“Cuando en los años 60 los Países Bajos descubrieron gas en el Mar del Norte, la avalancha de divisas terminó por erosionar a su industria: así se acuñó la expresión ‘enfermedad holandesa’”. Con ese dato histórico como gancho, el economista Juan Carlos de Pablo sostuvo este domingo que la Argentina presenta condiciones propicias para enfrentar un fenómeno similar, ante el fuerte ingreso de dólares derivado de las exportaciones energéticas y agropecuarias.
Durante una entrevista con José Del Rio en Comunidad de Negocios (LN+), De Pablo explicó que la discusión sobre este riesgo surge a partir de cambios estructurales en el perfil exportador del país, que han transformado la dinámica cambiaria y productiva.
“Estoy convencido de que lo que está pasando, con el récord de producción agrícola y la cuestión energética, se ha puesto de moda la cuestión de la enfermedad holandesa”, afirmó.
Explicó el origen del concepto recordando el caso europeo: “Se llama así porque en la década del 60 los holandeses descubrieron gas en el Mar del Norte, que es un producto exportable, se cayó el tipo de cambio y se destrozó parte del sector industrial. Les llovieron dólares. Es el problema que tenemos en este momento”, advirtió.
De Pablo consideró que la situación local comparte rasgos con aquel episodio histórico. “Evidentemente estamos en un contexto en el que podría aparecer esa enfermedad holandesa. Te aparecieron los productos energéticos. La Argentina era un país superavitario en materia energética. Gracias al kirchnerismo, nos volvimos un importador neto. Ahora, otra vez superavitario. Encima tenés 160 millones de toneladas de productos primarios. Llueven los dólares por todos lados”, sostuvo.
En ese marco, remarcó que la abundancia de divisas constituye hoy uno de los principales desafíos económicos. “En este momento, el problema es de oferta. Si el Banco Central no estuviera comprando algunos dólares…”, planteó.
Análisis y proyecciones: La teoría sobre la enfermedad holandesa describe cómo un aumento sostenido de ingresos por recursos o exportaciones puede provocar una apreciación del tipo de cambio real, encarecer los bienes transables y desplazar mano de obra y capital hacia sectores no comerciables. En la práctica, eso suele derivar en pérdida de capacidad industrial y mayor vulnerabilidad a la volatilidad de los precios internacionales. En el caso argentino, si la entrada de dólares por energía y granos se consolida sin instrumentos que la canalicen hacia ahorro o inversión productiva —por ejemplo, fondos soberanos, esquemas de estabilización fiscal o políticas cambiarias que eviten una apreciación real—, las manufacturas podrían resentirse y crecería la dependencia de unos pocos sectores exportadores. Políticas combinadas de acumulación de reservas, controles temporales de flujos y estímulos a la agregación de valor en origen son las herramientas que suelen proponerse para mitigar esos riesgos.
Evolución reciente: En la última década la Argentina transitó de ser, en términos energéticos, un importador neto durante parte del período kirchnerista, a recuperar excedentes energéticos gracias a desarrollos en recursos no convencionales y a una mejora en la producción agropecuaria. Paralelamente, las decisiones de política cambiaria y de reservas han variado según los equipos económicos —desde posturas más liberales a enfoques más conservadores en materia de acumulación de activos internacionales—, mientras que el debate público sobre competitividad y diversificación productiva se intensificó. Estos cambios han modificado la percepción de riesgo: lo que antes era escasez de dólares hoy aparece como un desafío distinto, el manejo de una oferta abundante y sus efectos sobre la industria.

“Hacer política económica hoy es más difícil que hace 50 años porque las velocidades son distintas. Es lo que hay. Ahora hay un relanzamiento tras otro. El otro día, un colega me dijo que el equipo económico reflexionó y le está haciendo caso al FMI en aumentar las reservas, pero no es así. Apareció la oportunidad de la caja. Dieron vuelta la tortilla y se están preparando para 2027?”, continuó.
Por otra parte, De Pablo abordó el concepto de “nacionalismo” y sostuvo con crudeza: “Esto es un quilombo, pero es nuestro quilombo”. Añadió además que “la migración es un fenómeno minoritario y tiene que haber muchas condiciones para que eso suceda”.
El economista evaluó que la actual política económica del Gobierno gira en torno a lo que resumió como “equilibrio fiscal y Federico Sturzenegger” y consideró que, en ese marco, el equipo busca “darle la vuelta” a los temas de la agenda. Sobre el escenario electoral, afirmó que la probabilidad de que Milei sea reelecto “es muy alta”. “Moraleja: si usted tiene una oportunidad de negocio y está dudando, no es por el tema de la posibilidad, sino porque el costo de pifiar puede ser muy grande. No es un tema de dudas”, remarcó.

La inflación y Donald Trump
Más adelante, el economista también se refirió a la evolución de la inflación y relativizó la magnitud de las cifras actuales en comparación con las observadas en ejercicios previos. “Comparado a lo de antes, es nada. Ahora discutimos 2,1 o 2,2. En materia de inflación, la novedad es más Estados Unidos que la Argentina”, afirmó.
En el plano internacional, De Pablo se mostró escéptico ante anuncios sobre acuerdos de paz entre Estados Unidos e Irán y consideró que hay que esperar a ver los detalles operativos de cualquier pacto anunciado por la Casa Blanca.
“Lo quiero ver. Es muy bocón. Quiero ver cómo se firma, cuáles son las velocidades. Da la sensación de que Irán tiene menos apuro que Trump”, dijo. Además, cuestionó la fiabilidad de algunos anuncios del mandatario republicano: “El Trump oral no es creíble”.
