LANUS: Fue campeón de TC Pista, perdió la visión en un asalto y ahora integra la Selección Argentina de Tenis para Ciegos

Kaki Rivas quedó sin poder ver tras sufrir un asalto en 1999, un año después de consagrarse campeón del TC Pista. Hoy juega en la Selección de Tenis para ciegos

Los primeros recuerdos de Roberto “Kaki” Rivas son dentro de un auto. Tenía 3 o 4 años y le fascinaba pasear sentado en las piernas de su padre, mientras él manejaba. A los 7, ya había aprendido a conducir y se imaginaba lo que haría si, cuando fuera mayor, le tocase ganar la lotería. “Podría tener los mejores autos, motos, podría correr carreras”, fantaseaba. Si bien no tuvo suerte con los juegos de azar, pudo cumplir el sueño de su infancia: primero obteniendo el primer lugar en el TC Pista de 1998 y luego compitiendo en el Turismo Carretera, la categoría del automovilismo más importante del país.

“Es increíble, pero los sueños se cumplen”, asegura Rivas en diálogo con INFOCIELO y recuerda que, tres años antes de llegar al Turismo Carretera, había ido a ver una de las fechas de esa misma competencia desde la tribuna, como quien va a ver un River y Boca a la popular y se muere por estar compartiendo el campo de juego con los futbolistas: “Yo miraba los autos, los boxes y pensaba ‘cómo me gustaría estar ahí’.

Tras conseguir el primer puesto en el TC Pista, el ex piloto de automovilismo oriundo de Lanús, dio el salto en 1999 cuando debutó en el Turismo Carretera y corrió a la par de muchos de sus ídolos, como Guillermo Ortelli; Ernesto Bessone; Rubén Luis “El Loco” Di Palma y sus 3 hijos —Marcos, Patricio y José Luis—; e incluso Juan María Traverso, quien consiguió en aquella temporada su sexto y último campeonato en TC.

De las 16 fechas que se corrieron, Roberto Rivas participó en todas menos en la última. El 9 de noviembre de ese mismo año, faltando una semana para la final, un hecho de inseguridad cambiaría su vida de un momento para otro. El piloto, que en aquel momento tenía 24 años, se dirigía hacia un banco de Banfield, acompañado por dos personas de seguridad, cuando fueron sorprendidos por delincuentes.

“Quedé en medio de un tiroteo entre las personas de seguridad y los chorros”, indica Rivas y explica: “En ese tiroteo me entran esquirlas en los ojos. Cuando termina todo, la persona de seguridad que me acompañaba fallece y yo quedo tirado en el pasto, debajo del auto ya sin ver nada. Lo único que recuerdo es que tanteé el auto con la mano y, a partir de ahí ya no me acuerdo más nada”.

El piloto fue trasladado primero al Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora y más tarde a la Clínica Estrada en Remedios de Escalada, aunque en los dos lugares le dijeron a su familia que no podía hacerse nada y que le quedaban segundos de vida. Quienes lo acompañaban se negaron a aceptar el panorama que le planteaban los médicos y finalmente fue trasladado al Hospital Italiano, donde permaneció en terapia intensiva durante 15 días.

“Tenía la cara prácticamente explotada, con sangre y todo hinchado porque me entraron perdigones por todos lados. Estuve inmóvil, sin ningún tipo de reacción, hasta que un día desperté”, cuenta Roberto. Los médicos advertían que, debido a la cantidad de esquirlas de bala que habían ingresado en su cabeza, era muy probable que quedara cuadripléjico.

Pese a los pronósticos adversos, el joven de 24 años podía moverse, aunque ya no podía ver porque los perdigones habían tocado el nervio óptico. “Yo en aquél momento pensaba ‘esto es un día más, cicatriza lo que se lastimó y recupero la vista’”, señala Rivas,

Pasó un día, pasó una semana, un mes e incluso más de una década de espera hasta que el campeón del TC Pista 1998 decidió aceptar que no se trataba de algo temporal y que iba a tener que aprender a vivir de esa manera.

