Por Ricardo Raúl Benedetti
Mientras el gobierno de Javier Milei sigue construyendo su poder alrededor de la lealtad absoluta, la motosierra y la guerra contra “la casta”, un grupo de empresarios ligados desde la infancia al principal operador político del oficialismo avanza silenciosamente sobre algunos de los negocios más estratégicos de la Argentina. Energía, petróleo, transmisión eléctrica, represas y ahora la Hidrovía Paraná-Paraguay: el corredor por donde sale cerca del 80% de las exportaciones del país.
En el centro de esa trama aparecen los hermanos Patricio y Juan Neuss. Y alrededor de ellos, una pregunta que empieza a circular cada vez con más fuerza en despachos empresarios, terminales portuarias y oficinas políticas: si la Argentina libertaria está desarmando el capitalismo de amigos… o simplemente está cambiando de amigos.
La discusión dejó de ser marginal. En las últimas semanas crecieron los cuestionamientos políticos, empresariales y técnicos alrededor de la licitación de la Hidrovía, una concesión multimillonaria que podría extenderse hasta 2056 y convertirse en uno de los negocios logísticos más relevantes de Sudamérica.
Y el trasfondo político no es menor. Mientras el oficialismo enfrenta desgaste por el caso LIBRA, las polémicas alrededor de Manuel Adorni y las tensiones internas entre Karina Milei y Santiago Caputo, también empiezan a multiplicarse las preguntas sobre el entramado empresario que orbita alrededor del asesor presidencial más poderoso del Gobierno.
El factor Martindale
La historia no empieza en un ministerio ni en una licitación. Empieza en Martindale Country Club, uno de los countries más exclusivos del conurbano norte bonaerense.
Allí crecieron Patricio y Juan Neuss junto a Santiago Caputo. Compartieron infancia, veranos, vínculos familiares y un ecosistema social donde las relaciones personales suelen sobrevivir mucho más que los gobiernos.
La familia Neuss no es nueva en el mundo empresario. Su historia arranca hace más de un siglo, vinculada a la industria de bebidas y distribución. Pero el salto hacia sectores estratégicos regulados por el Estado comenzó a acelerarse después de diciembre de 2023, con la llegada de Milei al poder y el ascenso de Santiago Caputo como uno de los hombres más influyentes del oficialismo.
El vínculo nunca fue un secreto. Los Neuss también participaron del financiamiento de la Fundación Faro, el think tank libertario ligado a Agustín Laje donde tiene participación Francisco Caputo, hermano de Santiago Caputo. La llamada “batalla cultural” libertaria también encontró respaldo en sectores empresarios que hoy orbitan alrededor del nuevo poder.
De jugadores secundarios a actores centrales de la energía
La expansión fue vertiginosa. A través de Edison Energía —estructura integrada junto a Inverlat, Newsan y otros socios— el grupo avanzó sobre activos estratégicos del sistema energético argentino:
- participación en distribuidoras eléctricas como EDET y EJESA,
- control de Líneas de Transmisión del Litoral (LITSA),
- activos hidroeléctricos en Mendoza,
- las represas Alicurá y Cerros Colorados,
- y el ingreso al capital accionario de Transener, la principal transportadora eléctrica del país.
La operación sobre Transener terminó de encender alarmas en el sector. El consorcio integrado por Edison Energía y Genneia adquirió Citelec —controlante de Transener— por unos 356 millones de dólares, en una operación oficializada mediante la Resolución 673. En el mercado energético, el crecimiento del grupo empezó a ser leído como parte del nuevo ecosistema de poder construido alrededor de Santiago Caputo.
Nadie lo dice formalmente. Pero en privado, empresarios del sector, consultores y operadores coinciden en algo: los Neuss dejaron de ser vistos como empresarios periféricos para convertirse en jugadores con terminal política en el corazón mismo del Gobierno.
Y ahí aparece el dato más sensible. No porque exista una prueba judicial de corrupción. Hoy no la hay.
El problema es otro: la velocidad, la simultaneidad y la concentración de negocios estratégicos alrededor de empresarios vinculados social y políticamente al núcleo más poderoso del oficialismo empiezan a generar preguntas incómodas sobre transparencia, competencia y favoritismos.
La Hidrovía: el negocio que puede cambiar todo
La pelea por la Hidrovía elevó la tensión. La Vía Navegable Troncal no es una concesión menor. Por allí circula la mayor parte de las exportaciones agroindustriales argentinas. El control del dragado, balizamiento y mantenimiento implica miles de millones de dólares durante las próximas décadas. En la etapa decisiva del proceso quedaron solamente dos gigantes europeos:
- la belga Jan de Nul, operadora histórica desde los años noventa,
- y DEME, también de origen belga.
