Marcos Victorica
Immanuel Kant decía que un pueblo educado es un pueblo libre, y yo añadiría que un pueblo educado vale más que un millón de Vacas Muertas. Los recursos naturales le dan a la Argentina la capacidad de abastecerse e insertarse en el mundo como proveedores; sin embargo, ser eficientes en el aprovechamiento de esos recursos y despegar como potencia es algo que se consigue con educación.
La educación es la puerta a un futuro mucho más brillante, pero hoy es una realidad precaria en un país que es rico en recursos y descansa en eso, en lugar de invertir en la preparación y formación intelectual de sus niños y jóvenes.
Los resultados más recientes de las Pruebas PISA dejaron en evidencia, una vez más, una realidad que nuestro país arrastra desde hace muchos años. El 72,9% de los alumnos no alcanzan niveles básicos en Matemática, según datos oficiales de OCDE; Argentina quedó en el puesto 66 de 81 países. En Lectura y Ciencias apenas se alcanzaron los puestos 58 y 60, y la mitad de los estudiantes no lograron alcanzar el nivel 2 de desempeño.
En las mismas pruebas, Singapur obtuvo el primer puesto en Matemática, superando en más de 197 puntos a Argentina. Un país sin recursos naturales, sin agua pura, con graves problemas de inundaciones por su geografía isleña, pero que logró aumentar su PIB per cápita de 400 dólares a unos 66.000 en poco más de 70 años. En contraste, en ese mismo período de tiempo, el PIB per cápita argentino pasó de ser de 1.900, muy superior al de Singapur, a solo 13.000 dólares, quedando drásticamente lejos.
¿Cómo se explica un crecimiento tan grande en un país sin recursos?, se enfocaron en lo único que tenían a disposición: la educación de calidad para sus niños. La educación le ganó “el partido” a los recursos naturales por goleada. Mejores competencias intelectuales y una compresión estratégica de las tecnologías fueron el apalancamiento para desarrollar mejores soluciones a sus problemas y convertirse en una potencia económica en Asia, sacando ventaja de su ubicación geográfica y su puerto.
Lo logró un país sin recursos y con poco espacio. ¿Qué resultados podría obtener un país como Argentina, con su riqueza natural y su superficie, si construyéramos la solidez necesaria desde la educación? Tenemos todo a nuestro favor, nos falta tomar dimensión del potencial que tiene un pueblo educado para superar desafíos y empujar el país hacia un futuro de crecimiento constante.
Hoy, las herramientas tecnológicas nos brindan un enorme abanico de posibilidades para potenciar la educación desde varias aristas, contemplando los talentos y las capacidades de cada niño o niña. Es un trabajo integral que tiene que cuidarse desde los primeros años de formación, que son determinantes para el desarrollo cognitivo a futuro, hasta la oferta de carreras estratégicas para lograr un aprovechamiento eficiente de nuestros recursos, que afortunadamente tenemos, y hallar soluciones precisas para nuestros problemas.
Marcos Victorica es economista.
Fuente: Clarin

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