La muerte del Indio Solari fue tomada, en términos políticos, como una pausa para la interna peronista. La organización del velatorio en Avellaneda requirió de la intervención y acuerdo del titular de La Cámpora, Máximo Kirchner, cercano a la familia, y del gobernador bonaerense, Axel Kicillof. El operativo salió impecable.
Sin embargo, solo fue una tregua breve. El conflicto político hacia adentro continúa. Y se expande en la Legislatura bonaerense y a lo ancho y largo de la PBA, sobre todo en los territorios donde manda el kirchnerismo duro o alguien identificado con el Movimiento Derecho al Futuro.
Lanús no está ajeno a esta compulsa. Y pese a que el intendente Julián Álvarez, representante de La Cámpora, está en condiciones de buscar la reelección, hay otros interesados del peronismo que pretenden dar la discusión previa para evitar que la decisión se dé hacia adentro de cuatro paredes.
Agustín Balladares, expresidente del Honorable Concejo Deliberante (HCD) y vicepresidente del PJ local, está al frente de un proyecto de reorganización territorial con un objetivo nítido: consolidar un sello político propio y de carácter vecinal para discutirle de manera frontal a Álvarez.
Para comprender la magnitud de la jugada que encabeza Balladares, es indispensable desentrañar la red de alianzas y respaldos que sostienen sus aspiraciones de cara a los próximos desafíos institucionales. El dirigente avanza con la seguridad que le otorga saberse parte del esquema de Kicillof. Para el gobernador, respaldar a un dirigente de arraigo local no solo implica consolidar un bastión propio frente al asedio de la oposición, sino también fijar un límite claro a las imposiciones de la organización liderada por Máximo.
Con pasado directo en el Movimiento Evita, Balladares ahora cuenta con el respaldo del exjefe comunal local, Darío Díaz Pérez, histórico cacique peronista que gobernó entre los años 2007 y 2015, y cuya estructura partidaria tradicional mantiene terminales activas y una gran ascendencia en la localidad.
Ahora, Balladares está decidido a golpear donde duele para hacer ver aquello que no logró avanzar la gestión local. Es por esto que sus críticas internas son recurrentes, sobre todo en relación con la seguridad ciudadana, el estado y mantenimiento del espacio público, y la total falta de mecanismos reales para canalizar la participación de la comunidad en la toma de decisiones.
El dirigente buscará crecer bajo el sello De Lanús para Lanús, una construcción con tinte vecinal que pretende mostrarse como una alternativa de contención y que, en caso de no lograr hacer valer su peso por dentro del peronismo, podría intentar jugar por fuera del partido.

