Cristina Kirchner vuelve a quedar en el centro de la estrategia electoral del kirchnerismo, mientras crece la disputa con Axel Kicillof por el liderazgo del peronismo. En ese esquema, aparecen Wado De Pedro y Mariano Recalde como posibles candidatos a vicepresidente.
“La historia argentina está llena de fórmulas diseñadas para ordenar internas”, recordó alguna vez la ciencia política al analizar el poder de las candidaturas presidenciales como herramienta de disciplina partidaria. En ese marco, el kirchnerismo vuelve a poner a Cristina Kirchner en el centro de la escena electoral y evalúa a Mariano Recalde y Wado De Pedro como opciones para acompañarla en una eventual fórmula.
Enfrentado con Axel Kicillof, el sector más cercano a la ex presidenta comenzó a diseñar una estrategia propia. Cristina ya dejó en claro que el gobernador bonaerense no es su candidato y, ante la falta de un presidenciable consolidado dentro de su espacio, empezaron a ganar peso los nombres propios.
En ese contexto cobra fuerza la idea de que Cristina compita pese a la restricción derivada de su condena. El plan que se analiza es ubicarla en el primer lugar de una lista y obligar a la Justicia electoral a pronunciarse sobre una eventual impugnación. Con esa jugada, la ex presidenta obtendría una centralidad absoluta: su nombre estaría en los afiches y posiblemente también en la Boleta Única en Papel.
En ese esquema, quien quedaría formalizado como candidato a vicepresidente sería el elegido para completar la fórmula, y allí es donde aparecen De Pedro y Recalde como alternativas en evaluación.
La movida tiene además un objetivo político más amplio: dejar a Kicillof sin un armado nacional propio. Las encuestas, según se menciona en el entorno peronista, ubican al gobernador como el dirigente del justicialismo mejor posicionado e incluso en algunos relevamientos por encima de Javier Milei. La incógnita, sin embargo, es cuántos votos podría restarle Cristina si decidiera apoyar explícitamente a otro postulante.
La hipótesis que seduce a parte del kirchnerismo es ir directo a la elección general y evitar una competencia con Kicillof en las PASO. Esa jugada, a su vez, alimenta las especulaciones sobre una posible convergencia con la estrategia de la Casa Rosada de eliminar las primarias. En el entorno del gobernador sostienen lo contrario: aseguran que lo que buscan es competir con el kirchnerismo en unas PASO para resolver de una vez la disputa por la conducción del peronismo.
Mariano Recalde, presidente del PJ porteño, aparece como uno de los nombres en danza y además mantiene una relación personal estrecha con Kicillof, con quien suele intercambiar mensajes y llamados. Incluso hubo diferencias por el corrimiento del gobernador respecto del espacio de la ex presidenta. En su entorno, según se indicó, aseguran que no tenían conocimiento de una eventual postulación a vicepresidente.
Wado De Pedro, por su parte, ya había sido una opción fugaz en 2023 antes de que se consolidara la candidatura de Sergio Massa. El año pasado quedó atravesado por tensiones dentro del propio kirchnerismo tras la condena a Cristina, cuando algunos sectores le reprocharon que los jueces y fiscales que intervinieron fueron elegidos durante la etapa en que el entonces senador tenía influencia sobre el Consejo de la Magistratura.
El clima interno también se refleja en el movimiento territorial. Máximo Kirchner comenzó a recorrer provincias y se aceleraron los contactos con distintos referentes provinciales, en una señal de que el objetivo es no dejarle a Kicillof el control del armado nacional.
Al mismo tiempo, el gobernador intenta blindar su estrategia. En el kirchnerismo perciben la distancia que le impone Kicillof, que avanza hacia una construcción propia con autonomía de la ex presidenta. El viernes reunió a dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro, su corriente interna dentro del peronismo, y les bajó la orden de no responder a La Cámpora tras el duro discurso de Máximo en Parque Lezama.
En La Plata persiste el malestar por las críticas del jefe camporista, aunque por ahora optan por sostener una táctica de no confrontar y concentrarse en una campaña presidencial de bajo perfil. La apuesta del gobernador sigue siendo polarizar con Milei y no abrir un frente directo con el kirchnerismo.
Análisis y proyecciones: La disputa expone un problema clásico del peronismo en sus etapas de reconfiguración: cuando no hay un liderazgo indiscutido, la discusión sobre candidaturas se transforma en una pelea por el control de la marca y de la estructura territorial. Si Cristina efectivamente se ubicara en una boleta, aun con objeciones judiciales, podría ordenar a parte del electorado leal y condicionar al resto del espacio. Pero también correría el riesgo de acentuar la fragmentación con Kicillof, un dirigente que en los últimos años fue ganando autonomía, consolidó gestión propia en la provincia de Buenos Aires y empezó a construir volumen nacional. En ese escenario, las PASO —si existieran— funcionarían como un mecanismo de resolución interna; si no, la disputa podría trasladarse a una pulseada más prolongada por la legitimidad del liderazgo opositor al oficialismo nacional.
Evolución reciente del espacio: En los últimos años, el kirchnerismo pasó de una etapa de fuerte centralidad de Cristina Kirchner a una dinámica más compartida, primero con Alberto Fernández y luego con una reconfiguración interna marcada por la caída de aquel esquema. Tras la experiencia de 2023, con Massa como candidato de síntesis, el sector volvió a debatirse entre la preservación de la conducción cristinista y la emergencia de dirigentes con agenda propia. Axel Kicillof, que durante un tiempo fue visto como un cuadro de proyección administrada por el espacio, se fue desprendiendo de esa lógica y hoy busca construir una identidad autónoma. Ese desplazamiento explica la creciente tensión: para el cristinismo, retener iniciativa es clave para no quedar subordinado a un liderazgo provincial en expansión; para Kicillof, despegarse del tutelaje político es condición para disputar en serio una proyección presidencial.
