Alejandro Cancelare
La discusión sobre el tema de las reelecciones subió de tono tras la nota este lunes, en la que el diario Clarín alertó que la UCR se aprestaba a prestar los votos para aprobar la iniciativa reclamada por los intendentes por un supuesto acuerdo entre La Libertad Avanza con el centenario partido que, en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, acompañaría a Diego Santilli como gobernador y a Javier Milei como presidente.
Sin poner en tela de juicio la rigurosidad informativa ni mucho menos, cabe preguntarse ¿Quién ganó y quién perdió con la nota publicada en el medio más importante de la Argentina? Seguro entre los perdidosos están los radicales que efectivamente trabajaban, con mucho sigilo, un acuerdo electoral de dos puntas: con Axel Kicillof para beneficiar a los intendentes de la UCR y con los libertarios para darle volumen en el interior bonaerense.
Por otra parte habilitó a Sergio Massa a ratificar su histórica postura en contra de ese proyecto. Él fue quien impulsó, en otra época y otro país, en los inicios del macrismo, luego de Davos, con Vidal como gobernadora, el fin de las reelecciones. ¿Hubiera hecho lo mismo si el kirchnerismo se hubiera mantenido en el poder? Dudas que nadie puede responder.
Ahora se lo nota incómodo porque sabe que mantener su palabra lo llevará a distanciarse de muchos que pueden apoyarlo en su tercera y posible exitosa carrera presidencial. Nadie puede creer, aunque algunos aún lo dicen, que no quiera cambiar de opinión por el solo hecho de la competencia en Tigre. El año pasado ya demostró que la puede volver a ganar en esa localidad.
El líder del Frente Renovador recibió, no obstante, una ayuda inestimable del PRO, los libertarios y hasta los propios radicales que, para no quedar como “socios” de Kicillof y sus intendentes, salieron raudamente a decir que ellos jamás aprobarían una iniciativa que recompusiera las re re. Se parece mucho a la fe de los conversos, ya que todos estaban negociando en la clandestinidad.
El otro elemento que agrega un condimento más a la larga lista de posibles razones para que se volviera a discutir sin que no hubiera un elemento a la vista que permitiera pensar que podían aprobarse las reelecciones fue la reunión entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner este martes en la residencia del gobernador. El encuentro estaba programado, todas las partes estaban anoticiadas y alguien también habrá pensado que era una buena oportunidad para empezar a destrabar el tema, lo que, efectivamente, sucedió.
Nuevamente, el peronismo kirchnerista renovador está frente a una trampa similar a la del juego Piedra, Papel o Tijera. Si elije a uno, pierde con el otro. Y si va por la tercera opción podría caer frente a cualquiera de las otras dos.
Corrido el tema de la posible inconstitucionalidad de las reelecciones de los intendentes, tal cual argumenta el doctor Pablo Manilli, queda por dilucidar si le es conveniente o no al actual oficialismo provincial y a los otros jefes comunales, radicales y del PRO aferrarse a esa norma que no está vetada en la Constitución provincial y está sujeta a las cuestiones municipales, algo que la Suprema Corte de la Nación ha levantado como bandera en varias oportunidades. “No se puede comparar con el caso de Gildo Insfrán”, aclaró Manilli.
¿Están dispuestos los intendentes a quedarse en el banco de suplentes mientras observan como los “altos mandos” arman las listas en sus respectivos partidos y alianzas? Si las nóminas de diputados y senadores casi están vetadas para ellos porque siempre se elijen a “los puros de la orga”, ¿cederán mansamente como la rana en el agua?
¿Es tanto el odio que le tienen Cristina Kirchner y su hijo Máximo para relegar a las marcas más potentes de cada municipio con el fin de hacerlo quedar mal a Kicillof? El gobernador fue quien se comprometió con los intendentes a conseguir las reelecciones. Es él, entonces, el que debe poner los votos. Como se ha explicado en varias ocasiones, el Movimiento Derecho al Futuro carece de la fuerza legislativa y está en inferioridad de condiciones en el reparto interno tanto con La Cámpora como con el Frente Renovador.
Si Kicillof presentase en extraordinarias, antes de fin de año, el expediente que hoy tiene estado parlamentario, ¿quién querrá pagar el costo de desairar a los intendentes? ¿Tan férreo es el acuerdo Kirchner – Massa? Más allá de que guste o no, ochenta jefes comunales estén impedidos de ir por sus reelecciones, ¿alguien en su sano juicio desperdiciará la oportunidad de posicionar nuevamente una primera marca para presentarse con un muleto?
La debilidad de los intendentes que componen el Movimiento Derecho al Futuro es que Kicillof no es un conductor clásico. Como diría Emilio Monzó, “no es un conquistador”, al estilo Massa o los Kirchner. No juega con látigo o billetera, por ejemplo. Quienes lo fueron a buscar para “emanciparse” de los antiguos lazos kirchneristas” se quejan de no ser más drástico. “No hecha a nadie… Por mucho menos, después del acto donde lo putearon, Florencia Saintout no hubiera podido seguir en la gestión “, sostiene siempre Juan Zabaleta. La funcionaria provincial fue una de las que cantó contra el gobernador en el acto realizado en San José 1111 hace dos meses.
En cambio, Massa ha demostrado tener a todos sus legisladores, concejales e intendentes alineados. No se mueve ni un labio ni se escapa una lágrima si él no lo autoriza. Lo mismo sucede con el kirchnerismo. En ambos espacios no hay lugar ni para la ambigüedad ni las dudas. Algo de eso le reprochó a un intendente, días atrás, un importante gremialista que pretende que Kicillof sea presidente. “O estas acá o no estás, no podés seguir así”, le espetó. El jefe comunal no sabía cómo salir de semejante situación. Tampoco los testigos, entre ellos una figura importantísima del día a día político nacional.
La otra gran duda que sobrevuela tras la charla en la Gobernación entre Kicillof y Kirchner es si el hijo de los dos presidentes cumple con su palabra de no interferir con el proyecto siempre y cuando se consigan los votos. Quizás acá Kirchner puede decir. “Hice lo posible, pero no alcanzó”. Sin ningún opositor ni el Frente Renovador, nadie sabe cómo conseguir los votos suficientes.
