Lo más destacado de la jornada fue la diversidad de los brazos dispuestos a colaborar. Desde abuelos que vieron al club en las malas hasta chicos de las categorías infantiles y familias enteras, se acercaron al estadio con ropa de fajina para aportar su grano de arena, coordinados por las peñas y subcomisiones de la institución.
El grueso del trabajo estuvo enfocado en devolverle el brillo al cemento de La Fortaleza. Se realizaron tareas de hidro lavado previo, raspaje de superficies y la aplicación de miles de litros de pintura con los tradicionales colores granate y blanco en los paraavalanchas, accesos a las gradas y las tipografías del estadio.
Más allá de lo visual en las tribunas, las cuadrillas de voluntarios avanzaron en la limpieza integral de los pasillos internos, la restauración de murales históricos y el arreglo de herrería en los portones perimetrales, mejorando la seguridad y la comodidad para los días de partido.
Esta movida reaviva el histórico lema de que los clubes argentinos pertenecen a sus asociados. En tiempos de debates sobre modelos de gestión deportivos, la comunidad de Lanús dejó en claro que el amor por el barrio y el cuidado del patrimonio propio se defienden con compromiso y trabajo colectivo.
