Cada vez más personas recurren a la inteligencia artificial no solo para la resolución de tareas prácticas y cotidianas en el trabajo o la casa, sino para conversar y obtener apoyo emocional.
Esta tendencia la puso de relieve un estudio, el cual afirma que uno de cada tres adultos utiliza sistemas de IA con fines de contención afectiva o interacción social.
Este dato surge de un reporte del AI Security Institute, un organismo creado por el Gobierno británico para mensurar los riesgos y capacidades de los modelos avanzados de inteligencia artificial.
Si bien, el estudio se realizó sobre la base de encuestas hechas a 2 mil habitantes del Reino Unido y diferentes pruebas realizadas en los últimos dos años en relación a 30 sistemas de IA, los chatbots conversacionales como ChatGPT son la opción más utilizada para este tipo de acompañamiento digital, seguidos por asistentes de voz como Alexa.
En algunos casos, la dependencia es cotidiana: una de cada 25 personas afirmó recurrir a la IA todos los días para conversar o recibir apoyo.
A su vez, el reporte visibilizó que cuando estos sistemas fallan, la gente que interactúa en forma estructural con los mismos entran en cuadros de abstinencia, tristeza y problemas de sueño.
El estudio pone en el centro de la discusión no solo el avance de la IA, sino también la creciente dependencia que desarrollan los seres humanos hacia ella.
Estas dos tendencias se entrelazan entre sí de forma dialéctica, ya que al depositar funciones de apoyo, ayuda y acompañamiento, la IA se entrena y adquiere una mayor autonomía, lo cual genera preocupación en un sector de la comunidad científica detrás de su desarrollo. El alerta reside en las consecuencias que ello puede tener en materia de ciberseguridad, medio ambiente e integración social.
