La inversión: el talón de Aquiles de la economía argentina quedó muy por debajo de la de Perú, México y Chile

Francisco Olivera

Se ubica en el 15,1% del PBI, según los últimos datos, y es el desafío de Milei para los próximos años; los analistas coinciden en que no debería ser tan difícil una recuperación parcial, pero disienten en las motivaciones que tendrán quienes deben invertir

Si el Gobierno quiere que la economía entre el año próximo en una senda virtuosa de crecimiento y que eso pueda constatarse en mejores ingresos y salarios debe recuperar la inversión, cuyos números vienen complicados. El último dato disponible de este indicador decisivo para cualquier despegue, casi siempre ausente en la Argentina de las últimas décadas, es del estudio Ferreres & Asociados, que dice que cayó en julio 8,1% en términos de volumen físico, sin contar el efecto de la inflación, y que acumula en el año una baja de 7,8%. Según un relevamiento de Idesa sobre la base de Cuentas Nacionales, la inversión quedó entonces en el 15,1% del PBI, unos seis puntos por debajo del umbral en el que Morgan Stanley y el Banco Mundial ubican a Perú, y siete menos que México, nueve atrás de Chile y exactamente la mitad que en países como Vietnam o India.

 

La situación de una variable clave

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Casi en el subsuelo, si se considera el potencial de la Argentina. Ahorro, capital, tasa de interés o financiamiento, nivel de demanda y, fundamentalmente, expectativas económicas son los factores que desencadenan una inversión y que no siempre están alineadas. En estas tierras, casi nunca: un repaso por el indicador desde 2004 hasta hoy según Cuentas Nacionales muestra que en 2025 quedó en 16,4% del PBI, por debajo del valor más alto en los últimos 22 años, aquel 19,5% en el que quedó en 2007, durante el gobierno de Néstor Kirchner. No es casual que muchos empresarios sigan definiendo aquel año como el punto de inflexión que le puso fin al modelo kirchnerista. Desde entonces empezó a caer, para tocar su peor marca en 2019, año de la derrota de Mauricio Macri y el triunfo de Alberto Fernández, cuando tocó el 14,2%. “Para crecer en serio hay que ubicarse en 25% del PBI. La Argentina nunca llegó al 20%. Por ahí rozó ese número en los 90, pero por las privatizaciones”, dice Jorge Colina, director de Idesa, que recuerda dos despegues de países limítrofes en los que la inversión apuntaló el crecimiento ascendiendo al 25% del PBI: Chile durante los 90 y Uruguay, entre 2005 y 2015.

Es cierto que el cepo cambiario suele distorsionar las cosas. Cuando las empresas tienen restricciones para acceder a dólares, a veces destinan lo que ganan a inversiones como alternativa circunstancial y eso empuja hacia arriba el porcentaje de desembolsos sobre PBI. Pero esa anomalía va de todos modos socavando la confianza y el interés de hundir capital de mayor envergadura. El desafío de Milei es entonces doble: recuperar la inversión y terminar de salir del cepo.

La mayor parte de los analistas cree que no debería ser tan difícil porque la Argentina viene desde muy abajo. “Hacia adelante esperamos que la caída se modere de manera gradual, acompañando una eventual mejora de la actividad y del contexto macroeconómico”, había dicho en julio el informe del estudio Ferreres a cargo de Fausto Spotorno. Pero los economistas disienten a veces sobre las motivaciones que deberán desencadenar el proceso o directamente disuadir. ¿Riesgo país? ¿Seguridad jurídica? Hay quienes apuntan directamente a la rentabilidad. Lucas Llach publicó la semana pasada en la red social X: “No deja de sorprenderme la monotonía de la cantinela ‘la inversión cae por desconfianza’ y la ignorancia olímpica del efecto que tiene el nivel de actividad sobre la inversión, as in ‘estamos vendiendo un montón, me voy a comprar otra máquina’. Esa decisión no mira mucho el riesgo país”.

Otros señalan las expectativas. De cualquier tipo, no necesariamente estructurales. Fernando Marull, por ejemplo, recuerda el comportamiento de la inversión en la última campaña electoral: durante el primer semestre de 2025, dice, muchas empresas adelantaron importaciones de bienes de capital porque suponían que habría una devaluación y la corrida hizo subir el dólar y activó la construcción. Los números lo acreditan: en el lapso comprendido entre julio y septiembre del año pasado, la inversión subió del 16,9% al 17,6% del PBI y arrancó después de las elecciones un declive que sigue hasta hoy. Quedó en 15,5% entre octubre y diciembre de 2025, 14,3% entre enero y marzo pasado y 15,1% entre abril y junio. “Hay que dividir la inversión actual: 70% son bienes de capital, de los cuales podemos decir que la mitad es nacional y la otra importado, y 30% de construcción”, dice Marull, cuyo trabajo indica que la construcción está todavía muy por debajo de otras épocas y incluso siete puntos porcentuales abajo del nivel que tenía en el primer trimestre de 2023, todavía en el gobierno de Alberto Fernández.

Podría pensarse que parte de esta debacle obedece al ajuste en la obra pública. Pero para Marull eso tiene un efecto acotado. De los 17 puntos de inversión sobre el PBI de 2025, hay 12 que corresponden a bienes de capital y 5 a construcción. A esos 5 de construcción hay que dividirlos en dos: 2,5 puntos privados y 2,5 estatales. Esos 2,5 puntos de inversión pública se explican también en dos partes: 2 de las provincias y 0,5 de la Nación. En 2023, esos 0,5 puntos eran 1,5. Es decir, la caída en inversión por obra pública en la era Milei fue de un punto.

El informe de Idesa coincide en que hay mucho por recuperar. En parte porque el motor del gobierno de Milei fue hasta ahora más la exportación, que subió 38% en los tres años de gestión, apuntalada por la energía y el agro, que la inversión, que cayó 4% desde el último trimestre de 2023. Según Colina, para que se empezara a sentir en la actividad y en los bolsillos, los desembolsos de capital deberían subir por lo menos en el nivel en que lo hizo el consumo privado con Milei, alrededor de un 8%, para dinamizar la actividad.

El Gobierno tiene la esperanza puesta en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Pero esos compromisos, que suman hasta ahora 150.000 millones de dólares, se irán aplicando de manera paulatina en el transcurso de los próximos años. Si, por ejemplo, llegaran los 7000 millones de dólares que el Gobierno espera para 2027, eso significaría subir la inversión en un punto del PBI. Es decir, a un valor de entre 16 y 18%, según el promedio en que termine 2026. Todavía muy por debajo de Perú, Chile y México. Y la mitad que los asiáticos.

Francisco Olivera
Fuente: https://www.lanacion.com.ar