En una columna de opinión titulada “¿Por qué se ha estancado el regreso de Argentina?”, la analista Mary Anastasia O’Grady sostiene desde The Wall Street Journal que, pese a los avances de la gestión Milei, la normalización del país sigue siendo un horizonte lejano.
“La credibilidad de las instituciones argentinas se ha erosionado enormemente en el último siglo. Recuperarla podría llevar generaciones”, sentencia el artículo.
O’Grady reconoce que Milei heredó un país al borde de la crisis en diciembre de 2023 y logró superávit fiscal primario, desregulación y un crecimiento del 4,4% en 2025 con un “boom sin precedentes” en petróleo, gas y minería.
Sin embargo, advierte que 2026 cerrará con una inflación del 30% y un crecimiento de 3,5%, calificado como “un crecimiento mediocre para una economía en desarrollo”, mientras que “el comercio minorista y la manufactura han mostrado un desempeño lento” y “quienes se han quedado afuera están perdiendo la paciencia”.
Sobre el Banco Central, la columna cita al economista Nicolás Cachanosky para advertir que los intentos de estabilización en Argentina siempre terminaron igual, porque “un país donde las reglas formales se doblan habitualmente para acomodarse a la necesidad política no puede fabricar credibilidad monetaria solo mediante el diseño institucional“. O’Grady también plantea que “la mejor estrategia de Milei para salvar la causa sería deshacerse del peso y dolarizar la economía”.
Otro punto crítico es la incertidumbre electoral: cuando el gobierno subastó un bono con vencimiento en 2028, los inversores exigieron casi 350 puntos básicos más que por un bono comparable con vencimiento previo al fin del mandato de Milei. “Los acreedores exigen una compensación por ese riesgo”, señala la columna, en referencia al temor a un eventual retorno del peronismo.
La analista también apunta a la fragilidad del esquema financiero actual, advirtiendo que no existe “demanda genuina” de pesos sino que la moneda se usa principalmente para capturar el diferencial de tasas sobre el dólar.
“Este ‘carry trade’ significa vulnerabilidad porque crea la expectativa de que el Banco Central eventualmente necesitará emitir pesos para pagar a los acreedores. Es un mal hábito que Argentina no puede sacudirse”, cierra la columna.
