Santiago Caputo recupera terreno y resucita el proyecto nuclear que seduce a Milei

El asesor presidencial perdió poder formal, pero ganó margen operativo para resolver conflictos sensibles dentro del Gobierno. En ese tablero, el proyecto nuclear de Hamid Ansari emergió como una de las apuestas más ambiciosas de la gestión libertaria.

«Pocas industrias concentran tanto poder en tan poco espacio como la nuclear», suele decirse en el mundo energético para describir un sector donde la tecnología, la geopolítica y la confianza política pesan tanto como el capital. Bajo esa lógica, la historia de Hamid Ansari y su plan para desembarcar en la Argentina volvió a mostrar que, aun en proyectos de miles de millones de dólares, la política interna puede ser decisiva.

Santiago Caputo llega a esta etapa con menos poder formal, pero con más margen para intervenir en gestiones sensibles. Tras quedar desplazado en la interna con Karina Milei, el asesor presidencial concentra su energía en resolver problemas de gestión que atraviesan distintas áreas del gobierno libertario, algunos de ellos directamente vinculados a decisiones de Javier Milei.

En la Casa Rosada circula una máxima: al Presidente le irrita especialmente que las conductas de sus funcionarios compliquen la llegada de inversiones al país. Eso estuvo cerca de ocurrir con Hamid Ansari, magnate emprendedor de origen iraní, radicado desde hace años en Estados Unidos, que busca impulsar un desarrollo de alto impacto en la Argentina con eje en la energía nuclear.

Alrededor de su perfil, llamativo y poco mediático, se prepara uno de los anuncios que el Gobierno espera exhibir en los próximos meses. Ansari es un buscador serial de oportunidades tecnológicas: una de sus apuestas tempranas contribuyó a que Elon Musk obtuviera algunos de los primeros millones de dólares con los que luego fundó SpaceX, la empresa que terminó reconfigurando la industria aeroespacial.

Desde hace años, el empresario y su entorno exploran alternativas para desarrollar un reactor nuclear modular, fabricado en una planta y no en el lugar donde funcionará, de unos 300 MW, una potencia especialmente adecuada para abastecer proyectos intensivos en demanda eléctrica, como los vinculados a inteligencia artificial.

Quienes lo trataron aseguran que Ansari quedó especialmente impresionado con Invap, la firma tecnológica de Río Negro, al punto de que ambas partes avanzaron en una sociedad denominada Meitner. El 40% pertenece a la empresa argentina y el resto a un grupo en el que sobresale la familia de Ansari.

El proyecto tiene pretensiones grandes. La nueva compañía despertó un fuerte interés entre jóvenes científicos argentinos por su capacidad de contratación. De los 17 graduados que egresaron el año pasado del Instituto Balseiro, 13 se incorporaron a la firma.

La ambición es salir a cotizar en una bolsa internacional para reunir una suma millonaria que permita fabricar plantas nucleares con lógica industrial, casi como si se tratara de aviones, y luego exportarlas a distintos mercados. Se trata de un negocio de escala global, y la Argentina ofrece un activo difícil de igualar: ingenieros de nivel internacional a un costo muy inferior al de otros países. Según el plan, en los próximos meses el magnate informará oficialmente al Gobierno en qué lugar del país quiere construir el reactor que luego presentará al mundo. La inversión rondará los US$1000 millones. Pero todo estuvo a punto de desmoronarse a fines del año pasado por las desavenencias internas dentro de la administración libertaria.

El área nuclear no estuvo al margen de las disputas de poder. Caputo había manejado inicialmente el rubro, pero luego fue corrido por el ascenso de Demian Reidel, físico y economista muy cercano a Milei, a quien el Presidente llegó a considerar un socio intelectual en su búsqueda del Nobel. Reidel también encabezó el comité asesor presidencial, una estructura que nunca llegó a consolidarse plenamente.

