Empatar es moneda común en este Lanús modelo 2025. Por eso, el 0 a 0 ante Godoy Cruz, no sorprende. Ya no se puede calificar como algo aislado: 7 igualdades en 9 partidos. Firme abajo, flojo de mitad de cancha hacia adelante. Con pocas ideas claras. Y una dependencia notoria de un jugador vital como Marcelino Moreno, que siempre que agarra la pelota ilusiona con algo diferente. Así y todo, a pesar de esta irregularidad, el equipo de Pellegrino sigue estando entre los ocho que clasifican a la siguiente Fase, ubicado en el 6º lugar de la Zona B con 16 puntos. Aunque claro, quedan tres jornadas, y por debajo del Grana aparecen seis equipos que pelearán hasta el final por los últimos pasajes. Entre ellos, apenas tres puntos de distancia, lo cual indica que el cierre será complicado.
Del partido en Mendoza hay realmente poco para destacar. Ninguno de los dos equipos tuvo méritos suficientes para ganar el encuentro. El Tomba, más necesitado, tuvo un poquito más sobre todo en la primera etapa. Pero apenas, enserio. De hecho, no generó una jugada de peligro sobre el arco de Losada durante toda la noche. Centros, aproximaciones, un tiro libre de Fernández que despejó el arquero del Grana, y nada más. Hasta tres cuartos, merodeó e insinuó. Pero fue flojo su rendimiento teniendo en cuenta que se jugaba una carta importante para soñar con clasificar.

¿Y Lanús? Arrancó con un once raro, probando con Aquino como referente de ataque, lo cual no funcionó. Como tampoco la idea de que Ramírez juegue de extremo por derecha. El ex Boca, no tocó la pelota en esos 45 minutos iniciales que duró en cancha, ya que en el complemento fue reemplazado. Carrera, de doble cinco, otra vez falló. A pesar de haber tenido la chance más clara (¡La única del Grana en el primer tiempo!), a Ramiro le cuesto por el medio y tan lejos del arco rival. Por eso, el complemento, Pellegrino cambió bastante. Incluso sacó al amonestado Méndez. Ubicó a Pérez de cuatro, y Medina en el centro, corriendo a Carrera a la banda.
Funcionar, no funcionó del todo. Pero algo mejoró. Las situaciones de gol, quedaron pendiente también en el complemento, pero Lanús creció en control de juego y se sintió más cómodo. Tuvo dos situaciones: una, en contra de Rasmussen que el arquero sacó del ángulo. Y otra, de la mano de Marcelino, que pinchó el balón ingresando algo exigido al área rival y le pifió al arco por muy poco. Sobre el final, en la última jugada del partido, casi lo gana por media de la pelota parada. Bruno Cabrera, de cabeza, la colgaba fuerte y arriba para darle al Granate los tres puntos. Pero estaba en posición adelantada. Eso, sumado al fuerte golpe que recibió Gonzalo Pérez, dejaron otra vez un mal sabor. El empate, por ahora suma. Pero quedan tres fechas más.
