Van der Kooy: “Fuego amigo y violencia creciente”

El escándalo sobre Manuel Adorni que el gobierno libertario no consigue coagular ha provocado un salto cualitativo en el sistema de poder de los hermanos Milei. Existió siempre entre ellos una concentración de las decisiones. Pero estaban abiertos a escuchar selectivamente otros puntos de vista. El Presidente y la secretaria general, su hermana, parecieron acentuar la cerrazón desde que en el equipo de ministros surgieron voces disonantes por el modo en que se administra el conflicto con el jefe de Gabinete. La palabra de Patricia Bullrich resultó en ese sentido la más sonora, pero no fue la única.

Karina ha profundizado todos los mecanismos de resguardo para su hermano. En parte, porque no desearía que se divulgue el mal talante que envuelve en este tiempo al mandatario. Fue suficiente la explosión de ira que exhibió en la reunión de Gabinete de la semana anterior. Los hermanos comparten la idea de que el poder, para ser tal, debe ser temido. El mensaje de ambos al ecosistema libertario afloraría nítido: el que no se encuadra, sobra.

Los hermanos empezaron a tomar conciencia de que el escándalo Adorni no se extinguirá cuando el portavoz logre redondear una declaración jurada que se continúa demorando. Hace dos semanas el Presidente aseguró que la presentación sería inminente. Pero continúa existiendo un desacople entre los ingresos y herencias que puede mostrar el funcionario con los gastos al contado, siempre en dólares, que realizó estando en la actividad gubernamental. El ingenio de los contadores en ese terreno suele poderlo todo.

El problema tiene, sin embargo, un costado judicial. El juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita impulsan una investigación por presunto enriquecimiento ilícito. Aunque la declaración patrimonial resulte bien confeccionada, a la Justicia le interesará conocer de dónde Adorni obtuvo los fondos cotejados con los ingresos derivados de la función pública. El fiscal lleva adelante una contabilidad que desnuda un pecado capital del jefe de Gabinete: el 90% de su patrimonio fue amasado desde que entró a la Casa Rosada. Exactamente lo opuesto a lo que manifestó en su primera defensa pública. Pollicita continúa descubriendo gastos ocultos del portavoz.

Esa realidad es la que pudo haber despertado en el equipo de ministros la animosidad que se advierte contra Adorni. “Nos pone a todos como sospechosos”, se quejó un funcionario con rango de secretario ministerial. Luis Caputo, el ministro de Economía, se resistió a acompañarlo a un viaje a Mendoza. Era en el Parque El Quemado. Retornan los rumores sobre pagos extra a los sueldos establecidos. Tal vez con fondos reservados. Un grupo de diputados opositores presentó denuncias sobre un supuesto esquema de triangulación financiera y el uso de activos digitales para eludir controles fiscales.

De todos modos, el comportamiento opositor frente al escándalo de Adorni se destaca por su cautela. Ni siquiera se notó demasiado esfuerzo para promover una interpelación en Diputados. Habría dos razones. La oposición principal, el kirchnerismo, carece de crédito público para referir a asuntos de corrupción. Los segmentos restantes especulan con una cosa: cuanto más se prolongue el conflicto, mayor resultará el desgaste libertario y el mal humor social cuyo origen radica, sobre todo, en la mala situación de la economía del bolsillo.

La combinación del escándalo Adorni con el encapsulamiento de los hermanos Milei produce varios fenómenos. Una paralización virtual de la gestión excepto aquella que incumbe a “Toto” Caputo para sostener el superávit fiscal. El Poder Ejecutivo, por ejemplo, no envió ninguno de los paquetes de reformas que Milei anunció al inaugurar las sesiones ordinarias de marzo. La anulación de las PASO y el proyecto de Ficha Limpia constituyen una excepción fuera del contexto dominante.

Esa iniciativa incluso acicateó la brecha que existe entre Karina y Bullrich. El Jefe insiste con buscar el fin de las PASO que no cuenta ahora con los votos en el Senado. Menos aún, que se sepa, en Diputados. Ha sido una herramienta muy eficaz casi siempre para las organizaciones de oposición. Hasta el PRO está renuente en ese caso a acompañar al oficialismo.

Bullrich explicó de mil modos a Karina el cuadro que enfrenta en la Cámara alta. Solo podría salvarse Ficha Limpia que el Gobierno introdujo en el mismo proyecto con el fin de atraer a la oposición. La senadora repite que es en vano y suma enojo dentro de la cápsula de los hermanos. Tiene una ventaja comparativa en esta coyuntura crítica. Es la dirigente nacional que exhibe mejor imagen.

Las encuestas de opinión pública son en ese aspecto coincidentes. De acuerdo con Managment & FiT aparece primera en la valoración con 30,5% de imagen favorable. Después se observa a Milei con 29,8% y Karina con 13,4%. La ponderación de todos los relevados registra un mayor índice de rechazo que de aprobación. Pero en ese magro universo, contando oficialistas y opositores, la senadora hace punta.