En ese contexto, los planes nucleares quedaron al borde del naufragio. Una terminal vinculada a Caputo recibió entonces un mensaje tajante desde el entorno internacional del proyecto: «Reidel es un obstáculo para que el proyecto avance». El asesor trasladó ese diagnóstico al Presidente.

Dentro del grupo que impulsaba la iniciativa, algunos responsabilizaban a Reidel por buscar un protagonismo excesivo. En su círculo, en cambio, sostienen que fue víctima de una operación política montada por el equipo de Caputo, en la que también habría pesado el escándalo de las tarjetas de crédito. De los gastos difundidos, ninguno aparece asignado directamente a él.

Ante el riesgo de perder la inversión, Caputo se movió rápido. Se reunió con Ansari en Casa Rosada y le pidió que no abandonara el proyecto de convertir a la Argentina en exportadora de reactores atómicos. El empresario aceptó seguir adelante y el asesor respondió con nuevos gestos de respaldo.

En medio de denuncias internas por presunta corrupción y sobreprecios en contrataciones, Reidel dejó en febrero la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA). Su lugar fue ocupado por Juan Martín Campos. Pero todavía hacía falta emitir más señales políticas.

Antes de ese recambio, Santiago había consultado con Luis Caputo la creación de la Secretaría de Asuntos Nucleares, que desde fines del año pasado quedó en manos de Federico Ramos NápoliMaría Ibarzábal, desde Legal y Técnica, dio el visto bueno. Reidel se enteró recién cuando la designación apareció publicada en el Boletín Oficial.

No es casual que el superior jerárquico de Ramos Nápoli en el organigrama sea el ministro de Economía. La cartera pudo haber sido ubicada, por ejemplo, bajo un área vinculada a las ciencias, pero se optó por darle un perfil de negocios, acorde con la lógica que el Gobierno quiere imprimirle al proyecto.

Hoy, tanto Santiago Caputo como el propio Milei consideran cerrado el episodio. Meitner consolidó su presencia en el país y una señal clara de ello fue la incorporación de Teófilo Lacroze, exejecutivo de Shell en la Argentina, como CEO.

En términos políticos, Caputo perdió volumen institucional, pero ganó capacidad de acción para apagar incendios que puedan afectar a Milei, especialmente cuando las tensiones internas amenazan con desbaratar inversiones estratégicas. En un Gobierno cruzado por recelos y disputas, la cohesión de su equipo terminó generando una suerte de bloque interno difícil de desarmar, al que incluso algunos críticos describen como una “orga”, por su disciplina y funcionamiento conjunto.

Al círculo atómico se suman otros nombres relevantes, entre ellos la propia Ibarzábal y el procurador del Tesoro, Sebastián Amerio. Milei quedó conforme con su desempeño y pidió que continuaran en el Gobierno incluso después de los cambios que recortaron el margen de poder de Caputo. La valoración alcanza también a Karina Milei, que reconoce el trabajo de funcionarios identificados con el otro polo de poder interno.

El caso Ansari es más que una anécdota: funciona como una postal de época. En el gobierno de Milei, incluso una inversión de US$1000 millones puede quedar atrapada en la puja de facciones.

Mientras la gestión económica se apoya en la repetición de una misma hoja de ruta —mantener reglas, bajar la inflación, desregular, acumular reservas y sostener el superávit fiscal—, las novedades políticas suelen aparecer por el lado de los ruidos internos, algo que el establishment empresario observa con creciente atención.

Análisis y proyecciones: el negocio nuclear modular combina una promesa tecnológica con una oportunidad geopolítica. A nivel global, este tipo de reactores gana atractivo por su menor escala, su potencial para abastecer polos industriales y su capacidad de insertarse en cadenas de innovación ligadas a centros de datos e inteligencia artificial. Para la Argentina, el proyecto puede revalorizar capacidades históricas acumuladas desde mediados del siglo XX, cuando el país construyó una tradición nuclear singular en América Latina. Pero también enfrenta desafíos conocidos: financiamiento de largo plazo, estabilidad regulatoria, aceptación social y previsibilidad política. Si el Gobierno logra sostener el apoyo al proyecto, podría obtener una señal fuerte hacia inversores y científicos; si las internas vuelven a tensarlo, el costo no sería sólo reputacional, sino también estratégico.

