Por qué Milei necesita enemigos más allá de la Argentina

Hugo Alconada Mon

No parece tener sentido. El presidente Javier Milei expulsó de la Argentina a un periodista brasileño por sus críticas al Gobierno libertario y su simpatía declarada por Luiz Inácio Lula da Silva. Pero el “león” libertario viajó antes a Brasil y se entrometió en las elecciones de ese país. Y ahora viajó a España, en plena precampaña, se peleó con la mitad de los políticos y la otra mitad lo esquivó o lo padeció como una mancha venenosa. No parece tener lógica, no. Salvo para el propio Milei. Y la tiene: el libertario convierte los conflictos diplomáticos en una herramienta de construcción política.

Para un observador imparcial, Milei tiene mucho para perder y poco para ganar con esos viajes. En la Argentina, sólo le sirve para fidelizar el núcleo más duro de los adherentes que ya lo apoyan. Pero aleja a aquellos que votaron por él en el balotaje de 2023 y podrían apoyarlo en 2027, sólo si las otras opciones electorales son peores. Y a esos votantes, sus peleas y sus insultos les causan rechazo.

En el frente externo, queda claro que la alquimia tampoco parece funcionar. Si triunfan los líderes con que antagoniza (en Brasil, en el balotaje de este domingo 25; en España, en las generales del 29 de noviembre), Milei tendrá enemigos -o cuanto menos antagonistas- en Brasilia y Madrid, como ya los tiene en México y otra media docena de países de América Latina. Pero tampoco queda claro que los candidatos afines estén felices de recibirlo, dado el potencial costo político de una asociación pública con el “león” argentino. De hecho, varios lo han esquivado cuanto pudieron.

¿Flávio Bolsonaro? Evitó responder si apoya el modelo de Milei durante el debate presidencial que mantuvo el domingo 18 con Lula. Cuando este le preguntó si iba a pedirle prestada la motosierra al argentino, Bolsonaro esquivó la pregunta y contestó hablando de Maduro. ¿Isabel Díaz Ayuso? La presidenta de la Comunidad de Madrid fue la única dirigente de peso del PP que recibió al argentino, sin mucha pompa institucional, entre el abrazo entusiasta y la incomodidad de las manos, en las instalaciones del Canal de Isabel II y no en la sede del Gobierno regional, en la Puerta del Sol. ¿Santiago Abascal? El líder de Vox, la extrema derecha española, lo atendió por videollamada desde una furgoneta, pero no hubo selfie juntos.

En política, hay dos máximas clásicas que suelen funcionar desde tiempos inmemoriales. ¿La primera? “No interrumpas a tus rivales cuando se están equivocando”, que se atribuye a Napoleón. Y algo sintomático de la visita de Milei a España es que el PSOE convirtió sus insultos en una oportunidad política. Colgó una lona en su sede de la calle Ferraz con un mensaje que decía “Hola, Milei. Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España”, acompañado del lema “Zurdos y orgullosos”, que el propio Pedro Sánchez incorporó a sus perfiles en redes.

¿La segunda máxima? “Nada une más el frente interno que un enemigo externo”. Milei, con sus insultos y sus provocaciones, puede terminar ofreciéndole a Sánchez un adversario útil para movilizar a sus propias bases. La confrontación, que el argentino utiliza para reforzar su identidad política, también puede convertirse en un recurso para sus rivales.

Acaso convenga recordar que sólo durante los primeros siete meses de mandato, Milei protagonizó roces diplomáticos con Pedro Sánchez (que derivaron en 2024 en el retiro de la embajadora española en Buenos Aires), Lula da Silva, Gustavo Petro (Colombia), Andrés Manuel López Obrador (México), Luis Arce (Bolivia) y Nicolás Maduro (Venezuela), a un ritmo de casi un conflicto internacional cada 45 días, según un relevamiento del portal Chequeado.

Pero entonces, ¿por qué Milei actúa así? Sus acólitos argumentan que “él es así”, que es “auténtico” y que la sociedad le reconoce su “sinceridad”, digna de un outsider que embiste contra el statu quo y “la casta”. También sostienen que solo alguien dispuesto a desafiar las convenciones puede impulsar los cambios de raíz que necesita la Argentina. Ese argumento conecta con la imagen que Milei ha construido de sí mismo y con su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, en enero de 2025.

Hay algo más, sin embargo, algo de cálculo político en las acciones y dichos del libertario, que todavía competía por la Presidencia en 2023 cuando dejó claro a todos que se alinearía por completo detrás de Estados Unidos e Israel. Y su apuesta con Donald Trump tuvo ya un rendimiento tangible. En octubre de 2025, el Salón Oval lo auxilió en plena tormenta cambiaria con un swap de 20.000 millones de dólares y compras directas de pesos, terció por su gestión ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) y le abrió la puerta a las grandes ligas globales, algo que el argentino de otro modo no tendría.

Con insultos, palabras soeces y conductas alejadas de cualquier protocolo, la estrategia de Milei apunta, pues, a consolidar su perfil político en la arena internacional y su alianza con sectores de derecha dura. Pero también confía en que el dinero corre por una senda desinteresada por las palabras. Y que las inversiones externas fluirán a la Argentina. Las urnas de Brasil, este domingo, y las de Estados Unidos y España, en noviembre, dirán si la apuesta le sale bien. Y el arribo de dólares frescos todavía debe probarse (El País).