Por Gustavo Stok
Los niveles de aprobación tanto del gobierno como del presidente Javier Milei están en caída, según el consenso de los estudios de opinión pública.
Esa tendencia sostenida desde inicios de este año viene siendo impulsada por factores diversos que van desde la contracción del poder adquisitivo y las dificultades para cubrir los gastos fijos que enfrenta una porción cada vez más amplia de la sociedad hasta el debilitamiento de la retórica «anticasta» a partir del interminable affaire con sospechas de corrupción que involucra al exjefe de gabinete Manuel Adorni.
Aún en medio de ese deslizamiento de su imagen, el gobierno y el presidente conservan un núcleo duro en torno al 35% de la población. Sin embargo, uno de los rasgos que las encuestas vienen registrando con nitidez es que ese apoyo está basado cada vez en mayor proporción en los varones, sobre todo en los menores de 30 años. En sentido opuesto, las mujeres vienen consolidando su distanciamiento del presidente. Con eso, la brecha de género en el apoyo -y rechazo- al gobierno alcanza niveles históricos.
«Es un rasgo de época que se viene profundizando: si solo votaran las mujeres, probablemente Milei nunca hubiera sido presidente», dijo a El Economista el analista político Lucas Romero. «En buena medida, el rechazo que genera Milei en las mujeres no fue construido por una decisión o una conducta, sino que se fue conformando a lo largo del tiempo», agregó.
El promedio de los sondeos indica que dos de cada tres mujeres rechazan la gestión libertaria. Esa desaprobación alcanza niveles aún más elevados entre las que tienen entre 16 y 29 años. De acuerdo a la media móvil de los últimos tres meses en las encuestas de Synopsis Consultores, mientras entre los varones de esa franja etaria el apoyo al presidente asciende al 42,8%, en las mujeres es de apenas el 16,8%.
«Las posiciones de derecha, y sobre todo de extrema derecha de líderes como Milei, están generando la misma reacción en todo el mundo», señaló Romero. «Los procesos que se ven en materia de masculinidades y cómo los hombres vienen procesando el fenómeno cultural de la revolución feminista han hecho que las mujeres se hayan vuelto más liberales en el sentido estadounidense -más progresistas- y los varones se hayan vuelto más derechistas», agregó.
Algunas posturas de Milei suelen profundizar esas diferencias. Por caso, el presidente ha rechazado la existencia de una brecha salarial de género y calificó de innecesarias o discriminatorias las leyes específicas sobre violencia de género o femicidios.
Sin embargo, más allá de esas posiciones del presidente enfrentadas con luchas históricas del colectivo feminista, la imagen de Milei también cae más entre las mujeres en buena parte por los sectores afectados en el ajuste económico que su gobierno viene llevando adelante.
«Además de que hay un fenómeno mundial de diferencias de opiniones entre hombres y mujeres respecto a estos líderes de derecha dura y conservadora sobre todo en lo relacionado con la agenda de los derechos, el feminismo y el aborto, también pesa el estilo de liderazgo de Milei, cierta falta de empatía y de sensibilidad expresadas con jubilados, discapacitados y educación universitaria, por ejemplo», dijo a El Economista el analista político Carlos Fara.
«Las mujeres valoran más la sensibilidad, en general: el ajuste es duro y el presidente tiene actitudes un poco destempladas como, por ejemplo, las recientes declaraciones contra los morosos», añadió.
Para Romero, «las formas y los estilos (de Milei) conectan con ese rechazo de las mujeres». «Se supone que la mujer tiende a tener una mirada más compasiva, empática, sensible y es refractaria a quienes no tienen esas actitudes, y Milei es un líder que tiene bajos niveles de empatía y de sensibilidad social», dijo. «Tiene formas y estilos que contradicen todo eso: por donde lo mires se encuentran justificativos para que haya esa brecha de género», agregó.
En todo caso, el tipo de personalidad de Milei parece acentuar un rechazo que tiene como base una situación económica con mayor impacto sobre las mujeres. Además de que la tasa de desocupación femenina supera en forma estructural a la de los varones, las mujeres están más expuestas a la creciente precarización laboral en rubros como el servicio doméstico en casas particulares y en el comercio minorista.
A eso se suma que los ajustes en salud, educación y programas sociales derivan en muchos casos en una mayor carga de trabajo no remunerado, esto es, tareas de cuidado de niños y adultos mayores en los hogares, un peso que continúa recayendo en mayor proporción sobre las mujeres.
¿Habrá efecto electoral?
Independientemente de las causas, hay consenso entre los estudios de opinión pública que el apoyo y rechazo al gobierno tiene un claro sesgo de género. ¿Puede ese cuadro social tener efectos electorales el año próximo?
«Mientras Milei no logre ganar en primera vuelta -una opción que hoy no se ve-, el desafío de ganar en un ballotage se vuelve muy complejo para cualquier candidato si se tiene el nivel de rechazo que el presidente tiene en un segmento de género», señaló Romero. «Si tenés un sesgo de género muy marcado, competís en desventaja», añadió.
Carlos Fara, en cambio, matiza esos riesgos bajo el argumento que «el año pasado ya se verificaba un alto rechazo de las mujeres y eso no le impidió al gobierno ganar las elecciones de medio término». «Hoy lo que sigue cortando más al electorado es que vuelva a o no el kirchnerismo; eso favorece al gobierno y las otras cuestiones empiezan a quedar de lado», afirmó.
En ese marco de riesgos acotados, Fara no avizora demasiados cambios en la estrategia de campaña del oficialismo para el 2027 ligada al voto femenino. «Una vez que se va consolidando un desagrado en un determinado segmento, es difícil que se pueda dar vuelta», señaló. «Además, jugando a la lógica de la minoría nítida, el gobierno no tiene mucho interés en ablandarse como para recuperar votos en el segmento femenino».
El escenario actual, que plantea una histórica brecha en las visiones que tienen mujeres y varones sobre el gobierno, llegó para quedarse. Nada indica que los factores que empujaron a este estado vayan a cambiar en forma sustancial en los catorce meses que restan hasta las elecciones presidenciales. La campaña electoral, entonces, se desarrollará con esas claras diferencias de fondo.
«El gobierno debería buscar mecanismos para al menos suavizar el rechazo del segmento femenino, desde una candidata a vicepresidente mujer hasta rodear al presidente del protagonismo de mujeres que puedan tener mayor llegada a ese género: deberían morigerar ese patrón porque lo puede complicar electoralmente», dijo Romero.
«Sin embargo, no pareciera que Milei y el resto del gobierno estén interesados en mejorar la imagen con las mujeres: no forma parte de su esquema ideológico ni de sus valores sociales y culturales, el rechazo lo asumen como dado», concluyó.
Fuente: https://eleconomista.com.ar
