Morales Solá: “Los obstáculos de Milei para la reelección”

Dicen que Javier Milei sueña con el día en que se irá a vivir al campo acompañado solo por sus perros. Mientras tanto, nadie puede decir sensatamente que el Presidente carece de vocación de poder. Se convirtió en un político duro y agresivo con cualquiera que lo cuestione y es ya un profesional del bullying, hábito que es más que grave cuando lo practica el jefe del Estado porque sus ofensas tienen amplias repercusiones y siembran en algunos la detestable semilla del temor. Milei es ofensivo cuando las cosas no le van bien o cuando el viento cambia y lo abrigan ciertas buenas noticias. Sucedió en días pasados cuando se conoció la noticia de que la economía había crecido significativamente en marzo, aunque no para todos los sectores económicos y sociales, y al mismo tiempo aumentaron los índices de confianza en el Gobierno.

Todavía no hay mediciones que indiquen que esa tendencia se trasladó a la imagen positiva del Presidente. Las sociedades son conservadoras: o aprueban o desaprueban durante largos períodos políticos. Tal vez sea así porque la gente de a pie no tiene tiempo para dedicarse a analizar cada noticia que sucede y, mucho menos, los pormenores de esas noticias. Sea como fuere, no son pocos los políticos ligados al oficialismo que comienzan a reflexionar con una dosis de preocupación las elecciones presidenciales del año próximo.

En la semana última, Mauricio Macri fue un protagonista del espectáculo político porque debió señalar de nuevo las diferencias y los parecidos con el gobierno de Milei. Pero hay una novedad entre ellos que ninguno dice: los dos partidos juntos, La Libertad Avanza y Pro, perderían hoy una elección en la monumental provincia de Buenos Aires y ganaría el peronismo. Esa información la confirmaron dirigentes oficialistas y también los que se inscriben en el macrismo. En esa provincia, vasta y áspera, reside el 40 por ciento del electorado nacional y la sorprendente deserción social de políticas sensatas se debe en gran medida a que en el conurbano se sienten más que en ninguna otra parte los rigores del plan de estabilización del gobierno libertario. El antiperonismo (o el no peronismo, para decirlo con más corrección política) es mayoría en el electorado argentino, pero los resultados de esa primacía se ven solo cuando todos los que no confían en el partido que fundó Perón se presentan juntos ante los votantes. ¿Cómo hacerlo si es difícil el acuerdo entre Milei y Macri en la Capital y en la provincia de Buenos Aires? En la Capital, ni Mauricio Macri defiende la gestión de su primo, Jorge, sobre el que caen, además, versiones más graves que un trabajo cuestionable. Karina Milei, que se hizo cargo de la política cuando constató la indiferencia de su hermano, detesta la sola idea de una alianza con Pro en la provincia de Buenos Aires.

El triunfo será nuestro o no será”, la escucharon repetir sobre las próximas elecciones. ¿Es posible, a pesar de todo, un acuerdo entre ellos para los comicios presidenciales? Nada es imposible, pero es improbable. Martín Menem, que zigzaguea cómodamente entre el peronismo y el antiperonismo, se refirió a esa complejidad cuando advirtió que una eventual candidatura de Macri sería funcional al kirchnerismo, porque dividiría el bloque no peronista. Es una mirada ingenua y lineal de la política. Una cosa es no querer al peronismo y otra cosa es que esa vieja y relativa enemistad sea la única razón de la unidad entre mileístas y macristas. Todo lo demás es un pantano donde se confunden las armonías y las discordias. Macri acaba de definir como un “liderazgo emocional” el de Milei, que es la misma manera de aludir a las formas del Presidente que ya había usado Patricia Bullrich. La senadora señaló que una “emocionalidad importante” domina el carácter del jefe del Estado. Los dos se refirieron, sin decirlo, al ausente equilibrio en las expresiones públicas de quien manda en la administración del país. O quizás hayan aludido a la necesidad de que algún profesional le aconseje a Milei sobre cómo debe relacionarse con las personas. Ninguno de los dos aclaró qué quiso decir, tal vez por elegancia más que por connivencia. Si bien los legisladores de Macri acompañan y acompañaron casi siempre al mileísmo en las votaciones en el Congreso, el expresidente subrayó en los últimos días que existe “intolerancia” de Milei a la crítica, una verdad comprobable para cualquier político opositor, economista crítico o periodista independiente. Las políticas esenciales de Milei no son el problema de su gobierno. Al contrario. Son las formas las que le están haciendo más daño que cualquier otra cosa.

