Un sanador para el alma herida de la Argentina

Jorge Liotti

La llegada del Papa puede transformarse en un catalizador no solo para los católicos, sino también para una sociedad sufriente; las diferencias políticas y religiosas por la organización de la visita

Es muy difícil identificar una visita más comprometedora que la de un Papa, que tiene la particularidad de hablar de temas sociales, económicos y políticos, pero desde la perspectiva trascendente de la espiritualidad. Su mensaje tiene el sustento de dos mil años de historia del cristianismo y la impronta personal que en este caso León XIV le aporta desde su serenidad y firmeza. Detrás de esa mueca de Gioconda aparentemente impasible se oculta un pastor sensible y un rector determinado. La impresión original de un pontífice gris e inexpresivo fue dejando paso de a poco a la percepción de estar frente a un líder de extrema profundidad, que no necesita ser carismático para empatizar. Un extraño blend entre Chicago y Chiclayo. Otra anomalía en la Santa Sede.

Probablemente su misión principal sea traspasar la capa superficial del bullicio dirigencial que lo va a rodear durante su estadía en el país, para alcanzar el subsuelo de la sociedad, donde habita el alma herida de la Argentina; ese submundo emocional en el que se tramitan los sufrimientos acumulados en los últimos tiempos.

El antropólogo Pablo Semán transmite desconcierto al advertir cuánto dolor parece soportar la gente en la intimidad de su silencio. “Veo una colosal inversión de fuerza psíquica en procesar la situación que atraviesa mucha gente, una sensación de pérdida, como si fuera un duelo. Primero debió tramitar la pandemia, después la inflación del gobierno de Alberto Fernández, después el ajuste de Javier Milei, y ahora enfrenta la pérdida de sentido de todo ese sacrificio. Hoy no le queda más que negar o aceptar esa pérdida de sentido. Y lo hace con muchísima tristeza”. Su crudo retrato procede de múltiples estudios cualitativos en diferentes puntos sensibles del país. Esa es la imagen que devuelve el sismógrafo más profundo. El Papa lo sabe porque mandó a recabar información de primera mano, a través de la Nunciatura, sobre empleo, ingresos, consumo y actividad económica.

Es probable que en las convocatorias masivas que encabezará el Papa, las tres misas principales en el Monumento a los Españoles, en Córdoba y en Luján, convivan tres grupos con motivaciones diferentes. El primero, conformado por los católicos de fe activa, aquellos para los que León XIV simboliza la conducción de la Iglesia que los cobija y la herencia del apóstol Pedro. Son los que podrán revitalizar su espiritualidad en esa demostración de comunidad masiva que el cristianismo propicia.

A diferencia de lo que ocurrió durante la última visita de Juan Pablo II en 1987, cuando era el segmento absolutamente dominante, hoy ese catolicismo practicante está en retroceso. Según el Barómetro de las Religiones de la UBA, un 57,7% se identifica como católico cuando en 1960 lo hacía el 90,5%. Sigue siendo la opción por lejos mayoritaria, pero ya no ostenta la hegemonía de entonces. Es un fenómeno global derivado de los propios errores de la Iglesia, pero también de la pérdida de representación que también afectó a otras instituciones, desde gobiernos y partidos políticos a sindicatos y clubes.

Parte de ese desgranamiento va las expresiones evangélicas, que crecieron hasta el 17,4%, aunque no parece representar el fenómeno popular que se da en países como Brasil. El sociólogo Daniel Schteingart plantea que la alternativa evangélica “se dio con particular fuerza en países de la región más pobres y que partían de niveles menores de urbanización y que tuvieron mayores migraciones internas en las últimas décadas. Centroamérica es donde más se ve esto, pero también Brasil y Perú”. Por contrapartida, la opción secular al catolicismo fue más importante en el cono sur en países históricamente más desarrollados (Argentina, Uruguay, Chile) y urbanizados.

El segundo grupo que muy probablemente nutra las misas de estos días estará compuesto por aquellos que mantienen algún grado de espiritualidad, pero por fuera de la institucionalidad de la Iglesia. Una suerte de fe a la carta, tramitada individualmente, y sin referencias jerárquicas, muy a tono con las dinámicas actuales. En el informe del Barómetro se marca que hay un 22,4% que no tiene filiación religiosa, pero que “no implica necesariamente ausencia de religiosidad. Este fenómeno se aproxima a lo que la sociología denomina ‘creer sin pertenecer’, donde la religiosidad persiste desvinculada de instituciones formales”. Un indicador de la propia Iglesia le da entidad a este colectivo: según sus estimaciones, como máximo el 20% de quienes peregrinan a Luján cada año son organizados por las parroquias; el resto se suma por las suyas en una expresión de fe administrada en sus propios términos.

