HUMOR POLÍTICO: COMEDIAS INFAMES DE NUESTROS MUNDIALES

Para este Mundial el gobierno inventó una manipulación política mucho más original que las habituales: todo triunfo es del kirchnerismo y todas las derrotas son culpa del Gato.

Alejandro Borensztein

Si algo le faltaba al gobierno del General Onganía para derrumbarse después del Cordobazo de 1969, fue que Cachito Ramírez desbordara por la izquierda, pegadito a los viejos palcos de la Bombonera, y clavara los dos goles con los que la selección de Perú eliminó a la Argentina y le impidió jugar el Mundial de México 1970. El penal del tucumano Albrecht y el empate sobre la hora con un gol maradoniano de “Toscanito” Rendo no alcanzaron. Aquella tarde, para clasificar, había que ganar. Así fue como Argentina se quedó afuera en las eliminatorias y no jugó el primer mundial que se televisó en vivo y en directo para todo el planeta. Para muchos, el mejor mundial de la historia. Lo terminaron ganando los que, según Alberto, “salieron de la selva” con un equipo que jugaba con cinco delanteros: Jairzinho, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelino. Nunca se vió nada igual. De todos modos, es difícil creer que un triunfo contra Perú hubiese cambiado la suerte de Onganía.

 

Sin embargo, los gobiernos no aprenden la lección y siguen intentando manipular el fútbol para sacar provecho, sobre todo en los mundiales. Sucede acá y en todas partes, pero a nosotros nos importa acá. La única excepción fue Don Raúl, como siempre. Ya llegaremos a él.

 

El siguiente mundial fue en Alemania y clasificamos ganándole a Paraguay 3 a 1 en la Bombonera con dos goles del Ratón Ayala y uno de Guerini, gran puntero de Boca. Corría 1974 y el quilombo peronista estaba en su mejor momento: Montoneros, Triple A, Perón enfermo, se venía Isabelita, López Rega, no faltaba nada. Todo hermoso.

 

De milagro pasamos la fase de grupos y en la segunda instancia (en esa época no había llaves sino que se jugaban con una segunda fase de grupos), nos goleó Holanda 4 a 0 con dos goles de Cruyff, nos ganó Brasil 2 a 1 y el tercer partido dicen que lo empatamos 1 a 1 contra Alemania Oriental. Digo “dicen” porque ese partido nunca lo vimos. Dos días antes había muerto el Gral. Perón y el estricto duelo decretado por el gobierno de Isabel impidió la transmisión del match. No lo pasaron ni en diferido, ni una semana más tarde, ni nunca más en la vida.

 

Dato político de Alemania 1974. En esa época había dos Alemanias. La Occidental (democrática y feliz) y la Oriental (kirchnerista y amarga). Quiso el destino que ambas se enfrentaran en la primera fase de grupos. La Alemania Occidental, que terminaría ganando aquel Mundial, perdió 1 a 0 contra la Alemania Oriental en un partido histórico. Fue uno de los pocos gustos en vida que se dieron los comunistas. Mientras retornaban felices a su dictadura le cantaban a los occidentales “mirá, mirá, mirá, sacale una foto, se vuelven en Mercedes con el culo roto”.

 

Del Mundial 78 mejor ni hablemos. Locura colectiva difícil de explicar. Un país festejando mientras los Falcon verdes sin chapa circulaban por todos lados. Videla se dio el lujo de entregar personalmente la Copa ante los ojos del mundo, como si fuera Churchill. Ese día, la dictadura creyó que se quedaba para siempre. Afortunadamente calcularon mal y terminaron todos en cana.

 

No contentos con la manipulación del 78, para el siguiente mundial de España 82 hicieron una peor. Por ser el último campeón, Argentina debía jugar el partido inaugural contra Bélgica que, en ese entonces, era un equipo menor. Dirigidos por Menotti con Kempes, Maradona, Passarella y Ramón Díaz, parecíamos invencibles. Eso mismo pensó Galtieri cuando decidió la fecha de la rendición en Malvinas: “El domingo le ganamos a los belgas y el lunes nos rendimos lo más panchos en el medio de la euforia futbolera, así el tema pasa desapercibido y chau”. Por eso la dictadura eligió esperar hasta el lunes 14 de junio de 1982 para sacar la bandera blanca. El problema fue que el domingo 13 perdimos 1 a 0 contra Bélgica y el plan de Galtieri falló, una vez más.

