Milei se aferra a su tabla salvadora

El presidente fue junto a Daniel Noboa, presidente de Ecuador, el único que celebró en la región con euforia la intervención militar de Trump.

Eduardo van der Kooy

Javier y Karina Milei ya tienen los primeros trazos para el tiempo político que amanece. Pretende ser distinto a los anteriores. Con una excepción: continuar abrazado a Washington. Su euforia por la captura de Nicolás Maduro en Venezuela así lo certifica. El primer año transcurrió con el empuje del triunfo sorpresivo y contundente en las presidenciales. El segundo resultó traumático, entre ideas de hegemonía y riesgos de gobernabilidad, aunque tuvo epílogo feliz. Ahora los hermanos aspiran a un tránsito de mayor previsibilidad que desemboque en la recta del Gobierno que enfile a la reelección del 2027.

El Presidente seguirá en tándem con Luis Caputo, el ministro de Economía, para atender los asuntos más urgentes. La Argentina debe enfrentar este año vencimientos por U$S20 mil millones. En pocos días tendrá que cancelar U$S4200 millones de los cuales tiene garantizados U$S900 millones. La hermanísima comenzó antes de las Fiestas a intentar imprimirle homogeneidad a La Libertad Avanza que salió fortalecida de las urnas. La construcción de un oficialismo que casi no existió en los dos primeros años.

Karina parece consciente de un déficit que ha sufrido su hermano. La ausencia de un vínculo directo con el interior. Pese a eso hubo una respuesta positiva de los votantes. La mujer redondea una ambición: que el mandatario recorra cada mes, al menos, una provincia. La estrategia tuvo un anticipo en el cierre del 2025: el llamado “tour de gratitud” en Córdoba donde los libertarios con candidatos poco conocidos arrasaron al fuerte peronismo local. Para después del verano llegaría una puesta en escena de mayor envergadura: acto en Buenos Aires, probablemente en Mar del Plata, para establecer el ancla en el principal distrito electoral donde el kirchnerismo concentra su mayor resistencia. Allí resultaría imprescindible coordinar el trabajo de tres hombres clave: Diego Santilli, el ministro del Interior, Diego Valenzuela, intendente de Tres de Febrero, y Sebastián Pareja, el delegado de la Secretaria General.

La armonización del sistema libertario parece trascendente para enfrentar otra necesidad. El acuerdo con varios gobernadores, incluso peronistas, que cuando se lo propusieron permitieron al Gobierno la aprobación del primer Presupuesto. Asoma evidente que en esa estrategia existen desacoples. Se destaparon en Diputados cuando una maniobra oficialista para marginar definitivamente las emergencias universitaria y por discapacidad resultó bochada. En la cual la incidencia de muchos diputados del interior, sobre todo de Provincias Unidas, resultó determinante.

Karina se entusiasma con su programa también a partir de ciertas nimiedades. El diario británico The Telegraph hizo una consulta entre sus lectores acerca de los principales líderes mundiales. Entre varios ránkings, primera resultó Maia Sandu, de Moldavia, por su resistencia a las presiones de Vladimir Putin. Segunda se ubicó Giorgia Meloni, que se encamina en Italia a batir el record de permanencia que tiene Silvio Berlusconi. Tercero fue ungido Milei por “el cambio que ha producido” en la Argentina. Detalle para no empalagarse: los británicos, que se sepa, no votan aquí.

La proyección del Presidente incita a El Jefe a promover un bloque regional que posibilite a su hermano un mayor protagonismo. Santiago Caputo, el joven, se ha sumado a esa tarea. Es innegable que existe un giro a la derecha en el continente donde este año también deberá revalidar su cargo Gustavo Petro, de Colombia. Pero no todos los procesos parecen alumbrados por la transparencia. En Honduras se terminó imponiendo Nasry Asfura, del Partido Nacional, después de dos semanas de un enredado recuento. Era el candidato predilecto de Donald Trump. De la misma agrupación que el ex mandatario Juan Orlando Hernández, a quien el líder republicano indultó por una pena de prisión que cumplía de 45 años, acusado por narcotráfico.

Con los sucesos de la detención de Maduro en Caracas se multiplica la idea de que Washington continúa siendo el mojón crucial para los libertarios en 2026. Ninguna interpelación tiene para ellos valor. ¿La alianza del Gobierno es con Estados Unidos? ¿O solamente con Trump? Serían asuntos muy diferentes. Si se trata de la segunda alternativa habría que estar atento a la evolución de la figura del líder republicano. En noviembre tiene elecciones de medio término. Algunos exámenes preliminares (Nueva York, Virginia, Nueva Jersey, Miami) le resultaron ahora desfavorables.

Lo que importa, sin embargo, es el aquí y ahora. Al Presidente, quizás, no le interesen demasiado ni las formas ni el fondo de la operación de Washington. Bajo el argumento de estar solo combatiendo a un Cartel de la droga. El movimiento militar incursionando en otro país para capturar a un dictador plantea dilemas sobre el concepto de soberanía, abre dudas acerca del impacto regional y sus consecuencias, desnuda las fragilidades que en esta época exhiben los sistemas democráticos.