En este segmento habita buena parte de la juventud, que expresa un índice de desafiliación religiosa del 31%, superior ­al promedio. Marcos Carbonelli, uno de los autores del informe, resalta dos explicaciones interesantes. Por un lado, alinea este corrimiento con la tendencia global hacia una mayor individualización de las sociedades, donde las estructuras verticales generan desafección y distanciamiento. Por el otro, un descalce temporal entre la visión de la Iglesia y la de los jóvenes. “Los jóvenes son testigos de una crisis de futuro por la sensación de incertidumbre en la que viven, y eso les genera una relación distinta con el tiempo. Es una generación más cercana a la gratificación instantánea. El mundo religioso, en cambio, se basa en la promesa de una vida realizada en el más allá, distante temporalmente”, analiza Carbonelli.

Evolución de la Identidad religiosa en la Argentina

La gran novedad sería si al grupo de los católicos activos, y a los desinstitucionalizados se suma un tercer actor, integrado por quienes sienten necesidad de “un hospital de almas”, en términos de Semán. Por aquellos que, sin ser creyentes o sin identificarse religiosamente, se sienten atraídos por el mensaje sanador de un mensajero que habla de comprensión y amor. Los marginados, los caídos del sistema, los discapacitados, los que sufren por cuestiones materiales, pero también por soledad e incomprensión. Aquellos que buscan aliviar sus heridas como seres humanos. Los que verán a León XIV en la cárcel de Devoto y en el Cottolengo Don Orione (la actividad más crítica para el Gobierno, que mantuvo desfinanciado ese centro hasta que se confirmó la visita papal), pero que también es probable que se acerquen a las manifestaciones masivas.

La interpelación a la política

Esta convergencia de universos distintos es reflejo de una sociedad moderna mucho más compleja y variada, pero igualmente necesitada de reparación. Y es el dato que más interpela a la política, porque no se basa solo en una demanda religiosa, que en todo caso corresponde a la Iglesia, sino que se fundamenta en una necesidad de comprensión y de atención. El temor secreto del Gobierno es que cualquier mención del Papa a la situación de los más necesitados se convierta en un coro de reclamos anti-Milei.

Quienes están cerca del Presidente reportan que lo ven “exultante” con la visita de León XIV, en gran medida porque siente que responde a una invitación que él le hizo. Además llega justo después de una semana muy dura para él por el frente externo y el riesgo país. Quizás pase por alto el motivo real, que es cumplir el viaje de Francisco que no fue. Sin duda, su objetivo prioritario era visitar Perú, la tierra donde se redescubrió en su tarea pastoral, y después sumó las deudas de su antecesor. Argentina y Uruguay habían sido los dos países del cono sur que Bergoglio no pisó en sus pasos por Brasil, Chile y Paraguay (menos mal que no lo incluyó).

La plasticidad espiritual de Milei le permitirá disfrutar de la presencia del jefe de una Iglesia de la cual él se fue alejando con los años, a pesar de su temprana formación escolar. Como Presidente no asistió a celebraciones católicas (excepto las vinculadas a fechas patrias), pero sí a varios eventos de los evangélicos, y especialmente de la comunidad judía, religión por la que se inclinó decididamente a partir de su encuentro personal con Axel Wahnish. El rabino ortodoxo se cruzó en su camino en un momento de dificultades personales y le brindó una contención espiritual imprescindible. Milei también es una persona necesitada del “hospital de almas”. Detrás de sus excentricidades y de sus agresiones habita una persona lastimada y solitaria.

Su hermana Karina, mucho más terrenal y pragmática, está genuinamente “preocupada” porque todo salga tal lo programado. Ella se cargó al hombro toda la organización de la visita papal, en la convicción de que debía unificar las distintas líneas internas del Gobierno. Para eso debió tender puentes con un Episcopado con el que nunca se había referenciado (sí había participado de eventos evangélicos), además de coordinar con la gestión de Jorge Macri, Axel Kicillof y Martín Llaryora.

Fue práctica y ecuménica para resolver en pocos meses un evento gigante. Es probable que hoy sea la primera en emitir un mensaje de bienvenida, para refrendar su protagonismo. A cada actor le delegó la responsabilidad y el financiamiento de los eventos masivos, aunque según la percepción general, su foco principal estuvo en CABA. La misa de mañana, a la que asistirá Milei, contó con un respaldo más decidido, y en ese objetivo coincidió con Jorge Macri, a quien le terminó gestionando un momento personal con la entrega de las llaves de la ciudad. Esto derivó en una insólita politización de los eventos: la misa en el Monumento de los Españoles llevará la impronta de LLA y el Pro, y la de Luján la del peronismo. En una estará la plana mayor del Gobierno; y en otra, Kicillof, con gobernadores e intendentes.

