Risa, inocencia y memoria: así se recuerda hoy a Pepe Biondi, el cómico que instaló un humor familiar en la tele argentina. Su figura sigue vigente como emblema de la comedia sin segundas intenciones, capaz de convocar audiencias masivas y de convertir simples chistes en fenómenos populares que atravesaron décadas.
Del circo a la tele
Nació el 4 de septiembre de 1909 y se crió entre carpas y golpes en Remedios de Escalada. Se llamaba Bernardo Zalman Ber Dvorkin y fue el tercero de ocho hijos. En el circo sufrió maltratos —el Payaso Chocolate— y aprendió acrobacia; más tarde viajó por México, Cuba y Venezuela antes de la TV.
Su arribo a la pantalla fue el 7 de abril de 1961 en Canal 13; al frente de programas como ‘Viendo a Biondi’ alcanzó marcas inéditas, incluida una punta de rating de 62.2 puntos en 1962. Desfilaban personajes como Pepe Curdeles y Pepe Galleta, y salpicaron su repertorio los latiguillos ‘¡Patapúfete!’ y ‘¡Qué suerte pa’la desgracia!’.
Un humor que fue época
Su estilo se inscribía en el ‘humor blanco’: familiar, ingenuo y sin ironías corrosivas. Esa estética conectaba con Carlitos Balá o Minguito y buscaba la carcajada compartida con chicos y adultos. Con el tiempo la comedia cambió: hoy conviven variantes más filosas y el debate sobre límites y ofensa es parte del paisaje cultural.
En los años cuarenta formó dupla con Dick y se volvió figura en la TV mexicana; tras separarse en 1954 lo convocó Goar Mestre, quien le dijo textualmente: ‘Si había algún cómico en el dúo era usted’. Su última aparición fue en 1973 con ‘Biondimanía’; padeció múltiples operaciones y problemas cardíacos.
Murió el 4 de octubre de 1975 en Capital Federal; su hija Margarita contó que pidió una sepultura sencilla y repitió: ‘Quiero ser enterrado, no estar en un nicho. Que la tierra me consuma’. Además dijo que ‘Los chicos son los únicos que me devuelven la alegría de vivir’, frase que mostró su vínculo con el público infantil.
La huella de Pepe Biondi perdura en la cultura popular argentina: su mezcla de ingenuidad y oficio alimentó generaciones de imitadores y ayudó a definir un tipo de entretenimiento masivo. Aun cuando el humor cambió, las frases como ¡Patapúfete! sobreviven en la memoria colectiva como un sello de época y ternura.