Cerca de Macri no solo se ofendieron con Martín Menem, sino también con el propio Milei porque este criticó con nombre y apellido al expresidente, al que le cuestionó la ley de alquileres y la supuesta ley de góndolas; debe consignarse que durante la administración Macri no existió una ley de góndolas. Entre Milei y Macri hubo un período corto de cordialidad, que duró entre marzo y junio de 2024, y que todos llaman el “tiempo de las milanesas”, porque los dos solían compartir solos esa comida mientras conversaban en Olivos. Después prefirieron hablar por teléfono, pero todo diálogo entre ellos se cortó en octubre del año pasado, hace siete meses. Es cierto que Milei hizo cosas en economía que no se habían hecho nunca antes, como la eliminación rápida del déficit fiscal. O el trabajo de Sandra Pettovello, la ministra que le quitó a los punteros y dirigentes piqueteros la tutela de los planes sociales; ahora, la ayuda social del Gobierno la obtienen directamente las personas que la necesitan. Pero Macri se queja porque Milei no le reconoce que él llegó a agosto de 2019, cuando sucedieron las catastróficas elecciones primarias que ganó el peronismo, con déficit cero; con 27.000 millones de dólares de reservas en el Banco Central; con un mercado cambiario absolutamente liberado porque no existía ningún cepo, ni para personas ni para empresas; con un embrionario y leve regreso al crecimiento de la economía, y “cultivando el respeto dentro del país y recibiéndolo fuera del país”, frase que los macristas repiten con sospechosa insistencia. De todos modos, en 2019 una mayoría social eligió volver al peronismo kirchnerista y sacarle a Macri la poltrona presidencial. El populismo tiene siempre recetas más fáciles.

El desafío del próximo año comprende a Milei y a Macri, pero también al sector más razonable del radicalismo, como el que lidera el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y los imprescindibles radicales de Córdoba, provincia donde siempre fueron fuertes y tienen, por eso, una influencia destacada en la política nacional. También requiere que se terminen de una buena vez las noticias y versiones sobre hechos moralmente impugnables. Hay ya tres causas judiciales por actos de supuesta corrupción en el gobierno de Milei. Una es por las compras de instrumentos y medicamentos en el Agencia Nacional de Discapacidad, que denunció en conversaciones telefónicas nada menos que su anterior titular, Diego Spagnuolo. La segunda es por el presunto enriquecimiento de varios, y el empobrecimiento de otros, por los manejos con la criptomoneda $Libra. La sospecha llegó a tal nivel que el fiscal Eduardo Taiano le pidió a Presidencia que le informe si existe un formal contrato firmado entre Milei y Hayden Davis, el empresario norteamericano que creó la criptomoneda. Y la última es la culpable de la devastación política en que se convirtió el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, acusado penalmente de enriquecimiento ilícito. No son versiones, sino expedientes judiciales que viborean por los pasillos de la Justicia. Los de la Agencia de Discapacidad y el de la criptomoneda señalan a la hermana del Presidente, Karina Milei, y el último a uno de los funcionarios más allegados a ella: Adorni. O algo pasa o estamos, otra vez, ante un enjambre de inverosímiles casualidades.