En paralelo, el mapa de poder dentro del oficialismo muestra una evolución clara. Al comienzo de la gestión, Caputo aparecía como un articulador central de la política y de varias áreas sensibles; con el correr de los meses, Karina Milei consolidó su ascendencia sobre la estructura política del Gobierno, mientras Reidel pasó de figura ascendente a pieza cuestionada. Esa reconfiguración no eliminó al grupo de Caputo, pero sí lo llevó a operar con menos exposición y más pragmatismo. Hasta octubre de 2023 no existía un esquema similar de poder ni un proyecto nuclear de estas características bajo una administración libertaria; la novedad radica precisamente en cómo Milei y su entorno transformaron una disputa interna en una oportunidad para reordenar prioridades y exhibir capacidad de gestión.

El mundo financiero, de todos modos, mira más allá de la coyuntura y suele hacer cálculos electorales. Hoy trabaja con dos escenarios base para el año próximo. En el primero, la economía mantiene la dirección actual, empieza a mostrar mejoras y Milei conserva chances de ganar en primera vuelta. Ese escenario descansa en una condición esencial: que no aparezcan cisnes negros políticos, como escándalos domésticos que periódicamente golpean al Gobierno, entre ellos el caso ANDIS o la polémica persistente en torno al jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

El primero emergió el año pasado y el segundo, según la muestra empírica que circula en el mercado, surgió en 2026. Por eso el empresariado no descarta que algo similar vuelva a ocurrir en un año tensionado por la política. Una curiosidad resume el clima: los banqueros están hoy más atentos a los escándalos de la interna que a un salto del dólar.

Los grandes administradores de dinero cuentan además con herramientas que anticipan el futuro. La tasa implícita de un bono a junio de 2027 ronda la inflación medida por CER más un premio cercano al 2%. La lectura es que el mercado ve poco riesgo de incumplimiento porque ese vencimiento cae antes de las elecciones y antes del final del mandato libertario. Más adelante, sin embargo, el panorama cambia de forma elocuente.

Un instrumento similar con vencimiento en junio de 2028 paga, en cifras aproximadas, CER más 7%. Y el dato más revelador aparece al calcular la tasa implícita que abarca la mayor parte del período posterior al mandato de Milei.

Entre mediados de 2027 y el año siguiente, la tasa implícita salta a inflación más 13%. Ese nivel refleja, en términos de mercado, el precio del llamado “riesgo kuka”, término despectivo que utiliza el ministro de Economía, Luis Caputo, para describir la posibilidad de un giro político adverso. Ese tipo de prima no suele observarse en otros países de la región, incluso cuando hay ruido electoral, como en Chile o Uruguay.

Algunos movimientos, de todos modos, ya están en marcha pensando en el futuro. El secretario de Finanzas, Federico Furiase, mantiene conversaciones con varios acreedores para extender vencimientos en pesos, una práctica habitual. Lo más llamativo es la buena predisposición de los acreedores de la Argentina a estirar plazos más allá del final del gobierno de Milei.

¿Qué explica esa confianza? Para distintos actores del poder económico, allí asoma el triunfo, aunque sea parcial, de la batalla cultural encarnada por el Presidente.

Esa percepción también se nutre de voces como la de Máximo Kirchner, quien sostiene que el proceso más largo de superávit fiscal estuvo en el gobierno de su padre, así como de otros referentes del peronismo no kirchnerista. Son señales que empujan a ciertos inversores a pensar que el futuro podría conservar algunas banderas del presente, más allá de quién gobierne. Queda por ver si se trata de un optimismo excesivo o de un pronóstico acertado sobre la Argentina que viene.