Morales Solá: “El plan de Milei para la reelección”

Diego Santilli no tiene la vieja cercanía laboral de Nicolás Posse con Javier Milei, ni cuenta con el respeto intelectual y con la larga cercanía de Guillermo Francos con el Presidente. Tampoco es una creación propia del jefe del Estado, como lo fue Manuel Adorni, y por eso se aferró a este hasta que la política le indicó que le estaba costando más de lo que valía. Santilli tiene su propia y extensa historia política, no surgió de los afectos ni de las escasas amistades que prodiga Milei y se balancea con audacia entre las dos terminales del mileísmo: la de la hermanísima Karina y la del poderoso asesor presidencial Santiago Caputo. Sin embargo, el nuevo jefe de Gabinete acaba de hacerse con el poder más significativo que haya tenido un jefe de los ministros desde que ese cargo se creó con la Constitución de 1994. Por lo pronto, ningún otro jefe de Gabinete fue también ministro del Interior e interlocutor privilegiado de los gobernadores y del Congreso, que es el amplio abanico de funciones que le dieron el viernes último por formal decreto.

Francos tuvo esas funciones, pero de facto, no explicitadas en una resolución presidencial. Durante parte de su gestión como jefe de Gabinete, Francos colocó a un colaborador de su total confianza, Lisandro Catalán, como ministro del Interior. Francos llegó hasta ahí y no pudo cruzar ese límite, acorralado por la lucha interna entre Karina Milei y Santiago Caputo. ¿Por qué con Santilli es distinto? La respuesta podría resumirse en una breve frase: porque nunca Milei estuvo tan cerca de jugar a cara o ceca su presidencia. Eso sucederá dentro de poco más de un año, cuando deba revalidar su título de victorioso jefe de la nación política. El Presidente tiene la aprobación actual por debajo del 40 por ciento y aunque dejó de caer, es un porcentaje que no le asegura una cómoda reelección en primera vuelta. Cerca del despacho de los presidentes aseguran que Karina Milei ya no insiste con enfrentar esas cruciales elecciones solo con candidatos de La Libertad Avanza. Santilli está construyendo, además, un puente entre las posiciones de ella y las de Santiago Caputo; el jefe de Gabinete llegó aupado por la secretaria general de la Presidencia, pero nunca dejó de dialogar con el influyente asesor de Milei. Santilli en estado puro.

Siempre cruza las líneas de fuego sin que las balas lo hieran o lo rocen. Caputo proponía una alianza con 14 gobernadores; el proyecto consistía en dejarles todos los cargos provinciales a los mandatarios locales, pero se reservaba para el mileísmo todas las candidaturas a senadores y diputados nacionales. Karina Milei, que sabe menos de política y tiene menos experiencia electoral, quería enfrentar las próximas elecciones solo con mileístas. Era un salto mortal sin red. Ella se recibió de especialista en elecciones (y su hermano le creyó) cuando ganaron ampliamente las elecciones de mitad de mandato en octubre de 2025. Los dos son desagradecidos, porque no lo convirtieron a Axel Kicillof en el santo patrono del mileísmo por haber desdoblado las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Kicillof ganó en su distrito en septiembre, pero ese triunfo espantó a tanta gente que Milei se impuso por una buena diferencia de votos en los comicios nacionales del mes siguiente. Gracias, Kicillof. Es hora de decirlo.

Santilli, cuentan los que lo merodean, encontró una diagonal entre Karina y el asesor Caputo. Ese atajo consistiría en promover alianzas con los gobiernos de diez o doce provincias. Descartan a algunas peronistas por insalvables (como La RiojaFormosa o Tierra del Fuego) y a otras porque les afectaría la estética, como la del gobernador peronista tucumano Osvaldo Jaldo, a pesar de que este es un aliado parlamentario casi permanente del gobierno nacional. Jaldo se propone matar a su antecesor, Juan Manzur, como este exterminó a su predecesor José Alperovich. Ninguno leyó a Maquiavelo, pero cumplen a rajatablas las reglas del intelectual florentino. En otras provincias, como Santa Cruz, están obligados a una alianza con el gobernador peronista, aunque no kirchnerista, Claudio Vidal, porque si lo dejan solo podría volver el kirchnerismo al poder provincial. En otras dos, Neuquén y Río Negro, el gobierno mileísta está negociando acuerdos con los partidos provinciales que administran esos distritos: el rionegrino de Alberto Weretilneck, líder de una poliédrica coalición local, y el neuquino Rolando Figueroa, un disidente del eterno sapagismo.