José María Poirier, director de la revista Criterio, entiende que León XIV entraña un dilema para unos y otros. “El Papa claramente no está en la línea ultraliberal y dogmática del Gobierno, sino que manifiesta una atención especial por los problemas sociales. Pero también es incómodo para el peronismo porque no es Bergoglio, no se siente condicionado por su doctrina”. Interpretar a este pontífice con las categorías ideológicas de la grieta sería una exhibición de pereza intelectual.

Esta división incluso desbordó sobre la Iglesia, donde también hubo diferencias. Por ejemplo, los curas bonaerenses se quejaron porque la vigilia de los jóvenes en CABA se superpone con la que habrá en Luján a la espera de la misa del miércoles. Ese día los accesos por ruta estarán cerrados, así que los que quieran participar deberán ir el día anterior. También aducen que no se dispuso feriado nacional el miércoles, como sí se hizo para el lunes, de modo que los bonaerenses que trabajan en Capital no podrán participar.

De fondo aparece también una diferenciación interna entre los huérfanos de Francisco, que interpretan la presencia de León XIV como la reivindicación de la misión pastoral de Bergoglio, y otros que, por el contrario, ven en Robert Prevost una vuelta de página eclesiástica. El Episcopado trató de navegar entre ambas corrientes, planteando que el Papa es el sucesor de Pedro, pero que al mismo tiempo todo el viaje será un homenaje a su antecesor. Una polarización encubierta que todos buscan disimular.

Para la Iglesia local también es un desafío mayúsculo. Por un lado, organizativo, porque en pocos meses debió montar un operativo gigante, con actores con los que mantenía poca relación. Acordó todo lo que debía acordar, y cedió para conseguir financiación. Aceptó un encuentro del Papa con los principales aportantes, como José Luis Manzano, Daniel Vila, Eduardo Eurnekian y los Bulgheroni, así como el esponsoreo publicitario de algunas marcas comerciales. Hubo muchas tensiones por dos encuentros. Uno, el del Palacio Libertad, que será como una Asamblea Legislativa ampliada. Allí Karina decidió invitar a Victoria Villarruel, en el entendimiento que su ausencia incumplía la lógica ecuménica de la Santa Sede. Un milagro de León. Por el contrario, se bajó Mauricio Macri, según algunos, porque no le interesaba; para otros, por sus diferencias con su primo Jorge, quien lo había invitado.

El otro encuentro sensible es del mundo del trabajo en la UCA, donde se congregarán empresarios, sindicalistas, movimientos sociales y organizaciones intermedias. Hay un especial celo por ver qué personajes participan, porque ese evento lo tramitó el Episcopado directamente. Allí se podrá ver quiénes son los interlocutores considerados válidos en esta nueva etapa, si aún rigen las viejas figuras o aparecen rostros renovados.

Pero además de lo organizativo, la presencia del pontífice es un desafío para la Iglesia local en términos simbólicos. “La Iglesia tenía una tradición de eventos masivos, desde los encuentros eucarísticos, hasta los de jóvenes. Ni hablar de la visita de Juan Pablo II. Pero desde hace mucho tiempo no nos probamos en la calle, más allá de las masivas peregrinaciones a Luján. Debemos recuperar esa convocatoria, darle otro tono a la fe. Por eso buscamos hacer abiertos todos los eventos masivos y se rechazó la idea de ir a lugares con aforo, como una cancha de fútbol”, explica uno de los integrantes del Episcopado.

Habrá en los próximos días preguntas mínimas: ¿a quién le habló el Papa?; ¿criticó a Milei o al peronismo?; ¿a quién le hizo el gesto más simpático? Pero de fondo hay un interrogante realmente importante: ¿qué quedará una vez que León XIV deje la Argentina? ¿Puede cambiar algo su visita? Para muchos, quizás sea una voz suave de afecto en medio de los gritos y las agresiones; una luz de esperanza frente a las dificultades cotidianas; una sanación espiritual para los lastimados. No va a poder modificar la realidad en tres días, pero puede hacer una contribución a revalorizar conceptos devaluados, no solo la fe, sino también la compasión, la comunidad y la caridad. En la era de los depredadores, un mensaje celestial.

Jorge Liotti   

Fuente: https://www.lanacion.com.ar