cuando las zapatillas se gastan siempre del mismo lado, el cuerpo está compensando de manera desigual. Incluso la respiración puede verse afectada, ya que caminar encorvado reduce la capacidad pulmonar y hace que el cuerpo se canse más rápido.
