La irrupción de la inteligencia artificial en el mundo del arte dejó de ser una hipótesis futurista para convertirse en una realidad concreta que impacta en la vida cotidiana de las personas. En el mundo de la música, ese punto de inflexión tiene nombre propio: Lumi7, la primera cantante creada íntegramente con IA que ya lanzó canciones, construyó una identidad artística y comenzó a tensionar los límites entre creatividad humana, tecnología y derechos de autor.
El proyecto nació de manera casi fortuita, a partir de una interacción entre el argentino Andrés Arbe y un chatbot. El joven, osteópata de profesión y músico con pasado en la banda Lo’ Pibitos, nunca imaginó que una conversación virtual terminaría derivando en una artista digital con estética definida, voz propia y una narrativa conceptual sólida.
A esa experiencia inicial se sumó Diego Tucci, desarrollador visual, quien se encargó de darle forma a la imagen hiperrealista que hoy identifica a Lumi7.

Lejos de ser una simple curiosidad tecnológica, la intérprete se presenta como una propuesta artística integral. Ya cuenta con su primer lanzamiento, La flor de la vida, y prepara un EP titulado Monstrua, un nombre que no es casual y que dialoga con uno de los ejes centrales del proyecto: el miedo histórico a lo desconocido y a aquello que irrumpe para cuestionar estructuras establecidas.
Según explican sus creadores, Lumi7 no busca reemplazar al artista humano, sino funcionar como una interfaz que permita pensar nuevas formas de producción cultural. Arbe es quien escribe las letras y define la estructura musical de los temas, apoyado en su experiencia como compositor.
La inteligencia artificial, en cambio, cumple un rol instrumental: aporta la voz, procesa los sonidos y da forma final a las canciones a partir de parámetros previamente definidos.
Este esquema híbrido abre un debate inevitable sobre la autoría. Las obras de la artista están registradas en SADAIC a nombre de Arbe, quien figura como autor de letra y música. Sin embargo, la intérprete no está registrada en AADI-CAPIF, ya que el marco legal vigente reconoce únicamente a personas humanas en ese rol.
Esa laguna normativa es, para muchos especialistas, uno de los grandes desafíos que plantea la expansión de la IA en la industria cultural.
El fenómeno también generó reacciones encontradas entre músicos y productores. Mientras algunos celebran la innovación y la posibilidad de explorar nuevos lenguajes, otros expresan preocupación por el impacto que estas herramientas podrían tener sobre el trabajo artístico tradicional. El temor a la sustitución laboral y a la desvalorización del oficio aparece como uno de los principales focos de conflicto.
Desde el proyecto responden que el objetivo es exactamente el contrario. Lumi7 fue pensada como un disparador de conversación, una figura capaz de poner en agenda preguntas incómodas sobre qué significa crear, quién es el verdadero autor de una obra y cómo deberían adaptarse las leyes a un escenario tecnológico que avanza más rápido que las regulaciones.
A futuro, los creadores la imaginan expandiendo su presencia más allá de la música. Entre los planes se incluyen lanzamientos mensuales, interacciones en vivo, streamings y hasta la posibilidad de que funcione como influencer o vocera en debates vinculados al arte, la tecnología y la filosofía contemporánea.
