El foco de tensión que el Gobierno menos deseaba

Claudio Jacquelin

El paraíso económico que suelen pintar Milei y sus funcionarios es considerado por muchos obispos como un purgatorio para la mayoría de los argentinos

“Vine a darle ‘la Buena Noticia’ que hará feliz a todo el pueblo argentino. Solo resta definir la fecha, qué linda primavera!”, se jactó, el 22 de mayo pasado, el canciller Pablo Quirno, a través de sus cuentas en las redes sociales, después de haberse reunido con el Presidente en la residencia de Olivos. Cuatro meses y medio después la alegría no es tal en el Gobierno y la primavera se presenta inusualmente tormentosa.

La “buena noticia” −el anticipo de la visita del Papa a la Argentina, que se producirá justo dentro de 30 días− se transformó en uno de los más inesperados y menos queridos focos de tensión para la Casa Rosada, a pesar de que los motivos que lo alimentan eran y son demasiado previsibles.

Todo se debe a los reiterados señalamientos críticos sobre la realidad social y económica de buena parte de la sociedad, así como respecto del clima de confrontación en la esfera pública, expresados por los obispos argentinos, empezando por el titular del Episcopado, Marcelo Colombo, pero, especialmente, los del arzobispo porteño Jorge García Cuerva, sobre quien pesan los enojos más potentes (para ser suaves).

El paraíso económico que suelen pintar Milei y sus funcionarios es considerado por muchos prelados como un purgatorio para la mayoría de los argentinos (en el mejor de los casos) y como un infierno para muchos, en coincidencia con lo que están mostrando varias encuestas y trabajos cualitativos. Muy inoportuno para el Gobierno.

Por eso, el malestar en las altas esferas del oficialismo no deja de crecer, pero como saben que un enfrentamiento directo puede tener un alto costo social y político, las principales figuras del Gobierno, empezando por el Presidente, han hecho un voto de silencio y tolerancia que no tiene precedente. En tanto, la Iglesia ha enviado algunas señales para bajar la intensidad, aunque sin desdecirse de nada de lo que molesta al Gobierno, justo cuando su voz encuentra la mayor audiencia en mucho tiempo y es amplificada como pocas veces, ante la inminencia del viaje papal.

Por eso, el único que salió a cuestionar de lleno a García Cuerva hace una semana fue el director del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) Felipe Núñez, cuyos desempeños más notorios no se dan en este terreno sino como comunicador y propagandista del equipo económico que conduce Luis “Toto” Caputo, quien transita esta situación entre la confusión y la indignación que lo suele caracterizar, como ferviente católico de la vieja escuela y responsable de las políticas cuyos efectos negativos la Iglesia subraya.

Sin embargo, Núñez no actuó como un libre pensador o un corredor solitario, cuando posteó: “Como católico estoy cansado de este tipo. Menos política y más predicar la palabra de Dios, Cuerva”. Su aireada y deliberadamente descomedida reacción contra el arzobispo porteño no solo fue retuiteada en las redes por Toto Caputo. Altes fuentes de la Casa confirmaron que no hubo espontaneidad alguna en esa publicación.

“Alguien tenía que salir a marcarle la cancha, la veníamos llevando bien, pero no paran de empiojar las cosas y complicarla sin necesidad”, admitió con manifiesta irritación una alta fuente que responde a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y que participa en nombre del Gobierno de las reuniones de coordinación con la Iglesia para organizar la visita del Papa.

Para que no quedaran dudas sobre a quién se refería, Núñez publicó su ataque como respuesta a un tuit que reproducía declaraciones de García Cuerva, en las que entre otras cosas afirmaba: “El Papa se va a encontrar con una Argentina herida, dividida (…) donde la descalificación está a la orden del día”. (…) Una Argentina donde duele un porcentaje muy grande de hermanos que la están pasando mal”.

Un búmeran

Desde la Casa Rosada no se contentaron con enviar a “un cusquito para que ladrara en público”, como calificó la salida de Núñez un veterano político hoy incorporado al mileísmo gobernante. Al mismo tiempo, el Gobierno realizó maniobras para intentar encapsular las críticas en García Cuerva y tratar de meter una cuña en la cúpula eclesiástica, con la intención de aislarlo. Una jugada audaz.

“Estamos fortaleciendo el vínculo con Colombo, que es mucho menos combativo que García Cuerva y que otros obispos, que son filoperonistas, para que les baje el tono o para contrarrestarlo con un mensaje más moderado”, había dicho hace unos días a LA NACION un estrecho colaborador del Presidente y de su hemanísima en referencia al arzobispo de Mendoza y titular del Episcopado.

“Está claro que no conocen a la Iglesia y, sobre todo, que no conocen a la Iglesia argentina que diseñó el papa Francisco. No hay ninguna posibilidad de generar una discordia o una división entre Colombo y García Cuerva. Sobre todo porque, además de que la relación entre ellos es muy estrecha, lo que dicen los obispos es el mensaje pastoral de la Iglesia, que encarnó Bergoglio y que encarna León XIV”, explicó un prelado que ocupa un rol clave en la organización de la inminente vista papal. La cuña se volvió búmeran.

La incomodidad en la cúpula eclesiástica argentina es inocultable en estos días y excede largamente a las figuras de Colombo y García Cuerva, cuyos pronunciamientos han sido seguidos por varios de similar tenor enunciados por otros obispos y destacados sacerdotes en todo el país. De todas maneras, la cúpula eclesiástica ha decidido en los últimos días hacer algunos gestos de distensión para evitar que una escalada afecte la visita del Papa.