Este parece uno de los aspectos sensibles. La democracia en Venezuela empezó a desarticularse con la llegada de Hugo Chávez (1999). Le sucedió Maduro tras su muerte. Han sido 26 años regados de atropellos políticos y violaciones humanas. En ese recorrido se pudieron verificar dos cosas: una migración de 8 millones de ciudadanos al exterior; una oposición que se deshilachó de manera reiterada, incluido el monumental fraude en las elecciones de julio de 2024. La única diferencia en la ocasión fue que la opositora María Corina Machado resolvió resguardarse como una referencia en la clandestinidad y una fugaz aparición pública cuando recibió el Premio Nobel de la Paz en Noruega.

La descripción denota, sin dudas, un prolongado fracaso opositor que necesitó de la irrupción de EE.UU. para ponerle epílogo al dictador. Aunque demasiadas cosas quedan pendientes de esclarecimiento. Maduro cayó, pero el sistema militar permanece. Podría alumbrar una época de desorden con destino inquietante. Trump dijo que Washington administrará Venezuela durante lo que dure una transición. ¿Cuál será el papel opositor en ese caso?

Tal realidad repone algunas consideraciones que hizo en los últimos días el ex presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, (LN+) sobre las responsabilidades civiles en democracia. Habló del caso de Perú y Alberto Fujimori en los 90. Fue elegido la primera vez, produjo un autogolpe tolerado en 1992 y después resultó reelecto. Un día se descubrió mágicamente que era un criminal.

Más allá de lo sofisticado y eficaz que pudo haber resultado el operativo militar estadounidense en Caracas, parece haber quedado al descubierto la fragilidad actual del régimen que mostraba otra cara. A Maduro y su mujer se los llevaron de las pestañas, sin contratiempos. Apenas declaraciones condenatorias de los cómplices que quedaron en Venezuela. Desconcierto total que permite preguntar cómo la oposición no tuvo herramientas para comprometerlo luego del fraude electoral del 2024.

Milei fue junto a Daniel Noboa, presidente de Ecuador, el único que celebró en la región con euforia la intervención militar de Trump. Pudo haber existido una combinación de convicción y necesidad. Quizás el líder libertario presume que la relación bilateral existente hasta las elecciones de octubre habría perdido intensidad.

Arrancó el 2026 y todavía no se conoce ningún detalle del acuerdo comercial anunciado con estridencias el año pasado. También dejó de estar en la primera línea el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, el hombre que salvó del naufragio a Milei. “Toto” Caputo había anunciado que además del swap habría un crédito de bancos extranjeros de U$S20 mil millones que servirían para garantizar todos los vencimientos 2026 de la Argentina. Aquellas entidades solicitaron al Tesoro que saliera de garante de los fondos multimillonarios. Washington se negó por varias razones, una de ellas de estricto sentido común: Trump está pagando un costo interno por la ayuda a nuestro país. Crecería hasta una altura inimaginable si además apareciera como avalista voluntario.

Como contracara de Milei y Noboa se escuchó la condena de Lula, en Brasil, Gabriel Boric, en Chile y las dictaduras de Cuba y Nicaragua. Clara Sheinbaum, de México, también formuló críticas, pero con matices que se extendieron a Santiago Peña, de Paraguay. La Unión Europea a través de Kaja Kallas, alta representante para Asuntos Exteriores, sostuvo que Maduro no “tenía legitimidad” aunque exhortó a la contención y al respeto al Derecho Internacional. La moderación también posee explicaciones: el gesto de Washington puede apuntar a reafirmar su influencia en la región. Además, a la protección de intereses estratégicos que considera propios, como el control de las reservas de petróleo venezolanas.

Loris Zanatta, el académico italiano, planteó en una nota en Clarín (16/12/2025) un interrogante turbador a propósito de aquel conflicto. ¿Aceptamos que EE.UU. libere a Venezuela? ¿O preferimos que los venezolanos se liberen a si mismo?, escribió. Esta alternativa mostró un fracaso tras otro. La primera, consumada en las últimas horas, dispara muchas dudas por las conductas arbitrarias de Trump en otros escenarios.

Un caso. Hace una semana se produjo un incidente diplomático lejano para estas latitudes. El líder republicano nombró un enviado especial para Groenlandia, la isla ártica que pretende anexar a EE.UU. El territorio pertenece a Dinamarca que, por supuesto, dispone de un embajador designado por Washington. ¿Para qué, entonces, aquel nuevo emisario? La corona danesa reaccionó de forma furiosa. Denunció intromisión. Trump no se amilanó: “Tenemos que tenerla (a la isla) por razones de protección nacional”, declaró. ¿Habrá descubierto también en esa tierra rocosa y congelada la existencia de algún Cartel de la droga?

Fuente: Clarín