Esa noche lluviosa el país se conmovió cuando el joven santafecino de orígenes humildes y de ascendencia mocoví venció por nocaut, en el duodécimo asalto, al campeón italiano en el “Palazzo Dello Sport” de Roma. Monzón llegó a la oportunidad de disputar la categoría a nivel internacional por gestión de Tito Lectoure quien había organizado una campaña para el boxeador en el Luna Park, en la que obtuvo varios triunfos trascendentes.

Fueron innumerables las gestiones personales y llamados telefónicos de Lectoure ante el manager de Benvenuti, Bruno Amaduzzi, para concretar la pelea, hasta que finalmente cedió a las presiones y decidió el desafío. De sus 80 combates oficiales, Monzón había perdido apenas tres, sin embargo, la mayoría de los especialistas y periodistas de boxeo no creían en él y descontaban que en Roma iba a ser aniquilado por Benvenuti.
Ninguna de las radios líderes de entonces quería comprar los derechos para transmitir desde Roma porque sus gerentes de programación creían que iba a ser un verdadero papelón del argentino. Nino Benvenuti ostentaba la corona universal de peso medio desde el 4 de marzo de 1968 al apoderarse, en el Madison Square Garden, del cetro que, hasta ese momento, pertenecía a Emile Griffith.
El entrenador de Monzón, Amílcar Oreste reconoció que su pupilo no la pasó nada bien en el ring, al punto tal que tuvo que insultarlo, por primera vez, como último recurso para motivarlo.En el duodécimo round y tras recibir una devastadora derecha Giovanni Benvenuti quedó derrumbado en un rincón neutral del ring, mientras escuchaba aturdido el conteo del árbitro alemán Rudolf Durst que decretaba el fin de la pelea y el triunfo de Carlos Monzón por knock out.


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