Escrito por Claudio Jacquelin
La vieja máxima política se cumplió otra vez: “El que saca no pone”. Las impiadosas salidas de Guillermo Francos y de Lisandro Catalán tenían el sello de Santiago Caputo. Sus reemplazos llevan la marca a fuego de su rival, Karina Milei.
Así, la oxigenación y ampliación del Gobierno prometida por Javier Milei terminó siendo una apertura acotada y controlada por Karina Milei, tanto como una reasignación de las cuotas de poder internas.
El gurú Caputo que surfeaba tropiezos, debilitaba a sus rivales y ostentaba vínculos poderosos (internos y externos), no logró ahora aumentar su ya amplia área de injerencia, como empujaba, sino lo contrario. Eso es quedar donde estaba. Pero todo puede ser provisional: el vínculo que une a Javier Milei con Caputo (el joven) es peculiar y no responde a lógicas habituales.
La designación de Manuel Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete, así como la de Diego Santilli en Interior, no dejan lugar a dudas respecto de cuál fue el plato de la balanza que inclinó Milei.
El vocero responde incondicionalmente a la secretaria general de la Presidencia desde su llegada al universo mileísta. El flamante triunfador en las elecciones también se inscribe en la escudería karinista y era un crítico sin mucho disimulo de Santiago Caputo. Santilli no duda en tomar partido y sabe hacerlo en el club de los ganadores.
En las últimas horas se había encargado dejar trascender sus críticas a Mauricio Macri, quien fue por casi dos décadas su líder político, por el cuestionamiento público que hizo el expresidente al reemplazo de Francos por Adorni.
Él, por el contrario, se alineaba con Milei. “Ahora viene un tiempo de más equipo y menos individualidades. Hay que ordenar la gestión, resolver la interna y hacer más política”, le dijo Santilli a una persona de su confianza dos horas antes de que se difundiera su designación.
En ese momento, volvía de Paraná de presenciar la carrera de automovilismo en laque participó su hijo y cuando ya sonaba su nombre como posible reemplazo de Catalán, aunque él relativizaba esa posibilidad. El viernes pasado, en una entrevista por el canal de streaming Ahora Play, no había rechazado que podría sumarse al Gabinete. El río sonaba para los que siguen el cauce de la Casa Rosada.
También se mencionaba en esas horas el nombre de Cristian Ritondo, un antiguo socio político de Santilli, que hasta el cierre de estas líneas seguía como titular del bloque de Diputados de Pro. A su alrededor afirmaban que ese estatus no se modificaría, pero admitían que carecen de certezas. “Todo puede pasar. Al Colo Santilli
“La duda es si Adorni va a tener poder de decisión real para conducir la administración o si le va a pasar como a Francos, al que siempre le hacían pasar por una ventanilla más cada uno de los compromisos asumidos con sus interlocutores y al que Santiago se encargó de bombardear a límites increíbles. Llegó a instalar en Milei y en Washington que Guillermo era funcional a los chinos”, dice un legislador oficialista que se cuenta entre los pocos a los que Milei le prodiga una particular confianza y no es el archienemigo caputista, Martín Menem.
Obviamente, en las cercanías del asesor niegan esas versiones, que irritan aun más al entorno del jefe de gabinete reemplazado.
“De todas maneras, yo no sé cómo termina esta disputa ni cómo se rearman y restauran las relaciones internas. Pero sí sé que si no se arreglan, el destino es el auto fúnebre y sería terrible, porque están dadas todas las condiciones para que al país le vaya excepcionalmente bien”, decía un estrecho allegado al ahora ministro Santilli, horas antes de que se conociera su designación.
Según los primeros indicios surgidos de la Casa Rosada y de la quinta presidencial de Olivos, la hermanísima, el flamante jefe de ministros y el ministro operarían alineados para tratar de contener al asesor, que anoche mantenía las importantes áreas y cajas que estaban bajo su poder.
Los conocedores del poder real advierten que a Caputo le sobran recursos (de todo tipo), vínculos, conocimientos y herramientas que ni siquiera el Presidente tiene de esa densidad, profundidad y antigüedad, y le permitirían eludir barreras formales. Ni hablar de las limitaciones que en esas materias tiene en comparación la secretaria general de la Presidencia y Adorni, a pesar de su relación privilegiada con el jefe del Estado. Santilli, en cambio, aquilata bastante más experiencia en la superficie y el subsuelo.
Caputo hace demasiados años que juega en una liga a la que los Milei y Adorni ascendieron hace muy poco. Tiene antiguos vínculos económicos y personales con la mayoría de los actores del poder real de la Argentina. Cuenta con un portafolio de información de cada uno de ellos como pocos tienen y, además, Milei le entregó desde la llegada a poder la jefatura real del mundo del espionaje estatal y el verdadero control comunicacional, por vías formales, informales, estatales y paraestatales. A eso suma un nivel de cercanía y capacidad de influencia con el Palacio de Hacienda, en manos del tío Toto.
Se entiende, así, que la apertura controlada del Gobierno, con el sello de Karina Milei, deje abiertas muchas incógnitas.
El horizonte diáfano que en lo inmediato le dejaron las elecciones, con el colapso de las fuerzas opositoras, y la recuperación de la confianza de los mercados, sin embargo, no asegura que el cielo siga igualmente de despejado.
Fuente: La Nación