El achicamiento del universo de oferentes disparó cuestionamientos políticos y técnicos. Sectores empresarios y dirigentes opositores comenzaron a denunciar que determinadas cláusulas del pliego terminaron reduciendo fuertemente la competencia.
Las sospechas dejaron de limitarse al terreno político. En los últimos días, la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) realizó observaciones sobre distintos aspectos del proceso licitatorio y advirtió presuntas irregularidades técnicas y administrativas, aumentando todavía más la tensión alrededor de la concesión. Entre las críticas más repetidas aparecen:
- requisitos que habrían complicado la participación de empresas chinas,
- limitaciones que dejaron afuera a otros actores internacionales,
- y sospechas sobre un esquema de subcontratación local que favorecería a grupos empresarios cercanos al oficialismo.
En ese contexto, distintos actores del sector empezaron a mencionar a los Neuss como potenciales beneficiarios indirectos de la futura operación si Jan de Nul retiene la concesión. También aparece mencionado el Grupo Román, históricamente vinculado al negocio portuario y de grúas.
Hasta ahora no existe documentación pública que pruebe acuerdos irregulares ni direccionamiento ilegal. Pero el problema político ya está instalado. Porque alrededor de la licitación empezó a crecer algo igual de corrosivo para cualquier gobierno que llegó prometiendo “terminar con la casta”: la sospecha.
El nuevo mapa del poder económico
La Hidrovía no aparece como un caso aislado dentro del proceso de reconfiguración económica impulsado por el Gobierno. En paralelo, la administración libertaria avanzó con privatizaciones y concesiones sobre activos estratégicos vinculados a energía, infraestructura, servicios públicos y transporte, consolidando un escenario donde cada vez menos jugadores concentran el interés sobre sectores sensibles de la economía argentina.
En ese tablero, Santiago Caputo dejó de ser solamente un asesor presidencial. En Washington, en despachos empresarios y dentro del propio oficialismo ya es leído como uno de los principales articuladores políticos del poder libertario, con influencia sobre áreas estratégicas, negociaciones sensibles y vínculos de alto nivel. El apellido Caputo atraviesa toda la trama.
Luis Caputo mantiene vínculos familiares con Santiago Caputo y relaciones históricas entre escribanías y círculos sociales que también incluyen a los Neuss. No hay sociedades empresariales directas públicamente documentadas entre el ministro y el grupo empresario. Pero sí existe una red de vínculos familiares, sociales, políticos y profesionales que atraviesa distintas capas del poder libertario.
Y en política, muchas veces, las percepciones importan tanto como los expedientes. Sobre todo cuando los negocios involucrados son:
- energía,
- petróleo,
- infraestructura,
- transporte,
- agua,
- y exportaciones.
El problema de fondo: el capitalismo de amigos versión libertaria
Acá aparece la verdadera discusión de fondo. No se trata de demonizar empresarios exitosos ni de cuestionar que sectores privados inviertan en activos estratégicos. El problema empieza cuando la frontera entre cercanía política y expansión económica se vuelve demasiado difusa.
Durante años, el mileísmo construyó buena parte de su identidad denunciando:
- empresarios prebendarios,
- contratistas del Estado,
- licitaciones direccionadas,
- y el famoso “capitalismo de amigos”.
Por eso la situación resulta especialmente sensible para el propio Gobierno. Porque la crítica no proviene solamente de la oposición tradicional. Empieza a surgir también desde sectores liberales, empresarios y votantes que acompañaron a Milei justamente para terminar con esas prácticas. La pregunta ya no es ideológica. Es institucional.
¿La nueva Argentina libertaria está construyendo reglas más transparentes o simplemente un nuevo círculo de empresarios cercanos al poder?
La verdadera incógnita ya no es si los Neuss son empresarios capaces. La pregunta es otra: si habrían llegado tan lejos, tan rápido y a sectores tan sensibles sin el ecosistema político construido alrededor del nuevo poder libertario.
La Hidrovía puede transformarse en el caso testigo de esa discusión. Porque no se trata solamente de dragado, peajes o puertos. Se trata de confianza.
Y los gobiernos que llegaron prometiendo destruir privilegios suelen enfrentar sus crisis más peligrosas cuando la sociedad empieza a sospechar que los privilegios no desaparecieron: apenas cambiaron de dueño.
