José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850, en su casa de Boulogne-sur-Mer, Francia. Tenía 72 años y llevaba décadas conviviendo con distintos problemas de salud. Sin embargo, quienes lo acompañaban en sus últimos días no esperaban que su muerte estuviera tan cerca.
El certificado de defunción no especificó la causa del fallecimiento y tampoco se conservaron registros médicos suficientes como para establecer con absoluta certeza qué enfermedad terminó provocando su muerte.
La principal reconstrucción médica fue realizada mucho tiempo después por Mario Dreyer, médico del Hospital de Clínicas y profesor de la UBA, quien publicó en 1982 Las enfermedades del general don José de San Martín. A partir de cartas, testimonios y descripciones de sus síntomas, el especialista sostuvo que el Libertador padecía principalmente asma, gota y una enfermedad ulcerosa.
Para Dreyer, citado por Infobae, esta última habría sido la responsable de su muerte.
Las enfermedades que acompañaron a San Martín
Los problemas de salud de San Martín comenzaron muchos años antes de su retiro en Europa.
La enfermedad que más lo afectó habría sido la úlcera, cuyas primeras manifestaciones registradas aparecen hacia 1814. En aquella época, los episodios eran descriptos como “ataques de sangre” y se caracterizaban por fuertes dolores, vómitos, debilidad y posibles hemorragias.
En enero de 1816, mientras organizaba el Ejército de los Andes, San Martín le escribió a Tomás Godoy Cruz para contarle que había sufrido un “furioso ataque de sangre” que lo había dejado 19 días postrado.
Su médico durante aquella etapa, Juan Isidro Zapata, estaba particularmente preocupado por su estado. En una carta a Tomás Guido llegó a advertir sobre el desgaste físico y emocional del general y le pidió que intentara alejarlo de las preocupaciones.
El propio San Martín tampoco ocultaba sus padecimientos. Desde Mendoza llegó a escribir que llevaba meses durmiendo sentado debido a una intensa “fatiga de pecho”, una expresión que los historiadores vinculan con sus problemas asmáticos.
Asma, gota y fuertes dolores
El asma fue otra de las enfermedades crónicas que acompañaron al Libertador.
Según la reconstrucción de Dreyer, se trataba probablemente de un cuadro de origen exógeno, por lo que los ataques fueron disminuyendo con el paso de los años y durante su permanencia en Europa llegó a atravesar largos períodos sin síntomas.
También sufrió problemas articulares que durante mucho tiempo fueron identificados como reumatismo.
Sin embargo, Dreyer consideró que los síntomas descriptos por los contemporáneos eran más compatibles con la gota: ataques extremadamente dolorosos que afectaban principalmente las muñecas, las manos y los pies, pero que luego desaparecían sin dejar deformaciones permanentes.
Tomás Guido dejó una descripción particularmente detallada de esos episodios y señaló que los ataques podían llegar a impedirle a San Martín utilizar la mano derecha para escribir.
Durante sus años en Europa, el general recurrió con frecuencia a baños termales para aliviar los dolores.
Su tratamiento también incluyó el uso de opio, una práctica habitual en la medicina de la época, aunque Guido manifestó preocupación por el consumo excesivo que había adquirido San Martín.
Los últimos años en Francia
Después de alejarse de la vida política y militar sudamericana, San Martín llevó una existencia mucho más tranquila en Europa, aunque sus problemas de salud continuaron.
En 1833 escribió que había sufrido varios ataques inflamatorios en el estómago que habían desaparecido después de hacer reposo y seguir una dieta estricta.
Con el paso de los años, estos episodios se volvieron más frecuentes.
En 1841 comenzaron a presentarse prácticamente todos los años. En enero de 1844, después de atravesar un período particularmente complicado, San Martín llegó incluso a redactar su testamento.

En otra carta dirigida a Guido contó que había pasado cerca de cuatro meses con fuertes padecimientos, al punto de no poder ingerir alimentos sin sufrir violentos cólicos.
A esto se sumó otro problema propio de la edad: las cataratas. San Martín comenzó a perder la visión y llegó a someterse a una operación que no tuvo los resultados esperados.
Aun así, los testimonios de quienes lo conocieron durante aquellos años muestran a un hombre que mantenía una notable vitalidad.
Alberdi quedó sorprendido al conocerlo
Uno de los testimonios más interesantes sobre el San Martín anciano pertenece a Juan Bautista Alberdi, quien lo conoció en París en septiembre de 1843, cuando el Libertador tenía 65 años.