Luego están las versiones que circulan y que ya enredan a Santiago Caputo, el poderoso asesor presidencial, con negocios que concesiona o vende el Estado. Dirigentes de Pro contaron que cuando Macri frecuentaba a Milei (se rumoreaba sobre un eventual gobierno de coalición), el asesor Caputo convocó a dirigentes macristas a una reunión en unas oficinas de la avenida Córdoba para advertirles, serio y seco: “Ustedes no se llevarán las cajas del Estado. Y aclárenle eso a sus amigos Bulgheroni y Mindlin”. Los macristas le respondieron que estuvieron cuatro años en el Gobierno y que no tuvieron ninguna causa judicial por corrupción, salvo las que les inició después el kirchnerismo, cargadas de la intención de destruir a Macri y al macrismo. El kirchnerismo es la más eficiente máquina de destrucción política de los otros que hay en la Argentina. Las cajas del Estado aluden a empresas y organismos estatales que manejan importantes sumas de dinero del presupuesto nacional. Por ejemplo, algunas son dependencias de YPF, que están fuera del control de Horacio Marín, presidente de la empresa petrolera, y que manejan amigos de Santiago Caputo. O los fondos reservados del espionaje nacional, la SIDE, que no le rinde cuentas a nadie del dinero que maneja. Otros amigos del asesor presidencial, los hermanos Juan y Patricio Neuss, se quedaron con la empresa Transener, que es una compañía fundamental para el transporte de energía de alta tensión.

Tienen como socio a Rubén Cherñajovsky, el empresario más beneficiado por los subsidios a las empresas de Tierra del Fuego, que privaron durante años a los argentinos de los beneficios de la competencia y la calidad. Sin la empresa Transener, la electricidad no podría llegar luego a las casas particulares y a los comercios e industrias que suministran las distribuidoras. Marcelo Mindlin sigue siendo accionista de Transener, pero ya no es el único que la controla. El Estado le vendió sus acciones a una empresa de los hermanos Neuss y estos crearon un nuevo esquema de conducción. Los Neuss son sospechados de fungir como socios ocultos también de la empresa belga Jan de Nul, que controla la Hidrovía desde hace muchos años; se trata de la administración, dragado y señalización de la vía navegable del río Paraná. Es un negocio especialmente sensible: por ahí pasa el 80 por ciento de la producción agropecuaria argentina que se exporta, pero puede pasar también parte del narcotráfico. La concesión para operar en adelante el trabajo de la Hidrovía está siendo licitada en estos días.

Jan de Nul fue cuestionada históricamente por dirigentes políticos ajenos al peronismo y lo mismo hizo el propio Macri. Dicen que Santiago Caputo acaba de recibir en Washington una dura advertencia del gobierno norteamericano porque este tiene la información de que los chinos estarían detrás de esa empresa. Directivos de la empresa se preocuparon y en el acto fueron a verlo al embajador norteamericano en Buenos Aires, Peter Lamelas, para aclararle que ellos no proyectan tener ninguna relación comercial con los chinos. “Si es cierta nuestra información, no se rompe impunemente con los chinos”, alertó a la empresa belga un diplomático norteamericano. A su vez, José Luis Manzano, el ricachón más inexplicable de la política argentina, consolidó sus negocios con su empresa dedicada a la explotación de energía. Ahora también consiguió que le concedieran importantes porcentajes de reservas de litio en Jujuy y Cuyo. Enhebró, como lo hace siempre, una buena relación política con funcionarios influyentes: Santiago Caputo en este caso. Manzano y su socio, Daniel Vila, se beneficiaron con su empresa Edenor de importantes aumentos en las tarifas de la electricidad, pero aspiraron a algo más. Lograron que el Gobierno les reconociera una supuesta deuda de 3500 millones de dólares por los atrasos tarifarios, que existieron, entre 2019 y 2023. Esos recursos estaban previstos en el proyecto de presupuesto, pero el Congreso rechazó semejante beneficio. Adiós a una enorme fortuna. Si se mira bien, un acuerdo electoral entre Macri y Milei tiene más obstáculos que algunas ideas y ciertos métodos. Antes de explorar la posibilidad de un pacto, el profeta presidencial debería abandonar el evangelio que divulga y averiguar lo que ocurre cuando él no está.

Fuente: La Nación