Los seguidores de Milei no imaginan un acuerdo con el peronismo de Córdoba, sino una alianza con el macrismo y el radicalismo para enfrentar a los herederos de José Manuel de la Sota. Faltan los dos distritos más estratégicos del país, como lo son la provincia de Buenos Aires, por su magnitud, y la Capital Federal por su exposición política nacional y por ser la cuna de Pro, el partido que fundó Mauricio Macri. El mileísmo está dispuesto a ensayar acuerdos con el macrismo en los dos distritos. En la provincia de Buenos Aires, intentan buscar un candidato común a gobernador para suceder a Kicillof, que no tiene posibilidad de aspirar a una reelección, pero hasta ahora solo existe la del macrista Cristian Ritondo, presidente del bloque de Pro en Diputados. Ritondo cultiva buena relación con el gobierno de Milei, con Santilli y con Santiago Caputo. Y Macri confía en él. Son de los que creen que muy pocas peleas políticas valen la pena. Falta saber (y por ahora no lo sabe ni el mileísmo) si el gobierno nacional pondrá su propio candidato y cómo se resolverá esa disputa si existiera. En la Capital está acordado en grandes trazos un acuerdo electoral con Pro, pero el gobierno nacional se niega tenazmente a la reelección de Jorge Macri porque considera que su gestión es mala e impopular, además de otros cuestionamientos menos políticos y más personales. La dirigencia de Pro ya lo sabe y parte de esa conducción coincide con la opinión del gobierno nacional: cualquiera, menos Jorge Macri.

Mauricio Macri puede ceder cualquier cosa, menos el liderazgo de su partido en el distrito donde nació y creció, y desde donde llegó hasta la presidencia de la Nación. El gobierno de Milei le ofreció al expresidente que el candidato a alcalde sea alguien de Pro, aunque se reserva la vicejefatura del gobierno porteño para La Libertad Avanza. No es una mala propuesta; el escollo consiste en cómo sacarlo del medio a Jorge Macri. O en quién le dice que debe volver a casa.

Algunas de esas competencias podrían resolverse con primarias simultáneas y obligatorias (las famosas y detestadas PASO), que aún existen por una ley de Néstor Kirchner. Milei no quiere saber nada con las primarias obligatorias. Considera que significan un excesivo gasto para el Estado (unos 300 millones de dólares) y que es inhumano obligar a la sociedad a votar en algunos distritos hasta seis veces en un año. Sucede entre primarias, primeras vueltas y segundas ronda electorales. Es cierto: eso sucedió en la Capital cuando se votaron de manera desdoblada las autoridades locales de las nacionales. El problema del gobierno federal se cifra en que ni Pro ni el radicalismo, que son los que lo ayudan a aprobar las leyes en el Congreso, quieren eliminar las elecciones primarias. Versiones confiables aseguran que Santilli hizo una pregunta: si no quieren la eliminación de las PASO, ¿qué les parece una suspensión?. No hay respuesta todavía. Pero Santilli tendría un argumento para desestabilizar la negativa de los amigos o aliados políticos: las elecciones primarias del próximo año servirán solo para resolver la interna del peronismo entre el kirchnerismo de La Cámpora y el peronismo no kirchnerista. ¿Para qué hacerles ese favor? ¿Para qué, si Cristina Máximo Kirchner están cada vez más aislados y con menos votos?