La preocupación de Bullrich por el escándalo Adorni tiene algunos fundamentos precisos. Un trabajo de ARESCO discrimina que del 39% de respaldo que conserva el Presidente el 25% corresponde al núcleo duro e inclaudicable. Hay un 14% que plantea algunos cuestionamientos sin abandonar aún al oficialismo. Serían votantes del PRO que urge retener a la senadora.

En ese contexto Mauricio Macri emitió un comunicado en nombre del PRO con el cual defendió el rumbo, pero llamó “a no apoyar las cosas que están mal”. Lo dijo por el caso Adorni. Incluyó el proyecto de eliminación de las PASO para que sus legisladores lo boicoteen. No se vislumbra el horizonte de que el ingeniero esté cavilando una ruptura con los libertarios. Tampoco está seguro sobre las condiciones en que llegará Milei en 2027.

Aquellos índices de opinión pública serían un blindaje para que Bullrich permanezca a salvo en la revuelta geografía libertaria. Y no vacile en decir públicamente cosas que desagradan a los hermanos Milei. Una de ellas fue haber hablado de la “emocionalidad importante” del Presidente. Una metáfora sobre sus descontroles. La senadora supo tolerar tropiezos sin chistar. Karina le había prometido en su momento un lugar en el Ministerio de Defensa para Diego Valenzuela, el ex intendente de Tres de Febrero. Nunca ocurrió.

La secretaria general mantiene un vínculo de muchísima tensión con Bullrich. Lo mismo que sucede con Adorni y Martín y Eduardo “Lule” Menem. La vida propia interna que consiguió la senadora despierta suspicacias sobre su ambición electoral. Karina no ha tenido más remedio, con la caída del portavoz, que colocarla en la agenda para la Ciudad. La jefa del bloque libertario del Senado no descarta otras alternativas. Acompañar a Milei en la posible reelección. Reemplazarlo, incluso, si el año que viene el Presidente no emerge competitivo.

Ese paisaje oficialista forzó a “Toto” Caputo a reponer en la narrativa libertaria la advertencia sobre el riesgo kirchnerista (kuka) que había desestimado dos veces los últimos días. El ministro maldice por el “estorbo Adorni”. No se le pasan por alto otras fricciones de mayor intensidad política. La relación de Karina con Santiago Caputo, el rey de las comunicaciones, está empantanada en el constante desacuerdo.

El interventor en la Agencia Nacional de Discapacidad, Alejandro Vilches, dejó trascender los enormes sobreprecios que se habrían pagado en el organismo por logística y medicamentos en 2025. En agosto de ese año se conocieron los audios que hablaban del cobro de supuestas coimas por parte de Karina. El titular de la ANDIS, Diego Spagnuolo debió renunciar. Afronta una causa judicial. La mano de Caputo Juniors habría estado detrás de esa maniobra.

Casi de inmediato Karina decidió colocar a Sebastián Pareja, su mano derecha en el armado político, a cargo de la Comisión de Seguimiento de los organismos de Inteligencia en Diputados. Una intervención virtual contra la órbita del menor de los Caputo. Devolución de gentilezas.

El peligroso ciclo del Gobierno en el cual la mayor parte de los problemas se gestan y reproducen en el mismo riñón del poder impactan sobre una economía de baja intensidad social y una macro cuya estabilización resulta aún precaria. “Toto” Caputo lo tiene presente pero solo puede insinuarlo delante de Milei. El fenómeno ha comenzado a inquietar en el exterior. También, el perpetuo monólogo presidencial dedicado a desparramar violencia verbal. En especial contra periodistas y empresarios. Ya no parecería buscarse con esa metodología solo la adhesión incondicional de los propios. El objetivo central sería la aniquilación simbólica de cualquier disidencia.

El 2,6% de inflación en abril, una nítida caída respecto del 3,4% de marzo, significó un alivio para el Gobierno cuya celebración resulta siempre desmesurada. No debe olvidarse que para lograr el objetivo la conducción económica recurrió a recetas ajenas a los manuales libertarios. El control del precio del combustible y las tarifas de servicios.

“Toto” Caputo entiende que le aguarda otro desafío. La baja de la inflación la sustenta el Gobierno en base al mantenimiento del superávit fiscal. Eso obliga a una contracción cada vez mayor del gasto público que ahora afecta a la salud y la educación. Reflejadas en la crisis de prestaciones del PAMI y las protestas en las universidades.

Ese asoma como uno de los riesgos para el Gobierno en las puertas del año electoral. Tiene la ventaja de que en el segmento opositor sigue en exposición un desierto. En la medida en que el Presidente no repunte, de todos modos, alguna alternativa irrumpirá.

Tal realidad insoslayable, que Caputo Juniors escuchó en Washington, es la que fomenta en el establishment un razonamiento que se expande. Importa el camino elegido, no tanto la mano que lo guía.

 

Eduardo Van der Kooy

Columnista diario Clarín