 

Dato al margen: el viernes 11 de junio de 1982 llegó al país Juan Pablo II, el sábado 12 dio una misa en la Avenida Del Libertador y se volvió de apuro a Roma, el domingo 13 perdimos el partido inaugural del mundial y el lunes 14 nos rendimos en Malvinas. Lindo finde.

 

En 1983 salió el sol y la primavera alfonsinista ligó el mejor momento de nuestra historia futbolística: el título en México 86 y la epopeya de Maradona. Pudiendo capitalizar todo para él, como lo hubieran hecho sus antecesores y sucesores, Don Raúl se corrió de la escena para no ser un Figuretti más de la política argentina. Para la final en el Azteca mandó a su ministro Conrado Storani (padre de Fredy), quien quedó inmortalizado en la histórica foto de Diego recibiendo la Copa del Mundo.

 

Cuando los jugadores llegaron al país fueron directo a la Casa Rosada, sin cámaras. Luego salieron al balcón a saludar frente a una Plaza de Mayo estallada. Don Raúl se quedó adentro. No quiso aprovechar para subirse a la euforia. ¿Se imaginan a cualquiera de los actuales ante la misma situación? Por ejemplo, Massa. O Alberto. O el Gato. De Cristina ni hablemos porque ya la vimos en acción en el Mundial de 2014.

 

Siguiendo el hilo, después de México 86 vino Italia 90. ¿Se la iba a perder el presidente Menem? De ninguna manera. Allá fue el turco a robar cámara en Milán para el partido inaugural de Argentina campeona del mundo, con Diego, Caniggia y Ruggeri, enfrentando al modesto Camerún. Pan comido habrá pensado Menem como pensamos todos (igual que el martes pasado contra Arabia). Perdimos 1 a 0 y al pobre Menem nunca más lo dejaron pisar un estadio. De ahí la famosa mano en la bragueta de Néstor mientras el turco juraba como senador delante de él. Cuando los peronistas son crueles no hay peores.

 

Los mundiales que siguieron no dieron para sacar rédito político, hasta que llegó Brasil 2014. Equipazo y subcampeones del mundo. Cristina no fue a la final porque la pensó bien. Podrán perdonarle Los Sauces, Hotesur y Nisman pero una final del mundo perdida en el Maracaná con Ella en la platea hubiera sido irremontable.

 

De lo que no se privó fue de armar un show a la llegada del equipo. Casi un sketch, micrófono en mano como si fuera Susana, y rodeada por Messi, Sabella y todo el equipo.“¿Dónde está el flaco Romero, el alto que recién abracé?… Vení Romero, vení”, la frase quedará para la posteridad junto a “¿Dónde está ¨Pipita Higuaín, que es tan chiquito?… yo te recomendaría que en una semana te hagas una resonancia porque el golpe que recibiste ayer, hermano…”. Todo por cadena nacional. Previamente el gobierno había bombardeado con avisos donde mezclaban imágenes de Néstor bajando los cuadros con el golazo de Messi a los brasileños en el 4 a 3 jugado en New Jersey. El viejo truco de chorearse lo ajeno y de hacer propio lo que es de todos.

 

Para este nuevo mundial en Qatar, el gobierno inventó algo mucho más original. Obviamente todo triunfo será del kirchnerismo. La novedad es que ahora las derrotas son de Macri. Medio kirchnerismo dice que el Gato es mufa y la otra mitad sostiene una teoría aún más insólita: Macri manipula la FIFA para que Argentina pierda. Dicen que controla el VAR. Y lo dicen en serio. Con tal de cargar sobre Macri, el kirchnerismo recurre a lo que venga. El famoso “rascando el fondo de la lata”.

 

Lideran esta movida grandes estadistas como Larroque o, peor aún, Jorge Rachid ¿Cómo no va a creer este tipo que Macri controla el VAR si en 2021 declaró que no debíamos comprar la Pfizer porque los americanos se querían llevar los glaciares? Así provocaron miles de muertos. En realidad, lo grave no es que Rachid diga semejante cosa. Lo grave es que sea el asesor sanitario de Kicillof.

 

En fin, lo importante es que ganamos. Se ve que esta vez el Gato no pudo manipular el VAR para perjudicarnos. Y obviamente se nota que gobierna Cristina. En realidad, se viene notando hace tres años con el 100% de inflación anual pero bueno, ese es otro tema. Seguimos en carrera.

 

 

 

Fuente: Clarin

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