El impacto del caso Manuel Adorni ya dejó de ser un problema exclusivamente de la Casa Rosada. La onda expansiva del escándalo judicial empezó a golpear de lleno en la provincia de Buenos Aires, donde La Libertad Avanza intenta ordenar un tablero que amenaza con fracturarse antes de la carrera de 2027. La primera señal concreta fue la baja de Francisco Adorni de la pelea por la candidatura a intendente de La Plata, una decisión que en el oficialismo leen como un repliegue obligado para evitar que la crisis nacional contamine el principal laboratorio electoral bonaerense.
La salida del hermano del jefe de Gabinete no es un movimiento aislado. Forma parte de una estrategia más amplia para desactivar tensiones entre dos polos de poder que conviven con creciente incomodidad dentro del mileísmo: el karinismo, conducido territorialmente por Sebastián Pareja, y el universo de Santiago Caputo, que en la provincia se expresa a través de las llamadas Fuerzas del Cielo.
En ese delicado equilibrio aparece el inminente recambio de autoridades en la Cámara de Diputados bonaerense. El plan que circula entre ambos campamentos contempla un enroque entre Agustín Romo, actual jefe de bloque y hombre de confianza de Caputo, y Juan Osaba, vicepresidente de la Cámara y principal espada legislativa de Pareja. La jugada busca una doble finalidad: bajar la temperatura de la interna y ofrecer una señal de gobernabilidad hacia afuera.
La lectura política es transparente. En el karinismo admiten en voz baja que el affaire Adorni perforó el discurso anticasta y dañó la narrativa moral con la que el oficialismo venía construyendo volumen territorial. En ese contexto, exhibir una pelea abierta entre tribus sería regalarle al peronismo una ventaja prematura en el distrito más decisivo del país.
Por eso, el corrimiento de Francisco Adorni de la escena platense tiene una carga simbólica mayor que la meramente electoral. Su ascenso en 2025, cuando saltó al primer lugar de la lista de diputados por la Octava Sección a último momento, había sido leído como uno de los gestos más explícitos de verticalismo familiar dentro del espacio. Hoy, ese mismo apellido pasó de activo a lastre.
La Plata, además, es un caso testigo. Allí La Libertad Avanza pretende construir una alternativa competitiva frente al peronista Julio Alak y proyectar liderazgos hacia 2027. Con Francisco Adorni fuera de carrera, ganan centralidad Juan Osaba y el bullrichista Juan Pablo Allan, dos perfiles que expresan distintas terminales del oficialismo nacional y que anticipan una disputa más compleja por la lapicera bonaerense.
El trasfondo es más profundo que un simple cambio de nombres. Pareja busca consolidarse como el único interlocutor con el poder provincial y, al mismo tiempo, disciplinar una bancada heterogénea, integrada por dirigentes provenientes del PRO, del peronismo disidente y del núcleo libertario original. Del lado de Caputo, la prioridad es conservar volumen institucional y presencia en la Cámara para no ceder terreno en el diseño electoral.
La tregua, sin embargo, luce táctica antes que estratégica. El mileísmo bonaerense necesita llegar cohesionado al debate por la Boleta Única de Papel, una bandera que pretende usar para diferenciarse del oficialismo provincial y reinstalar agenda después de semanas dominadas por el deterioro de la imagen nacional del Gobierno.
En definitiva, el Adorni-gate aceleró algo que en la provincia ya venía incubándose: la pelea por el control del sello libertario más allá de los Milei. La baja de un apellido fuerte, el reacomodamiento legislativo y la paz armada entre Pareja y Caputo muestran que el verdadero desafío ya no es crecer, sino evitar que la interna erosione antes de tiempo la promesa de poder bonaerense.
