Según datos citados por Juan Carlos de Pablo sobre cifras del INDEC, el IPC de marzo fue de 3,4%, medio punto por encima de las estimaciones privadas. El dato merece atención no sólo por el número, sino por la composición.
No fue el shock geopolítico —pese a las tensiones entre Israel, United States e Iran— el principal impulsor del índice. Según el análisis, la presión vino por educación: cuotas escolares, útiles y rubros estacionales que arrastraban atrasos.
Ese punto es clave porque rompe una lectura automática. No todo rebrote inflacionario responde a factores monetarios o cambiarios; a veces responde a correcciones de precios relativos.
También hubo otra señal para mirar: los precios mayoristas subieron en marzo el mismo 3,4%, pero con un fuerte salto en petróleo crudo y gas, que aumentaron 27,3%, según los datos mencionados en la nota.
Aquí aparece el interrogante central: ¿ese traslado mayorista puede contaminar abril?
De Pablo sugiere cautela. Históricamente, la transmisión entre precios mayoristas y minoristas no es lineal ni inmediata. Y además en Argentina los combustibles han operado con rezagos regulatorios, algo que amortigua —al menos transitoriamente— el pass-through.
Por eso abril todavía es una incógnita.
Los datos preliminares que cita la columna muestran un arranque menos inquietante. Según FIEL, los precios al consumidor habrían subido 1% en la primera semana de abril y 0,4% en la segunda. De confirmarse esa tendencia, el ritmo parecería inferior al observado en enero y febrero.
Eso no garantiza una inflación baja para el mes. Pero sí pone un freno a las proyecciones alarmistas.
Y conviene subrayarlo: en coyunturas internacionales tan volátiles, pronosticar inflación mensual es casi ejercicio de aproximación.
Más aún cuando el frente externo sigue siendo incierto. En Estados Unidos —como recuerda el artículo— la inflación de marzo fue 0,9%, triplicando los meses previos, empujada por energía: gasoil (+21,2%) y fueloil (+30,7%). Si ese shock energético persistiera, podría reabrir tensiones globales sobre commodities y costos importados.
Argentina no está blindada frente a eso.
Pero tampoco todo shock externo se traduce automáticamente en un salto local del IPC.
Ese parece ser, precisamente, el mensaje de fondo de De Pablo: evitar tanto el exitismo como el dramatismo.
Marzo mostró que la desinflación no es un proceso lineal.
Abril, hasta ahora, insinúa que tampoco todo rebote es cambio de régimen.
La discusión de fondo no es si el próximo dato da 3%, 3,5% o menos. La discusión es si el proceso conserva tendencia descendente.
Y por ahora, con cautela, esa hipótesis todavía no está descartada.