Alejandro Catterberg suele decir que la reelección de Milei depende de un mayor respeto al imperio de las instituciones y de un mejor ritmo en el crecimiento de la economía y el consumo. Con las instituciones nadie puede hacer nada, salvo que el Presidente advierta que un sector social, que lo votó y que cree en las líneas gruesas de su gobierno, reclama menos gritos y mejor relación con la política. Si él no acepta ese requisito creciente que imponen numerosos sectores sociales, no hay Karina ni Caputo ni Santilli que puedan hacer algo. No son pocos los que creen, incluso dentro del mileísmo, que si fracasara la experiencia del gobierno actual no habrá una Argentina mejor para muchas generaciones actuales y por venir. ¿Será capaz Milei de dejar atrás al outsider exagerado y furioso que conquistó en su momento a una sociedad enojada? La historia está aún por escribirse.

La otra condición, la futura cadencia de la economía, obliga a ir de la Casa de Gobierno a la vereda de enfrente, donde están los economistas del oficialismo. La economía de Milei promovió los superávits fiscal y de la balanza comercial; cambió un pasado nacional con una inflación muy alta (si se exceptúa el período de Domingo Cavallo, con perdón de Milei), pero bajó el consumo, sobre todo si se lo compara con el consumo artificial de los años 2022 y 2023, los últimos años del último kirchnerismo. Sucede que los salarios aumentaron en el período de Milei el 2,1 por ciento, mientras la inflación, aun declinante, rozó el 3 por ciento. ¿Perspectivas para el año próximo? “Va a haber una recuperación moderada del consumo, mejor que en los últimos cinco meses”, asegura, por ejemplo, el economista Fausto Spotorno. Habrá al mismo tiempo una módica recuperación salarial, anticipan; todo es estrictamente prudente cuando Milei pone en juego el futuro de la inflación, cuyo descenso es para él su mayor capital político. Por eso, nadie descarta que haya comenzado también una lenta suba del precio del dólar, casi igual que en el resto de América Latina. La Argentina no puede darse el lujo de subvaluar el dólar durante mucho tiempo, sobre todo si compara la relación del dólar con el real brasileño. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y el país que más adquiere productos manufacturados, que significan el 64 por ciento de las exportaciones al vecino gigante, según el Indec y la Bolsa de Comercio de Rosario. De acuerdo con ese informe, el intercambio comercial entre los dos países en 2025 fue de más de 31.000 millones de dólares. Es mejor que Milei conserve la boca cerrada cuando habla de Lula da Silva, le gusten o no las ideas y los modos del presidente brasileño, que ciertamente fue mejor y menos ideologizado en sus mandatos anteriores. Les affaires sont les affaires (los negocios son los negocios), aconsejaría el dramaturgo francés Octave Mirbeau.

También aquella depreciación del salario coincidió con una actualización del precio de todas las tarifas, más que nada de la electricidad, el gas, el agua y el transporte. Según fuentes seguras, ese proceso, que trasladó el viejo sistema de subsidios kirchneristas al precio real de los servicios, está ya prácticamente terminado, aunque faltan algunos “retoques”, según adelantan los que saben. No esperan, con todo, fuertes aumentos para este año ni, mucho menos, para el año próximo. Milei será muy disruptivo, pero no lo suficiente como para cruzar la línea roja que impide impulsar grandes aumentos de tarifas en años electorales. El Gobierno necesita atender también a los sectores que están inmediatamente por encima de la línea de la pobreza, que son los que más sufren la escasez de la era mileísta. Los que están bajo la línea de pobreza no solo tienen subsidios; también la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, les aumentó esas ayudas del Estado en un 400 por ciento. Tales subsidios los recibe cada beneficiario directamente en su cuenta bancaria. Adiós entonces a los lideres piqueteros, cuestionados además ante la Justicia por prácticas corruptas en el manejo de los subsidios que ellos distribuían con sus filias y sus fobias. Son las razones más fuertes del regreso del orden público, perdido durante los 20 años de hegemonía kirchnerista. Ante semejante opción electoral, el mejor plan de Milei consistirá en no equivocarse cuando deba elegir con quién y cómo les pedirá un nuevo crédito político a los argentinos.

Fuente: La Nación