El economista Juan Carlos de Pablo volvió a poner sobre la mesa uno de los conceptos más repetidos en la actual coyuntura económica: la heterogeneidad. En una entrevista televisiva, sintetizó el momento argentino con una frase que busca escapar tanto del triunfalismo oficial como del catastrofismo opositor: “Ni velorio generalizado ni fiesta eterna”.
La definición aparece en un contexto económico atravesado por señales contradictorias. Por un lado, el Gobierno de Javier Milei exhibe como logros la desaceleración inflacionaria, la recuperación parcial de la actividad y la estabilidad cambiaria. Por el otro, persisten fuertes diferencias sectoriales, caída del consumo masivo y tensiones sociales derivadas del ajuste fiscal.
Los últimos datos difundidos por el Indec muestran una inflación mensual del 2,6% en abril y un crecimiento de la actividad económica del 3,5% interanual medido por el EMAE. Para el oficialismo, esas cifras confirman la consolidación del programa económico impulsado por el ministro Luis Caputo. Sin embargo, De Pablo advirtió que detrás de esos números conviven realidades muy distintas.
La economía de las “dos Argentinas”
El economista sostuvo que la clave del momento económico es comprender la diversidad regional y sectorial. Mientras algunos polos productivos muestran expansión acelerada, otros continúan estancados o en retroceso.
En esa lógica, mencionó el impacto de Vaca Muerta, el auge minero en provincias como San Juan y Catamarca, y el crecimiento de sectores vinculados a energía, minería y economía del conocimiento. Esos rubros aparecen hoy como motores de generación de divisas e inversiones.
Distinta es la situación del comercio tradicional, el consumo urbano y buena parte de las pequeñas y medianas empresas orientadas al mercado interno. Allí el ajuste del poder adquisitivo todavía golpea con fuerza. Las ventas minoristas continúan mostrando dificultades y muchos comerciantes denuncian menor circulación de dinero.
La descripción de De Pablo coincide con diversos análisis privados que observan una economía funcionando a velocidades diferentes. Los sectores exportadores y vinculados a recursos naturales encuentran incentivos en el nuevo esquema macroeconómico, mientras actividades dependientes del salario real todavía no logran recuperar dinamismo.
Inflación en baja, pero con salarios rezagados
La desaceleración inflacionaria es hoy el principal capital político del Gobierno. Luego de los picos registrados tras la devaluación de diciembre de 2025, el índice de precios comenzó una trayectoria descendente.
No obstante, el fenómeno no impacta de manera uniforme. La recuperación salarial sigue siendo parcial y desigual. El empleo formal privado muestra mejoras moderadas, mientras el sector público continúa afectado por recortes presupuestarios y congelamiento de ingresos.
En ese punto, De Pablo hizo foco en la diferencia entre economía formal e informal. Según explicó, los ingresos informales en algunos casos evolucionan más rápido que los salarios registrados, especialmente en actividades ligadas a servicios, comercio digital y trabajos independientes.
La afirmación revela una transformación silenciosa del mercado laboral argentino: crece el trabajo flexible, la intermediación tecnológica y el consumo a través de plataformas digitales, mientras pierde peso el esquema tradicional de empleo estable y comercio de cercanía.
El consumo y el cambio de hábitos
Uno de los ejemplos utilizados por De Pablo para describir esa transición fue el de las compras online. Relató que adquirió un insumo de oficina mediante una aplicación y lo recibió al día siguiente en su domicilio. La anécdota sirvió para ilustrar cómo la digitalización modifica la estructura comercial.
El fenómeno no es exclusivo de la Argentina, pero adquiere particular intensidad en un contexto de recesión y búsqueda de menores costos. Grandes plataformas logísticas y marketplaces concentran parte creciente de las ventas, mientras pequeños negocios barriales enfrentan dificultades para competir.
Ese cambio cultural también repercute sobre el empleo, la recaudación y la dinámica urbana. Muchos economistas sostienen que el proceso es irreversible y obliga a replantear políticas laborales, tributarias y de desarrollo productivo.
Caputo, el optimismo electoral y la cautela del mercado
Durante el Latam Economic Forum, Caputo aseguró que en 2027 “la economía se va a llevar puesta la política” y pronosticó un triunfo cómodo del oficialismo en las próximas elecciones presidenciales.
De Pablo relativizó el impacto inmediato de esas declaraciones. “Esto es día a día”, afirmó, sugiriendo que los actores económicos siguen más atentos a variables concretas —inflación, dólar, tasas y actividad— que a proyecciones electorales de largo plazo.
En los mercados prevalece una mezcla de expectativa y prudencia. Los inversores valoran el superávit fiscal y la disciplina monetaria impulsada por el Gobierno, pero al mismo tiempo observan con atención la sustentabilidad social y política del ajuste.
La gran incógnita sigue siendo si el proceso de estabilización logrará traducirse en crecimiento sostenido y mejora perceptible del ingreso para amplios sectores de la población.
Entre el rebote y la recuperación
Los economistas coinciden en que parte de la mejora actual responde a un efecto rebote luego de la fuerte caída registrada tras la devaluación y el ajuste inicial de la administración Milei. La discusión de fondo pasa por determinar si la economía ingresó en una etapa de recuperación genuina o si todavía atraviesa una estabilización frágil.
La visión de De Pablo intenta escapar de las lecturas absolutas. Ni derrumbe terminal ni prosperidad definitiva. Según su análisis, la Argentina vive una transición compleja donde conviven sectores en expansión, otros en crisis y profundas diferencias territoriales.
En ese escenario, la heterogeneidad aparece como la palabra clave para entender una economía que dejó atrás algunos desequilibrios históricos, pero todavía enfrenta enormes desafíos estructurales.
