Milei contra todos: desgaste, furia y un poder a la defensiva

La columna de Martín Rodríguez Yebra expone un momento de inflexión política para el gobierno de Javier Milei, atravesado por una combinación de desgaste económico, tensiones internas y una estrategia discursiva cada vez más confrontativa.

El dato central es el cambio de actitud presidencial frente al malestar social. Según el artículo, Milei ya no niega el deterioro en la percepción económica —registrado por encuestas desde el verano—, pero lo interpreta como una “frustración” inducida por actores externos: kirchnerismo, empresarios desplazados y “el 95% de los periodistas”. En ese marco, el Presidente habría dedicado más de tres horas y media en discursos recientes a descalificar a críticos, utilizando términos como “corruptos”, “psicópatas” o “basuras inmundas”, en lo que el autor define como un “reproche de Estado”.

Rodríguez Yebra subraya además un problema de empatía política. Cita como ejemplo la afirmación de Milei en la Fundación Libertad: “¿Saben quién es el que peor le fue en esta economía en términos reales? A mí”, en referencia a su decisión de congelar su salario. El contraste —marcado en la nota— es que el Presidente mantiene cubiertos todos los gastos por su investidura. En la misma línea, el uso del concepto de “daños colaterales” para referirse a sectores afectados por el ajuste refuerza la idea de desconexión con las demandas sociales.

En el plano político, el caso de Manuel Adorni aparece como un foco de vulnerabilidad. Las sospechas sobre su patrimonio y su negativa a brindar explicaciones completas generaron incomodidad dentro del oficialismo. Sin embargo, el Gobierno optó por una defensa cerrada. Milei llegó a sostener que “lo persiguen por dos mangos los que se chorearon un PBI”, mientras que la estrategia en el Congreso fue, según la nota, “pelear, no explicar”.

La sesión de control a Adorni —de siete horas— es presentada como un “experimento controlado”: el funcionario leyó sus respuestas, evitó improvisaciones y logró no agravar su situación, lo que permitió al oficialismo “dar vuelta la página”. Aun así, el episodio dejó expuestas tensiones internas y dificultades para sostener una narrativa de transparencia, especialmente en un gobierno que se proclamó moralmente superior a la “casta”.

Otro eje relevante es la dinámica de poder dentro del oficialismo. La disputa entre Karina Milei y Santiago Caputo, junto con los recelos hacia figuras como Patricia Bullrich o Mauricio Macri, muestra un esquema de conducción altamente centralizado. Una fuente citada en la nota lo sintetiza con crudeza: “Somos un partido liberal con conducción soviética”.

En paralelo, el artículo menciona inconsistencias en la aplicación de criterios éticos dentro del gobierno: desde la falta de explicaciones sobre bienes en el exterior de funcionarios hasta gastos cuestionables con tarjetas corporativas en empresas públicas. Estos episodios erosionan la “moral como política de Estado” que Milei reivindica.

Finalmente, Rodríguez Yebra plantea que el Presidente, que construyó su liderazgo desde la confrontación, enfrenta ahora el desafío inverso: procesar reclamos sin recurrir exclusivamente al conflicto. El grito que le permitió emerger como outsider —sugiere el texto— pierde eficacia cuando quien debe escuchar es el propio gobierno.

El cuadro general es el de una administración que intenta retomar la iniciativa tras el impacto del caso Adorni, pero que sigue condicionada por una economía estancada, una narrativa defensiva y una creciente dificultad para absorber críticas sin interpretarlas como parte de un complot.

Fuente: La Nación