Los conductos para limar el conflicto son las ministras de Capital Humano, Sandra Pettovello, con quien García Cuerva “tiene WhatsApp abierto todo el tiempo”, y su par de Seguridad, Alejandra Monteoliva. En un gesto de buena voluntad desde el arzobispado porteño incluyen como interlocutora a Karina Milei, aún cuando la delegada de la hermanísima en el comité de organización de la visita, la experta en eventos Mara Gorini, ha tenido algunos arrebatos y protagonizado algunos cortocircuitos con su contraparte eclesiástica.

Para tratar de bajar tensiones, a través del trío de interlocutoras se hizo llegar a la Casa Rosada la aclaración de que el arzobispo de Buenos Aires “no tiene nada contra Milei y su gobierno, en particular. Él dice lo mismo que siempre ha dicho la Iglesia y no se refiere solo a lo que pasa en la actualidad sino a situaciones que vienen de hace tiempo en el país. Jorge no acusa a una gestión en particular. Como pastor interpela a los gobernantes por la situación de la sociedad y, sobre todo, de los más vulnerables”, destacó un estrecho colaborador de García Cuerva.

Lo cierto es que a la jerarquía de la Iglesia no le resultaron imprevisibles las reacciones públicas y privadas del oficialismo, sino más bien todo lo contrario. Sí le molesta que acusen a los prelados de politizar la visita del Papa.

“Cómo nos va a sorprender que se irritaran tanto si solo están repitiendo un patrón de conducta que han impuesto en la esfera pública argentina desde hace tres años. Pero es una pena y trataremos de que no escale, aunque sin dejar de decir lo que tenemos que decir como pastores. Es lo mismo que fue dicho por León XIV recientemente en Francia, porque él habla para todo el mundo”, afirmó un importante colaborador del arzobispado.

Nada más previsible

Los desencuentros, de cualquier manera, no podían haber sido más esperables. Por eso, para muchos lo que es llamativo es que en la Casa Rosada se hayan sorprendido y, en consecuencia, se enojen por lo que dicen los obispos, en lugar de haber diseñado una estrategia de contención y reducción de daños inevitables. La Iglesia tiene su eje ordenador más terrenal en la doctrina social que está en las antípodas del libertarianismo individualista que Milei profesa y predica como un profeta.

A ese posicionamiento atemporal debe sumarse que Robert Prevost al elegir el nombre para su papado se impuso ser el sucesor de León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum, donde se establecieron bases y principios de esa doctrina social de la Iglesia para denunciar y llamar a poner límites a los abusos que a fines del siglo XIX estaba generando la segunda revolución sobre los trabajadores, los niños y las mujeres.

Tales definiciones tienen una línea recta de continuidad en la primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, firmada el 15 de mayo de este año. Justo una semana antes de que el canciller Quirno se ufanara de haberle ido a llevar a Milei “la buena noticia que hará feliz a todo el pueblo argentino” y que en estos días le genera al Gobierno más preocupaciones que felicidades. Mientras crece el fervor entre los creyentes y aumenta la expectativa más allá de la feligresía.

En su defensa, Quirno podría esgrimir que desconocía cuán comprometido estaba el Papa con las ideas de su homónimo antecesor, ya que Magnifica Humanitas se publicó el 26 de mayo, cuatro días después de su visita a Olivos. Aunque ya se sabe que en derecho nadie puede alegar su propia torpeza. La elección del nombre y su trayectoria eclesiástica, así como su promoción por parte de Francisco deberían haberle advertido cuál sería su posicionamiento en cuestiones terrenales.

La sombra de Bergoglio

La figura del Bergoglio, por otra parte, vuelve a resonar e incomodar. No por el ya perdonado y prescripto ataque de Milei a Francisco, al que llamó “el representante del maligno en la tierra”, sino por el eco que trae su voz incómoda para los gobernantes de turno. Y mucho más por el perfil que le dio en su papado a la Iglesia Católica en general y, en particular, a la Iglesia argentina.

La mayoría de los obispos creados están signados por su compromiso social, en particular, con los más desfavorecidos. Son lo que él llamó “los pastores con olor a oveja”. Otra disonancia conceptual con Milei, que apenas llegó a la Presidencia, dijo: “Yo no vengo a guiar corderos, sino a despertar leones”.

De cualquier manera, no se trata para el Gobierno de una discusión conceptual o teórica sino de un conflicto con efectos muy concretos. Eso es lo que le preocupa.

El deterioro del clima social está en línea con el impacto negativo en la economía personal de gran parte de los argentinos, como reflejan los indicadores oficiales, entre los que se destaca la destrucción de empleo formal, el cierre de empresas, el endeudamiento y la morosidad.

De eso hablan los obispos y se descuenta que los resultados no deseados del “fenómeno barrial”, que Milei se jacta de protagonizar será amplificado al mundo entero por la prédica León XIV durante su visita al país, aunque su mensaje no se detenga en particularidades locales y tenga carácter universal, como se encargan de resaltar en la Iglesia.

La expectativa en la sociedad argentina despertada por la llegada del Papa, que sorprende incluso a la cúpula eclesiástica argentina y no es desconocida por el Gobierno, alienta la preocupación en la cúpula mileísta.

El mensaje papal podría ser el catalizador, con derivaciones impredecibles de un descontento que hoy no tiene puntos de convergencia en la política argentina. Demasiado para el comienzo del año electoral. Por eso, para Milei la tensión con la Iglesia es la menos deseada.

Claudio Jacquelin
lustración: Alfredo Sábat
Fuente:  https://www.lanacion.com.ar