Alberdi llegó al encuentro con una imagen previa completamente diferente. Había escuchado que San Martín tenía una salud muy deteriorada y esperaba encontrarse con un hombre envejecido y físicamente debilitado.
La impresión fue otra. El futuro autor de las Bases aseguró que lo encontró “más joven y más ágil” que otros generales de la época.
También destacó su aspecto físico, su voz y su manera sencilla de comportarse. San Martín, según Alberdi, no tenía una actitud solemne ni afectada y hablaba con la naturalidad de cualquier hombre.
El político tucumano también describió su cabello ya casi completamente blanco, sus cejas oscuras, su nariz aguileña, su barba puntiaguda y una sonrisa que le daba un aspecto particularmente amable.
Alberdi quedó además impresionado por la modestia del Libertador.
Según su relato, San Martín se comportaba como si no hubiera realizado ninguna hazaña extraordinaria. En su casa, mientras conversaban en español y francés, permanecía alejado de cualquier intento de reivindicar sus propios méritos.
En uno de los rincones de su gabinete estaba colgada su famosa espada.
“Un bello anciano”: cómo lo describieron antes de morir
Otro testimonio, esta vez posterior a su muerte, fue dejado por Adolphe Gérard, abogado y periodista francés que conoció personalmente al Libertador.
Gérard lo describió como “un bello anciano”, de elevada estatura, cuyos años, enfermedades y fatigas no habían conseguido encorvar.
También destacó su mirada, sus modales y su enorme cultura. Según el francés, San Martín hablaba con facilidad francés, inglés e italiano y tenía una conversación particularmente atractiva.
La descripción resulta significativa porque permite entender que, pese a sus enfermedades, San Martín no atravesó sus últimos años completamente aislado ni olvidado.
Su opinión continuaba siendo valorada en determinados círculos políticos europeos, especialmente durante las tensiones derivadas del bloqueo anglo-francés al Río de la Plata.
El último día de San Martín
El 17 de agosto de 1850 comenzó, aparentemente, como cualquier otra jornada.
Según el relato de Félix Frías, San Martín se levantó tranquilo, caminó hasta la habitación de su hija Mercedes y pidió que le leyeran los diarios.

Incluso preparó su caja de rapé para convidar al médico que esperaba recibir más tarde y tomó algo de alimento.
Nada parecía indicar que estaba atravesando sus últimas horas.
Su yerno, Mariano Balcarce, también contó que el estado del general no hacía pensar en una muerte inmediata. San Martín conservaba la lucidez y la energía que lo habían caracterizado durante toda su vida.
Después del mediodía comenzaron los problemas.
El general volvió a sentir sus conocidos dolores de estómago. Su médico consideró inicialmente que se trataba de uno de los ataques que ya había padecido en otras oportunidades y que terminaría pasando.
Y así ocurrió durante algunos momentos: los dolores disminuyeron y San Martín llegó a decir que se sentía mejor.
Pero poco después la situación cambió abruptamente.
Según el relato de Balcarce, San Martín pidió: “Llévenme, hijos, a mi cuarto”.
Fue trasladado y, poco después, murió prácticamente sin agonía.
El acta de defunción estableció que el fallecimiento se produjo a las 15, en su domicilio de Grande Rue 105, en Boulogne-sur-Mer. Tenía 72 años, cinco meses y 23 días.
La hipótesis sobre la causa de muerte
Como no existe un diagnóstico médico contemporáneo definitivo, la causa exacta del fallecimiento de San Martín continúa siendo objeto de discusión histórica.
Dreyer descartó que se hubiera tratado de una crisis pulmonar porque los testimonios de sus últimos minutos no describen una situación de asfixia.
En cambio, relacionó el episodio final con la enfermedad ulcerosa que San Martín padecía desde hacía décadas.
La hipótesis plantea que pudo haber sufrido una hemorragia interna provocada por la úlcera, que habría generado una pérdida brusca de sangre y un shock hemorrágico.
Uno de los elementos que reforzó esa interpretación fue que algunos testimonios mencionaron que San Martín sintió un intenso frío antes de perder el conocimiento.
Sin embargo, al no existir estudios médicos modernos ni documentación clínica suficiente, se trata de una reconstrucción médica histórica y no de una causa de muerte oficialmente comprobada.
