La revolución digital desarrollada entre las últimas décadas del siglo XX y las primeros decenios del siglo XXI trajo como novedad un nuevo modo de producción que se enmarca dentro de la fase actual del capitalismo, pero que opera de forma similar al sistema feudal que hegemonizó el último tramo de la Edad Media. Se trata del llamado “tecnofeudalismo”, el cual no se inscribe en la totalidad de nuestra vida diaria pero si la atraviesa en forma creciente a través de las redes sociales y las bases de datos en la tecnología de la nube, que está en manos de unas pocas grandes corporaciones como Meta, Amazon, Apple y Microsoft, entre otras.
El tecnofeudalismo es un concepto que se basa en una comparación con el sistema feudal histórico, pero que se adapta a la actual era digital y la economía globalizada. En el feudalismo tradicional, la estructura social estaba claramente jerarquizada, con señores feudales que poseían la tierra y siervos o campesinos que trabajaban en ella a cambio de protección y una parte de la producción. En ese marco, se creaba una dependencia directa de los siervos hacia los señores, quienes por medio de su poder privado controlaban la economía, política y sociedad de la Edad Media.
En la actualidad, el tecnofeudalismo se dota de una estructura similar en la que las Big Tech cumplen el papel de los señores feudales y controla los territorios digitales básicos como los datos y las plataformas en línea, las cuales se presentan cada vez más preponderantes en la economía y sociedad contemporáneas. Los usuarios de estas tecnologías, que componen cada vez un sector más mayoritario de la población mundial, se asemejan a los siervos del feudalismo al depender de dichas plataformas para una variedad cada vez más amplia de actividades cotidianas, las cuales van desde la comunicación y el consumo hasta el trabajo y el ocio.
Modus operandi
En este marco, las Big Tech no solo concentran poder por medio de la acumulación de capital, pues también lo hacen via el control de la información y los recursos digitales, lo que les allana el camino para influir de forma creciente en la economía capitalista y en la política. Estas grandes corporaciones, como Meta, Amazon, X, Apple, Microsoft y otras, como Mercado Libre/Mercado Pago en el caso de nuestro país, al igual que los señores feudales en su tiempo, tienen el poder de influir en la vida de los usuarios de los servicios que ofrecen ya sea por el dictado de las condiciones de uso de los mismos o la recopilación y utilización de datos personales, algo que muy a menudo se da en forma opaca y nada transparente, sin el consentimiento de los usuarios.
Este modo de producción en la nube de unos pocos magnates pone de relieve una reducción de la movilidad social y económica similar a la del feudalismo medieval, pues la concentración de la propiedad de medios digitales en pocas corporaciones limita la competencia y la innovación, también crea barreras para el ingreso de nuevos actores y restringe oportunidades para pequeñas y medianas empresas o para emprendedores, que terminan dependiendo de las plataformas de estos nuevos señores feudales para ofrecer sus propios servicios, en una suerte de arrendamiento en la nube.
Teóricos detrás del término
Los principales teóricos que han identificado y dado contorno a este modo de producción son los economistas Yannis Varoufakis y y Cedric Durand.
Varoufakis argumenta que las tecnologías digitales facilitan una nueva forma de capitalismo que se distancia del neoliberalismo, en la que las Big Tech acumulan poder no solo por medio del capital sino a través del monopolio de los flujos de información y datos. Esta dinámica, asevera, representa una amenaza para la democracia y la soberanía de los estados, ya que estas grandes corporaciones operan más allá de las regulaciones nacionales.
Durand, por su parte, coincide en que la actualidad se caracteriza por una transición del capitalismo neoliberal a una forma de feudalismo tecnológico, en el que el poder económico se concentra en unas pocas corporaciones tecnológicas que logran una posición dominante no solo en la economía sino en el plano informativo y tecnológico, ese dominio les da una capacidad inédita para influir sobre la sociedad y la política de las naciones.

Qué hacer frente al tecnofeudalismo
Frente a esta dinámica que atraviesa e influye en forma creciente la vida de la humanidad aparece la necesidad de formular propuestas para buscar una distribución más equitativa de los beneficios que estas grandes corporaciones tecnológicas obtienen, como por ejemplo puede ser el desarrollo de un sistema tributario que no solo exija un pago acorde al poder económico que acumulan sino que también fomente una mayor equidad social.
Aquí aparecen medidas como un impuesto sobre los beneficios extraordinarios que las Big Tech obtienen a partir de los contenidos y datos que la gente genera dentro de sus parcelas en la nube. Este tributo pone el foco en capturar una parte de los beneficios que estas empresas obtienen gracias a su posición dominante en el mercado, y pone de manifiesto la idea de que ese poder y beneficios que obtienen va acompañada de una mayor responsabilidad fiscal.
Otras propuestas son el impuesto a la renta digital que se aplicaría a los ingresos generados por la venta de datos, la publicidad en línea y otros servicios digitales, la reforma en la asignación de derechos impositivos para que los impuestos se paguen en los países donde las Big Tech generan valor, no solo donde tienen su sede física o legal, o bien la implementación de una tasa impositiva global mínima para las corporaciones tecnológicas, lo cual requeriría una cooperación internacional sólida.
