El obispo auxiliar de Quilmes fue nombrado obispo de la Diócesis de Avellaneda-Lanús

El Papa Francisco nombró al obispo auxiliar de Quilmes, Marcelo Julián «Maxi» Margni, obispo de la Diócesis Avellaneda-Lanús, informó el obispo Carlos Tissera.

“Me alegro profundamente que, desde ahora, puedan ser acompañados en el seguimiento de Jesús, como discípulos misioneros, por este nuevo pastor que ha sido mi obispo auxiliar, verdadero hermano y amigo. La Iglesia de Quilmes, nacida del seno de la Iglesia de Avellaneda hace 45 años, tiene el gozo de entregar a unos de sus hijos para que presida en la caridad esa porción del pueblo de Dios”, señaló Tissera en un comunicado.

“Agradezco, en nombre de toda la Diócesis, al padre obispo Maxi su entrega alegre y entusiasta durante su vida sacerdotal y, especialmente, en estos fecundos años de servicio episcopal. Extrañaremos hondamente su compañía fraternal y cordial”, añadió.

“Querido Maxi, ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Siempre la Iglesia de Quilmes será la madre que te vio crecer. Estarás siempre presente en el corazón de su pueblo. Fuiste ordenado obispo el día de la fiesta del Santo Cura Brochero; que él te ayude a ser feliz «entreverado» en la vida de los pobres”, agregó Tissera. 

Por su parte, el obispo Maxi expresó en su primera comunicación a su flamante Diócesis: “Hace pocos días recibí el pedido del Papa Francisco de ser obispo de esta Diócesis de Avellaneda-Lanús, destino que acepté con asombro y gozo. No esperaba esta designación. Los últimos años, en los que he acompañado como obispo auxiliar a Carlos Tissera, me han regalado una experiencia valiosa de fraternidad episcopal, e imaginaba finalizar junto a él su servicio pastoral en Quilmes durante los próximos cinco años. Pero me siento honrado por la confianza del Papa y asumo esta misión con alegría y humildad, consciente de mis límites en esta hora desafiante de la historia”.

“Pronto nos iremos conociendo más y mejor, pero me gustaría compartirles algo de mi historia que me hace sentir de algún modo ya unido a ustedes. Mis nonnos, abuelos maternos, con mi mamá de 9 años y su pequeño hermano, vinieron de Italia y se asentaron muy pronto en una zona aún no demasiado poblada, en Villa Domínico, casi a la mitad del camino que une Avellaneda con Lanús. Mi familia paterna ya estaba asentada en Quilmes y Berazategui desde hacía muchos años. Mis padres se conocieron y formaron su hogar en Berazategui, y allí crecí junto a mis dos hermanos.

Pero estas tierras de Avellaneda son una parte imborrable de las memorias de mi infancia. Mi hermana melliza y yo nacimos en el Hospital Fiorito y fuimos bautizados en la Parroquia Nuestra Señora de Loreto, de Sarandí. Cada domingo de mi niñez fue celebrado en casa de los nonnos en Villa Domínico, y todas las fiestas navideñas, en Wilde, junto a mi familia materna. Esa mesa grande y poblada de abuelos, tíos y primos, fue el territorio natural en que crecí; su solo recuerdo me emociona y me hace feliz. Siento, entonces, que de alguna manera vuelvo a una tierra que no me es ajena y que amo, y que me recibe de nuevo, cálida, hospitalaria y fraterna”, relató.

“Vuelvo desde el límite sur del conurbano bonaerense, en el que creció y fue madurando mi fe, la misma fe que profeso cada día y se ha convertido en mi única pasión y mi causa. Siento una profunda gratitud hacia la Iglesia diocesana de Quilmes, de la que soy parte hasta hoy y de la que me siento hijo”, agregó Margni. 

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