“Cuando se cumplieron 12 años de la fecha de la desgracia, me cansé de estar siempre dependiendo de alguien para moverme. Ese día me levanté y me empecé a hablar a mi mismo y me decía ‘¿Qué te pasa? Vos saliste campeón del automovilismo, ¿Ahora sos ciego y no tenés huevos para asumirlo?”, relata Kaki y reconoce: “Era una verdad que me decía, yo no salía a la calle con un bastón porque me daba miedo o vergüenza; entonces repetía ‘vos sos un campeón del automovilismo, doblabas a 280 kilómetros por hora, no podés tenerle miedo a esto”.

Fue así que tomó el bastón guía que le había regalado su primo y que él se negaba a usar y salió a la calle. “Me chocaba con todo, contra las paredes, las rejas, los árboles, los tachos de basura, parecía un borracho caminando. Llegué a mi casa y lloré, pero acepté que la realidad era esa ”, señala y afirma que nunca perdió las ganas de seguir luchando porque “no tenés muchos caminos para elegir en esos casos: o le das para adelante como un campeón sin importar lo que hayas perdido o te pegas un tiro y listo. Eso último se te cruza dos segundos por la cabeza, pero es de cobarde porque no enfrentas lo que te toca vivir”.

SIGUE GIRANDO

Hoy en día, sus ojos son su bastón. Roberto Rivas dejó atrás sus miedos y lleva una vida prácticamente igual a la de cualquier otra persona. “Me manejo solo para todos lados, me animé a tomarme un colectivo, viajo solo, puedo ir a comer solo”, comenta el ex corredor.

A Kaki Rivas, los perdigones le quitaron la vista, pero no su pasión por los autos y la velocidad ni su empeño para lograr todo lo que se propone. Desde que quedó ciego, nunca dejó de soñar con volver a correr. “Me invitaban a las carreras y sentía el olor, el ruido de los autos. Mientras todos salían a correr, yo me tenía que quedar en los boxes y era una desesperación tremenda por subirme a un auto”, cuenta.

“Lo que crees, lo creas”, es una de sus frases de cabecera y, de tanto creer que podía lograrlo, un día le llegó la oportunidad de sentarse nuevamente frente al volante y hacer rugir los motores de un auto de carreras, 15 años después de la última vez que había manejado. Fue en autódromo platense Roberto Mouras, en 2015, y tuvo de copiloto al piloto Emanuel Moriatis, su amigo.

“El circuito me lo acordaba de memoria, pero igual íbamos conectados por radio y Ema me iba indicando ‘faltan 200 metros’, ‘faltan 100’. Íbamos a fondo, a 240 kilómetros por hora en la recta fue algo increíble”, asegura Rivas, que pudo volver a repetir esa experiencia en la final del TC, que se corrió ese mismo año, ante 70 mil espectadores también en el Mouras de La Plata.

Después de su regreso a las pistas, averiguó qué deportes podía practicar siendo no vidente y así llegó al tenis para ciegos. “Cuando fui a la primera práctica, el entrenador me tiró la pelota 180 mil veces y yo no podía pegarle a ninguna, pero él me daba el ánimo para siguiera intentando, hasta que pude pasar la primera pelota”, dice el ex piloto.

Hoy, con 46 años, Kaki Rivas es campeón nacional de tenis para ciegos y forma parte de la Selección Nacional de ese deporte. El deportista oriundo de Lanús representó a la Argentina en el mundial de tenis para ciegos que se disputó en 2019 en España, donde obtuvo el quinto puesto.

“Me quedó ese sabor amargo de no haber salido campeón, pero la vida me da revancha y ahora estoy entrenando a full para el Mundial que posiblemente se va a hacer en Italia, con el objetivo de ser el primer campeón mundial de tenis para ciegos de Argentina ”, se ilusiona.

Fuente (Infocielo)

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