El quiebre de los Milei: cómo se gestó la caída de Adorni y la transición hacia una nueva etapa del Gobierno

La salida de Manuel Adorni del Gobierno no fue una decisión repentina. Fue el desenlace de una crisis que venía escalando desde hacía meses, pero que encontró su punto de quiebre definitivo el jueves, cuando en la Casa Rosada se impuso una conclusión que hasta entonces muchos resistían: sostener al jefe de Gabinete ya se había vuelto políticamente inviable.

Ese día cambió el clima interno del oficialismo. Hasta entonces, Javier Milei y Karina Milei mantenían la decisión de respaldar a Adorni pese al creciente desgaste. Sin embargo, la combinación entre presión judicial, parálisis legislativa y desgaste personal del funcionario terminó alterando el equilibrio.

En Balcarce 50 reconocen que hubo dos factores centrales. El primero fue el deterioro político de Adorni tras meses de revelaciones sobre gastos, consumos y crecimiento patrimonial incompatibles con el discurso de austeridad que defendía públicamente. El segundo fue la creciente dificultad del Gobierno para sostener su agenda legislativa con el jefe de Gabinete convertido en el principal blanco opositor.

El Senado fue el gran termómetro del cambio. Dentro del oficialismo comenzó a imponerse la idea de que cualquier intento de avanzar con proyectos sensibles terminaría inevitablemente condicionado por pedidos de interpelación y mociones de censura contra Adorni.

Ese diagnóstico fue clave para Karina Milei. Según distintas fuentes del oficialismo, dirigentes con fuerte conocimiento del frente legislativo le transmitieron que la situación se había transformado en una encerrona política. El mensaje fue directo: el Congreso comenzaba a frenarse por completo.

A partir de allí, el escenario cambió drásticamente.

También pesó el estado anímico del propio Adorni. Funcionarios que compartieron reuniones con él en los últimos días lo describen como un dirigente visiblemente afectado por la presión. Aunque intentaba transmitir normalidad, puertas adentro su desgaste era evidente.

“No daba más”, resumen en el oficialismo.

En paralelo comenzó a consolidarse el esquema de transición. El nombre que rápidamente emergió para reemplazarlo fue el de Diego Santilli. La opción fue promovida por Karina Milei y encontró consenso en el entorno de Santiago Caputo.

Santilli aparece como una figura de equilibrio dentro del oficialismo: con diálogo político, capacidad de negociación y vínculos con gobernadores, intendentes y actores legislativos. En la Casa Rosada consideran que esa capacidad será clave para descomprimir tensiones y reconstruir puentes institucionales.

En paralelo, también avanza una reorganización interna que daría mayor peso a la Vicejefatura de Gabinete. En ese esquema gana espacio Ignacio Devitt, hombre con llegada tanto al karinismo como al círculo de Caputo.

El viernes fue determinante. Mientras Milei regresaba desde España, en Buenos Aires Karina aceleró reuniones y comenzó a cerrar la transición. Para entonces, la salida de Adorni ya era un hecho.

El Presidente, sin embargo, buscó hasta último momento que la despedida fuera ordenada y sin ruptura política. La prioridad de los hermanos Milei fue preservar el vínculo con un funcionario al que consideran leal y parte del núcleo histórico del proyecto libertario.

Pero el costo político de sostenerlo se había vuelto demasiado alto.

La caída de Adorni marca mucho más que la salida de un funcionario. Expone el primer gran replanteo interno del gobierno libertario y revela un cambio en la lógica de poder de la Casa Rosada.

Por primera vez desde el inicio de la gestión, los Milei se vieron obligados a retroceder frente a una crisis política que ya no podían contener solo con respaldo personal y confrontación discursiva.

La nueva etapa comienza con una prioridad clara: recuperar gobernabilidad, bajar tensión política y evitar que la crisis de Adorni deje secuelas más profundas dentro del oficialismo.