La adicción a las redes sociales se muestra como similar a la del tabaco. Una tendencia refleja como la caída en su consumo se respalda por políticas, evidencia científica sobre las consecuencias de su abuso y la presión de pares, pero persiste en sectores sociales más pobres.
Una investigadora consultada por el Financial Times, Sarah O’Connor, advirtió que “los productos adictivos pueden sobrevivir mucho tiempo después de ser mayoritarios”. A su vez, afirmó que si son adictivos, pueden convertirse no solo en un espejo de la desigualdad social, sino en un amplificador de estas.
El consumo del tabaco cayó a un 13% en Reino Unido en 2020, expuso la investigadora, pero la prevalencia del tabaco quedó anclada en los sectores sociales más pobres. “Romper con los hábitos más adictivos es más difícil si tienes menos acceso a la Educación, pares que te acompañen y servicios de salud”, afirmó.

O’Connor manifestó que las redes sociales seguirán un curso similar: “El impulso por una ‘infancia sin teléfonos inteligentes’ y los límites de pantalla el liderado principalmente por padres de clase media”, argumentó.
Asimismo, la investigadora dijo que “existe cierta evidencia de que los jóvenes de entornos menos acomodados son más propensos a sufrir experiencias negativas en redes sociales“.
Una diferencia que ve es el estadio en el que se encuentra el consumo de cada producto: el consumo de redes sociales es mayor en proporción al del cigarrillo, y tiene pre-eminencia en varios sectores además de los socioeconómicamente bajos.
Sarah O ‘ Connor dijo que la imitación es clave y que el consumo de redes sociales que hacen los padres, incluso aquellos posicionados a favor de que sus hijos disminuyan el contacto con las pantallas, sigue siendo importante.
