Peronismo en implosión: la guerra Cristina–Kicillof reabre el ciclo de autodestrucción del poder

La escena que describe Jonatan Viale no es nueva en la política argentina, pero sí vuelve a adquirir un carácter preocupante por su recurrencia: el oficialismo opositor —en este caso el kirchnerismo— parece atrapado en un ciclo de autodestrucción que ya mostró consecuencias concretas en el pasado reciente.

La tensión entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, según el artículo, no es apenas una diferencia táctica o de liderazgo. Se trata de una disputa que, de acuerdo con declaraciones citadas, habría escalado a un nivel de coordinación interna para erosionar una candidatura propia. El señalamiento del entorno de Kicillof —particularmente del periodista y dirigente Roberto Navarro— apunta a una ofensiva articulada desde el núcleo duro del poder kirchnerista.

El dato no es menor: cuando una fuerza política pasa de la competencia interna a la deslegitimación sistemática de sus propios cuadros, el problema deja de ser electoral y se vuelve estructural. La referencia a intervenciones públicas de figuras como Mayra Mendoza, Oscar Parrilli y Horacio Verbitsky refuerza la idea de un frente interno fragmentado, donde ya no hay conducción clara ni mecanismos efectivos de ordenamiento.

Viale establece un paralelismo con la experiencia del gobierno de Alberto Fernández, donde la interna con el kirchnerismo derivó en episodios extremos, como la renuncia simultánea de funcionarios clave. Ese antecedente funciona como advertencia: cuando la disputa interna se vuelve pública, persistente y personalista, termina afectando la capacidad de gobernar.

Hay además un elemento político de fondo que el artículo subraya: la ausencia de un “plan B”. La afirmación de Parrilli —“no hay plan B”— en relación a una eventual candidatura que no sea la de Cristina Kirchner revela una lógica de cierre que limita la renovación y amplifica el conflicto. En términos de estrategia electoral, esto implica un riesgo evidente: condicionar todo el armado a una figura con restricciones judiciales y alta polarización.

Sin embargo, el enfoque de Viale no se limita al diagnóstico del peronismo. Introduce también una advertencia hacia el oficialismo actual. La interna entre sectores cercanos a Javier Milei —particularmente entre el entorno de Karina Milei y el de Santiago Caputo— aparece como un espejo en formación. La mención del conflicto entre Lilia Lemoine y referentes digitales del oficialismo refuerza esa idea: ninguna fuerza está exenta de reproducir dinámicas autodestructivas.

El concepto de “fuego amigo” funciona aquí como eje interpretativo. No es simplemente una metáfora: describe un patrón repetido en distintos gobiernos —desde la Alianza hasta el macrismo— donde las disputas internas erosionan la autoridad política y terminan debilitando la gestión.

La conclusión es menos ideológica que operativa: las internas son inevitables en cualquier coalición, pero su administración define la viabilidad del proyecto. Cuando se transforman en guerras abiertas, el costo no lo pagan solo los dirigentes, sino el sistema político en su conjunto.

En definitiva, la nota expone un problema recurrente de la política argentina: la dificultad para procesar el conflicto sin destruirse. Y sugiere, implícitamente, que el verdadero desafío no es evitar las diferencias, sino construir mecanismos para que no deriven en crisis de gobernabilidad.

Fuente TN