Javier Milei sueña con tomar impulso mundialista, pero mejor que no exagere

Los gobiernos que disfrutaron de gran entusiasmo mundialista en el pasado (en 1978, 1986 y 2022) no lo sobrevivieron por mucho tiempo. ¿A Milei puede pasarle algo parecido y que un Mundial exitoso como el que disfrutamos se le vuelva en contra? Tiene algunas ventajas sobre esos predecesores, pero habrá que ver si sabe aprovecharlas.

Marcos Novaro

Columna publicada originalmente en TN

Los partidos de la Scaloneta parecen guionados para enviar mensajes “meritocráticos”: el esfuerzo vale la pena, hay que aguantar en los malos momentos para poder salir adelante, nadie te regala nada y el mejor premio es el que se consigue con el máximo sacrificio individual y colectivo.

Así que, como era de esperar, el oficialismo echó mano del “ejemplo” para abonar su ética del ajuste. Aunque manteniendo una prudente distancia, en la Rosada creen que todo este entusiasmo mundialista va a beneficiarlos. ¿Será así?

Nada de todo eso importará demasiado si, pasado el Mundial, la opinión de que ya nos esforzamos mucho en el camino del ajuste, y sin embargo aún los resultados no llegan al bolsillo de la mayoría, se sigue extendiendo.

Al contrario: podría suceder que el ejemplo de la Scaloneta tenga un efecto boomerang: y que el ánimo colectivo se deprima aún más de lo que ya está, al comprobar que nuestra vida cotidiana no se acomoda para nada a estos días de gloria y el entusiasmo que están por concluir, y el sentido de comunión que disfrutamos durante los partidos es más fácil volcarlo en contra que a favor de las autoridades.

Mario Kempes, figura excluyente del Mundial 78.

Mario Kempes, figura excluyente del Mundial 78.

De hecho, esto último es lo que le sucedió a los gobiernos que disfrutaron de los mayores entusiasmos mundialistas de nuestra historia.

Los antecedentes

Después del ´78, los jerarcas de la dictadura pensaron que el consenso social conquistado les iba a durar años, y sin embargo ya en 1980, fruto de la crisis económica, las críticas externas y las disputas intestinas nunca resueltas dentro de los cuarteles, se empezó a resquebrajar.

Aunque 1986, fue por muchos motivos el mejor año del gobierno de Alfonsín, en el siguiente, inflación en alza mediante, él perdió por paliza las legislativas y a gobernadores.

Maradona levanta la copa en 1986.

Maradona levanta la copa en 1986.

Por último, en el más cercano 2022, a Alberto Fernández le fue aún peor que a sus “afortunados” predecesores: no pudo disfrutar ni un ápice del entusiasmo colectivo generado por la Scaloneta, y terminó de hundirse en la estima social en alguna medida por sus esfuerzos infructuosos por subirse a ese carro.

El caso actual

¿No corre un alto riesgo Milei de que le pase algo parecido, dado que ya el ánimo colectivo está bastante por el piso, sus promesas superoptimistas de que a esta altura estaríamos creciendo “como pedo de buzo” le vienen jugando en contra, y no parece que vaya a tener mucho más para ofrecer de acá al año que viene, cuando se vuelva a votar?

Messi ganó con Argentina el Mundial 2022 en Qatar (Foto: EFE)

Messi ganó con Argentina el Mundial 2022 en Qatar (Foto: EFE)

La diferencia que lo separa de esos otros presidentes afortunados en el campo de juego pero desafortunados en conservar el amor de la gente es que tiene las variables macroeconómicas bastante más bajo control que en 1978, 1986 y 2022, y que los opositores lo hacen aún peor que él: las tonteras que han dicho desde las usinas propagandísticas del kirchnerismo sobre la “falta de compromiso nacional y popular de la scaloneta”, la condición de “desclasados” de sus integrantes y su supuesta inferioridad moral frente al Diego salvan a Milei de hacer papelones en su esfuerzo por mostrar sintonía con una selección y un capitán que se han vuelto un símbolo en todo el mundo. Salvo para algunos pocos comentaristas resentidos de España y México, que seguro pueden sintonizar con nuestros Mengolinis y Brancatellis.

Pasada la final del domingo, Milei espera poder recuperar el centro de la escena, e inaugurar un segundo semestre más provechoso que el primero: avanzar con su agenda legislativa, en particular con la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y con la reforma política, para asegurarle a los mercados que nadie va a volver a usar la emisión para financiar al fisco (cosa de terminar de hundir el riesgo país y poder volver a los mercados, aunque Luis Caputo ande sacando pecho de que no los necesita) y que nadie más que quien esté en control de las cajas del Estado va a poder unificar una propuesta nacional (otra paradoja libertaria: quieren retirar regulaciones públicas sobre la vida interna de los partidos, pero no para asegurar más libertades, sino la debilidad de los actores sociales frente al gobierno de turno).

Si Argentina es de vuelta campeón, tal vez una ola de optimismo colectivo lo ayude en estos objetivos, y pueda empezar la campaña por su reelección con el terreno inclinado a su favor. Habrá que ver.