Inflación: las frutas y las verduras, las que más aumentaron de precios en el último año

En el AMBA, el aumento anual fue respectivamente de 78,8% y 62,5% contra una suba del 39,2% del índice general. Las causas de las subas y consejos al comprar.

Las frutas y las verduras aumentaron por encima de cualquier otro precio de la canasta en el último año.

En el AMBA, mientras la inflación general avanzó 39,2% en 12 meses, el promedio en verduras fue de 62,5% y en frutas del 78,8%, según el Informe de Precios al Consumidor (IPC) de agosto. La carne subió un 50% y el aumento general de alimentos fue del 44,6%. La tendencia alcista continuó en septiembre y el INDEC destacó que las verduras y frutas fueron dos de los rubros que empujaron la suba del 3% en alimentos y del 7,9% en estacionales, en un índice general del 2,8% para el último mes.

En la Ciudad de Buenos Aires, los productos que tuvieron una mayor suba interanual en agosto fueron las zanahorias (que aumentaron un 172%), los zapallitos (135%), las mandarinas (124%) y las naranjas, cuyo precio se duplicó, según los datos medidos por la Dirección General de Estadística y Censos.

El INDEC, en tanto, calculó que en el Gran Buenos Aires, las frutas aumentaron en septiembre un 9,2% respecto de agosto y las verduras y legumbres, un 13,7%.

Un relevamiento del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci) sobre 450 negocios barriales del Conurbano también había determinado que el sector frutas y verduras encabezó, con una suba del 10,49%, el aumento de precios de la canasta básica de alimentos (6,48%) en septiembre.

De esa forma, en el Gran Buenos Aires, que es la zona donde más creció la pobreza en el primer semestre del año, una familia de dos adultos y dos hijos chicos, necesitó para cubrir sus gastos de alimentación $ 19.178,07 en septiembre, $ 1.167 más que en agosto.

«Lo que más aumentó fueron los morrones rojos, las zanahorias y los tomates», dice el verdulero Daniel Quispe. En su autoservicio de Piedras e Independencia, el kilo de redondos y perita está $ 170. «La gente no lleva mucho, así que pasamos de comprar un cajón por día a dos por semana», cuenta.

En una recorrida por verdulerías de Capital, se encontró el kilo de morrón a $ 360, las dos cabezas de brócoli a 100 pesos, los zapallitos a $ 120 el kilo y la palta no menos de $ 80 la unidad.

El tomate, según datos del Gobierno de la Ciudad, triplicó su valor en el último año, mientras que un relevamiento de la ONG Consumidores Libres midió que el perita saltó 32,50% solo en septiembre, el triple que el resto del promedio de frutas y verduras (10,20%). 

«Hay aumentos que se producen por razones estacionales y otros por razones claramente especulativas y de carácter antisocial», asegura el abogado Héctor Polino, titular de Consumidores Libres. «Se remarcan precios injustificadamente y, como no hay controles ni consecuencias, se llevan a cabo esos abusos con total impunidad», señala. 

Las subas podrían justificarse cuando el producto es importado como la palta, puntualizó el especialista. «Pero muchos productos, cuya materia prima, mano de obra y transporte se pagan en pesos, igual dolarizan los precios», aseguró y recordó que las cargas impositivas y las tarifas de los servicios públicos están congeladas, el precio de combustibles también lo estuvo hasta mediados de agosto y los salarios de los trabajadores no subieron.

Para el consultor frutihortícola Mariano Winograd, que preside la ONG «5 al día» en Argentina, «la suba del tomate y de todas las frutas y hortalizas no tiene nada que ver con la inflación». «Se asocia la suba del tomate con el dólar, pero el dólar es definitivamente la demostración de que la gente quiere huir del peso, y el tomate no. Porque en cuanto sube, la gente no lo compra. Y para el rico, que el tomate valga 200 o 250, es indistinto», opinó.

En ese sentido, el titular de la ONG que promueve el consumo de frutas y verduras destacó que «la canasta frutihortícola es una canasta teórica», porque los encuestadores miden siempre el precio de los mismos productos, cuando el comportamiento del consumidor no es siempre llevar los mismos kilos de la misma verdura.

A la variación en el consumo vinculada a los cambios estacionales, Winograd le sumó considerar a la pandemia por coronavirus como un factor que influye lo que comen las familias argentinas: «Hay una demanda que sostiene el precio, porque al día siguiente que la gente no quiere comprar tomate, porque el precio es muy alto, el precio baja».

«La gente no va a cenar en los restoranes, no va al cine y todo lo que es consumo de alimentos afuera de la casa no existe –siguió Winograd–. En el hogar se come distinto a lo que se come fuera. La gente comió mucha más fruta y vegetales que el año pasado, pero esencialmente porque come menos pancho y hamburguesa», señaló.

La encuesta FRUVERdata, que dirigió Winograd, arrojó que más de la mitad de los agentes del mercado de frutas y hortalizas vendieron más durante la pandemia. Un dato que se condice, según el estudio, con una encuesta del INTA a más de 700 consumidores finales que reportaron un aumento neto del consumo de frutas y hortalizas del 7%.

Desde el septiembre de 2019, cita ese informe del Isepci sobre el GBA, el aumento de la canasta de alimentos fue del 45,37%», mientras que la jubilación mínima aumentó un 40%, la Asignación Universal por Hijo subió 33,48% y el salario mínimo se encuentra congelado desde diciembre.

«Las transferencias directas, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), los bonos que se otorgaron en los primeros meses de la pandemia, la entrega de alimentos en los barrios populares, y el importante refuerzo que significa la tarjeta Alimentar, claramente no son suficientes para equilibrar el aumento de los precios de los alimentos y detener el avance de la indigencia», señala el informe del Isepci que reproduce Clarín.

El Instituto reclama continuar, por lo menos hasta el fin de la pandemia, con un IFE mensual, multiplicar la entrega de alimentos, programas destinados a las cooperativas y PyMES de producción de alimentos y el congelamiento de precios de los productos de la canasta básica de alimentos, entre otras medidas.

Para Polino, de Consumidores Libres, «hay que hacer cumplir las leyes vigentes», como la Ley de Defensa del Consumidor, la ley que creó el Observatorio de Precios que buscaba medir los precios en toda la cadena de producción para determinar dónde se producían las distorsiones y la Ley de Defensa de la Competencia. Esta última fue «aprobada en mayo de 2018 y disponía la creación de un tribunal nacional, pero ya pasaron dos años y nunca se designaron los miembros de ese tribunal», señaló.

«¿Tan difícil es? No hay voluntad política», opinó Polino y remarcó que además buena parte de la verdura y la fruta se vende en negocios barriales de proximidad, donde «no funcionan los programas de Precios Cuidados ni de Precios Máximos», que tienen más presencia en cadenas de supermercados minoristas y mayoristas.

Por otra parte, Winograd señaló que los precios «van a retroceder porque en octubre termina la temporada del Norte y empieza la temporada de La Plata». «En cuanto empiece la producción de la zona, en donde hay centenares de productores PYMES, familias bolivianas que están cerquita del mercado y que pueden traer sus productos, es muy probable que los precios bajen», analizó. 

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