¿Tibiemos?

Por: Néstor Grindetti

Lo expongo porque no es la primera vez que lo escucho o lo leo. No es que duela, pero molesta. Vamos a ver si soy capaz de llegarle al lector en éstas líneas con una idea que para mí es central: moderado no es ser tibio, intenso no es ser valiente.

La tarea de gobernar requiere, para mí, dos aspectos fundamentales: planificación y consenso. Una no tiene que ver estrictamente con la otra, pero si alguna de las dos fallas seguramente los resultados que obtengamos no sean los que buscamos.

La planificación es lo que nos permite tener un norte y un plan de acción. Ése plan puede sufrir modificaciones porque la vida es así, siempre surgen imprevistos. Pero si tenemos una hoja de ruta es más sencillo lograr un resultado. El norte es a dónde queremos llegar y tiene mucho que ver con el objetivo, pero principalmente con los valores.

El consenso es la base de sustentación de todo lo que hacemos. Para que una política pública tenga éxito necesita del acuerdo de los vecinos y de la mayor parte del arco político posible. En definitiva, eso es el sistema democrático.

Buscar puntos de encuentro para avanzar es probablemente la tarea más desafiante de la política. Nadie puede sentarse en una mesa de negociación pensando que va a salir de ahí con todos los propósitos que fue a buscar, tampoco con ninguno de ellos.

Abandonar ése ejercicio es atentar contra la posibilidad de encontrar soluciones concretas. En las democracias modernas todos entendemos que el poder nunca puede residir en un sector social, económico o político de manera unívoca. Si eso sucede, entonces no hay democracia. Dicho esto, sentarse a negociar no implica abandonar los valores y las convicciones. Insistir en el diálogo no tiene que ver con ser débil.

La fortaleza y la templanza se demuestran llegando a un acuerdo, siempre que existan y estén presentes los actores y las condiciones necesarias para lograrlo. ¿Quién no se enoja, putea o tiene un entredicho? Cuando uno realiza una tarea con pasión, pone las tripas y el corazón, y cómo en mi caso encima soy descendiente de italianos suele encontrarse con situaciones en las que el temperamento le juega una mala pasada.

Sin embargo, soy un convencido de que la única manera de encontrar soluciones es buscando el camino del diálogo. Me pasa todos los días en Lanús, goberné mi ciudad siempre en minoría en el Concejo Deliberante. Trabajamos cada proyecto y cada tema para lograr la mayor cantidad de acompañamiento posible. Un ejemplo de esto, es la semipeatonalización de Iberlucea, un polo gastronómico muy lindo que se ha desarrollado en los últimos años.

Este proyecto tuvo mucho acompañamiento, especialmente de los comerciantes que necesitan retomar su actividad y así poder dar trabajo, pero también de los vecinos de la zona que entendieron que esta era la mejor manera para darle dinamismo al barrio manteniendo protocolos y cuidados sanitarios.

Lógicamente hubo voces disidentes, es muy difícil contar con el 100% de la aprobación. Finalmente logramos aprobarlo con casi la unanimidad del voto de los Concejales y hoy podemos disfrutar de un espacio renovado para la familia, cuidándonos por la pandemia, pero dándole futuro y esperanza a muchos empresarios y trabajadores.

Este proceso no está exento de tener modificaciones. La escucha permanente es otro de los valores centrales a los que tenemos que seguir apostando. Todo es perfectible y siempre se puede mejorar, lo que nunca puede faltar es la fortaleza del diálogo.

Fuente: Perfil.com

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